Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Bibliotecario

Bibliotecas y derechos de autor: una aproximación crítica

Conferencias en Ecuador 2018


 

[Contenidos de la conferencia "Bibliotecas y derechos de autor: una aproximación crítica", desarrollada en Ambato (Ecuador) el 25 de octubre de 2018, en el marco del XX Congreso Ecuatoriano de Bibliotecarios, organizado por ANABE].

 

El mundo —o, a decir verdad, una parte de él— vive en la llamada "Sociedad del Conocimiento". Un conocimiento que compone el principal patrimonio de todos los seres humanos y que, de ser accesible (y siempre debería serlo), permite, entre otras cosas, que los ciudadanos tomen conciencia de sus posibilidades, se empoderen y crezcan personal y profesionalmente, y que las sociedades a las que pertenecen se desarrollen de manera equilibrada, creativa, innovadora, sostenible y democrática. Gracias al conocimiento una persona puede hacerse con las riendas de su vida, tomar decisiones informadas, y transitar los caminos del mundo con conciencia y libertad.

Las bibliotecas son el núcleo principal de organización de todo tipo de recursos relacionados con el conocimiento y la información. Sean del tamaño que sean, estén donde estén y se llamen como se llamen, todas ellas trabajan para asegurar que esos recursos estén disponibles para todos, de forma libre, hoy y en el futuro. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han facilitado enormemente la labor bibliotecaria y han ampliado muchísimo sus posibilidades, tanto en términos de preservación como de distribución de saberes.

El camino transitado por las bibliotecas no ha estado exentos de trabas: al fin y al cabo, la información es poder —el poder de cambio, de solución de problemas, de crecimiento, de independencia, de autonomía— y eso es algo que muchos han querido controlar, por un motivo u otro. Asimismo, el conocimiento se ha convertido en un bien de consumo —uno muy apreciado, precisamente por su poder— que se compra, se vende, y se ve regulado por complejas herramientas legales. Herramientas que en algunos casos se han convertido en barreras, y han planteado desafíos a la circulación y al uso del saber.

Una de tales herramientas es el derecho de autor, o copyright.

El derecho de autor proporciona a todos los creadores una protección legal, garantizándoles derechos exclusivos sobre la producción y el uso de su obra por parte de terceros, por ejemplo la realización de copias, la interpretación pública o la traducción. Asimismo, se ocupa de garantizarles derechos morales, como el reconocimiento de su autoría, o la posibilidad de oponerse o cuestionar cambios no autorizados. El propósito final de esta herramienta legislativa es asegurar a los creadores una compensación por su labor, sobre todo económica. Se trata de una forma de incentivar la creatividad y la innovación. O al menos lo era al principio, allá por 1710, cuando apareció en Inglaterra el Estatuto de la Reina Ana.

Para ser cubierto por el derecho de autor, un trabajo debe ser original y quedar "fijado" en algún soporte físico. Al tratarse de un derecho de índole económica, es transferible (es decir, el autor puede cederlo a un tercero, p.ej. un editor, a cambio de una retribución) y es susceptible de ser heredado.

Aquellos trabajos que no están protegidos por el copyright pertenecen al llamado dominio público, una esfera en donde reside buena parte de la cultura tradicional y popular de la humanidad, y que no se encuentra sujeta a ningún tipo de regulación: no pertenece a nadie y, por ende, pertenece a todos por igual, pudiendo ser utilizada y disfrutada de forma libre. Allí, al dominio público, van a parar las obras que ya no están protegidas por el derecho de autor. Pues el copyright no es eterno, sino que está limitado en el tiempo. Generalmente dura la vida del creador y algunos años más: un mínimo de 50, de acuerdo a la Convención de Berna de 1886 y al TRIPS de 1995, aunque en algunos países han ampliado ese plazo hasta 70 años.

Además de tener una "fecha de caducidad", el copyright está sometido a ciertas flexibilizaciones, conocidas como "limitaciones y excepciones", que han sido implementadas para garantizar el acceso y promover el uso de las obras. Su objetivo es poner coto a los derechos de los creadores, de forma que exista un equilibrio entre el incentivo a los autores y el uso de los trabajos por terceros, incluyendo estudiantes, investigadores e incluso otros productores de saber.

Las limitaciones y excepciones son esenciales para que el sistema de copyright funcione de manera justa. Sin ellas, los creadores o aquellos que detentan el derecho de autor tendrían un monopolio absoluto sobre el uso de los contenidos, algo que resultaría terriblemente problemático, en especial para las bibliotecas.

Existen tres grandes categorías de limitaciones y excepciones: las que salvaguardan derechos fundamentales (garantizando p.ej. el acceso a discursos públicos, el derecho de cita, el reporte de acontecimientos actuales, el derecho a la parodia, las reproducciones para uso privado no comercial...); las que recogen un interés comercial (garantizando p.ej. reviews de libros y artículos...); y las que permiten la diseminación de información para la sociedad en general (garantizando, p.ej., el trabajo de las bibliotecas, las actividades educativas y de investigación, el acceso a la información por parte de discapacitados, etc.).

A estos tres grupos se suma una provisión genérica implementada en algunos países, conocida como fair use o fair dealing. El fair use es válido en Estados Unidos y aquellos países que han copiado su legislación sobre derechos de autor, en tanto que el fair dealing rige en la Commonwealth (Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda...). En el fair use, si el uso es fair ("justo") está permitido; la definición de fair varía, y en la práctica, es flexible y solo puede ser determinada con precisión por un tribunal. En general, fair implica un uso no comercial, en especial de trabajos poco o difícilmente accesibles o que generen mucho interés, utilizando porciones no demasiado significativas, y que no implique una merma en las compras del original. Bajo el fair use, las bibliotecas y sus usuarios pueden citar trabajos para investigación, copiar secciones de texto para usos educativos, realizar minería de texto y de datos, y digitalizar documentos en riesgo para preservarlos o para aumentar su accesibilidad por parte de usuarios discapacitados.

Por su parte, en el fair dealing también queda en el aire qué se entiende por fair. En general se apoyan usos no comerciales, nuevos o transformadores, que utilicen secciones de longitud poco significativa, que no desanimen a la gente a comprar el original, y que no tengan opciones o alternativas. Bajo el fair dealing, la bibliotecas y sus usuarios pueden copiar cierta cantidad de un documento (p.ej. un artículo de una revista o el 10% de un libro), reproducir fragmentos para uso educativo (solo el 10% o menos de un trabajo, y solo un capítulo de un libro), realizar minería de datos y de texto pero solo para investigación, y digitalizar documentos en riesgo o para facilitar el acceso a discapacitados. Es más concreto al definir lo que entiende por fair, y por ende, mucho menos flexible que el fair use.

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Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 23.10.2018.

Foto: Copyright. En wur.nl (enlace).

El texto corresponde a la conferencia "Bibliotecas y derechos de autor: una aproximación crítica", de Edgardo Civallero, almacenada en Acta Académica y en Issuu.

 



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