Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Bibliotecario

Servicios bibliotecarios y pueblos originarios

Conferencias en Colombia 2018


 

[Contenidos de la conferencia "Servicios bibliotecarios y pueblos originarios: revisando conceptos, cosechando experiencias", desarrollada en Bogotá el 20 de septiembre de 2018, en el marco del Encuentro Nacional de Bibliotecarios de Resguados Indígenas, parte del VI Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas de Colombia].

 

Al noreste de Argentina se extienden unas tierras ásperas, boscosas, cruzadas por ríos y por boas, que reciben un nombre de origen quechua: Chaco. Fue recién durante mi tercera estancia allí, en el Chaco, hace más de dos décadas, cuando conocí al hombre que guardaba varias bibliotecas en su cabeza. Un hombre de una sociedad originaria llamada Qom, o "toba", que cada noche revivía un capítulo de la memoria de su pueblo para todo aquel que quisiera escucharlo. Que, generalmente, no eran más que el viento y la oscuridad.

Por aquel entonces conocí a mucha otra gente digna de admiración y de asombro: a la mujer que desafiaba a la vida cargando a la espalda una enorme familia, a la anciana que conversaba con los espíritus de los árboles, y al niño que convertía bolsas de residuos en barriletes y a los barriletes en pájaros. Maravillas humanas, cotidianas. Pero aquel hombre en particular quedó para siempre en mi recuerdo porque fue el artífice de lo que he sido desde entonces. Fue frente a él donde comenzó, sin yo siquiera saberlo, mi carrera como bibliotecario.

Durante mis dos primeras estancias en el Chaco no tuve demasiadas oportunidades para interactuar con el pueblo Qom, los habitantes originarios de aquella región. La vida me había llevado a aquel lugar por motivos que distaban años-luz de cualquier interés académico. Aun así, sabía que allí estaban: en barriadas embarradas a las afueras de la ciudad, donde pudieran ser fácilmente ocultados y olvidados. Ellos trabajaban como albañiles, basureros, jardineros y peones; ellas, como limpiadoras; todos mendigaban, revolvían la basura, e intentaban sobrevivir en los bordes de una sociedad que de ninguna manera les iba a abrir las puertas.

De ellos supe poco. Del asco que los demás sentían hacia ellos, de la incomprensión, los estereotipos, el odio y las barreras, lamentablemente, aprendí demasiado. Eran sucios, olían raro, eran brutos, tenían demasiados hijos a los que terminaban matando de hambre, eran borrachos y viciosos. Había una leyenda urbana ―que recuerdo haber escuchado una noche, con varias cervezas de por medio― que los transformaba en asesinos sanguinarios y vengativos. Y eran brujos, un delito terrible en una zona en la que se teme más a la imaginaria brujería que a una muy real epidemia de dengue.

Los Qom, por su parte, tenían razones de más para desconfiar de los daqshé, los "blancos". No eran de gastar mucha charla con ellos ―y yo estaba incluido en ese "ellos"―, ni de contar su vida, ni de dar explicaciones. De modo que, durante algún tiempo, solo pude ir sumando, una tras otra, las miradas de los de afuera, de los que habían ido llegando a esa región habitada originariamente por los Qom. La historia de un conductor de "taxi colectivo", por ejemplo, que me comentó, en uno de esos largos trayectos a través de la planicie chaqueña, que unos "tobas" a los que había llevado hasta el pueblo de Quitilipi le habían pedido que se detuviera al costado de la ruta para recoger las piedras del ripio, un elemento que no se ve muy a menudo en el monte chaqueño, y que los Qom consideraban mágicas. O la de un amigo aficionado a la caza, que me convidó a mi primer y único guiso hecho de armadillo mientras me comentaba que los "indios" sabían dónde buscar la miel de las abejas y avispas del monte: una miel con un gusto único...

Frase tras frase, fragmento tras fragmento, fui componiendo una imagen mental que tenía un poco de realismo mágico, y un mucho de ese exotismo que parece estar en todas partes en Chaco. Y, sobre todo, y a pesar de mi juventud y mi inexperiencia, fui dándome cuenta de las muchas heridas abiertas y de otras tantas mal cerradas, de las agresiones cotidianas, de las presiones oficiales, del olvido y el silencio, de la terrible discriminación, de la negación cultural, de los abusos y los maltratos, y de los muchos prejuicios, estereotipos y preconceptos presentes en la sociedad argentina. Incluyendo el montón que había dentro de mi propia cabeza.

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Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 25.09.2018.

Foto: Parte de la exposición "The way we are now", de Piers Calvert. En Democractic Underground (enlace).

El texto corresponde a la conferencia "Servicios bibliotecarios y pueblos originarios: revisando conceptos, cosechando experiencias", de Edgardo Civallero, almacenada en Acta Académica y en Issuu.

 



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