Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Bibliotecario

Un bibliotecario en las Galápagos

ALA International Leads


 

[Este texto forma parte de una columna bilingüe escrita para International Leads, la publicación oficial de la IRRT (International Relations Round Table) de la ALA, en mayo de 2018].

 

Las islas Galápagos, a 1000 km de la costa ecuatoriana, en pleno Pacífico oriental, han sido llamadas "las islas encantadas". Los españoles que las descubrieron por azar en el siglo XVI creían que estaban embrujadas, tan difícil era dar con ellas y ponerlas sobre el mapa; los naturalistas que dos siglos después las visitaron encontraron que los encantos de aquel puñado de islas e islotes volcánicos eran de una naturaleza bien distinta.

Refugio de corsarios y balleneros, lugar de aventuras y desventuras para náufragos, colonos y robinsones, las Galápagos son el hogar de un bioma único, que permitió a Charles Darwin construir su teoría de la evolución, y a muchos otros investigadores comprender como se desarrolla la vida en enclaves aislados. Se vieron seriamente amenazadas debido a las especies invasoras y a la presión humana, hasta que en 1959 el gobierno ecuatoriano creó un parque nacional para proteger el archipiélago y sus aguas adyacentes. Ese mismo año se creó la Fundación Charles Darwin, una ONG que estableció su base de operaciones en isla Santa Cruz, en Bahía Academia, cerca de Puerto Ayora. Ahí se levanta desde 1964 la Estación Científica Charles Darwin.

Y desde 1979, en esa Estación funciona la biblioteca G. T. Corley Smith, la unidad de información activa más importante de las islas, de la cual soy, en la actualidad, el coordinador.

La biblioteca se encuentra en las instalaciones de la Estación Científica, a medio centenar de metros del mar, rodeada de un matorral salado entre el cual chirrían los famosos pinzones de Darwin y silban los sinsontes, y bajo el cual deambulan las igualmente célebres iguanas marinas (en este momento en época de nidificación). Antes de asumir este puesto alguien me advirtió que en la Estación la fauna silvestre convive estrechamente con los investigadores y trabajadores, y no me engañó: uno puede estar tomándose un café con un pinzón sobre la mesa, al alcance de la mano, o puede acercarse a la playa durante un descanso esquivando cuidadosamente enormes iguanas de metro y medio de largo. Y, por supuesto, también puede acercarse al centro de recuperación de tortugas gigantes y quedarse extasiado con los enormes reptiles que dieron el nombre a estas islas: animales descomunales y hermosos, y sus pequeños, criados en cautividad para ir repoblando las diferentes islas.

El trabajo de la biblioteca es, por un lado, el de proteger un archivo y una colección patrimonial que componen la memoria institucional de la Estación, parte a su vez de la memoria histórica de estas islas. Por el otro, consiste en organizar toda la producción científica disponible sobre las Galápagos, junto a la producida desde la propia Estación: siendo este un ecosistema relativamente pequeño, organizar todo lo que se ha escrito sobre el mismo es relativamente factible. Por último, busca apoyar el trabajo de investigación de los científicos residentes y visitantes, que va desde la gestión de los recursos pesqueros y la conservación de especies amenazadas al manejo de especies invasivas, el monitoreo de poblaciones y la investigación genética.

El perfil de la biblioteca es complejo: combina el de una institución especializada, que apoya investigaciones únicas, con el de una unidad emplazada en un lugar aislado y con recursos variables.

El desafío a futuro es lograr que la biblioteca se asome al mundo virtual —el servicio de conexión a Internet en las islas es terriblemente lento e inestable—, que pueda combinar sus contenidos con otros muchos producidos por la Fundación Charles Darwin —las colecciones biológicas digitalizadas, por ejemplo, o los miles de datos de investigación— y, sobre todo, que salga de los muros de la Estación Científica y se conecte de manera más proactiva e integral con la población local: una población creciente que enfrenta numerosos desafíos y problemas en el futuro cercano y necesita, por ende, de información sobre conservación, recursos y sostenibilidad.

La biblioteca Corley Smith fue la primera en proporcionar servicios de información en las islas, y ha apoyado buena parte de la producción intelectual salida de la Estación Científica Charles Darwin. Debe, a partir de ahora, responder a nuevas realidades (el mundo digital, la referencia virtual, las bases de datos), a nuevos retos (conectar saberes y personas para frenar el deterioro ecológico) y a nuevos escenarios (cambio climático, pérdida de biodiversidad...). Y lo hará como lo ha hecho siempre: paso a paso, lentamente y con determinación. Como lo hacen las enormes y resistentes tortugas gigantes.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 19.06.2018.

Foto: Cartel de entrada a la biblioteca Corley Smith, en la Estación Científica Charles Darwin, por Edgardo Civallero.

El texto corresponde a parte de la columna "A librarian in Galapagos / Un bibliotecario en Galápagos", escrita para la IRRT del ALA.

 


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