Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Palabras ancladas 09

Los jeroglíficos andinos

Palabras ancladas (IX)


 

[Una versión resumida de este texto fue publicada como "Eslabón 09" de la columna bimestral del autor titulada "Palabras ancladas", incluida en la revista Fuentes. Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia (vol. 11, nº 52, septiembre-octubre de 2017). Las entradas de esa columna serán compartidas en este blog, en la sección correspondiente].

 

En su famoso Argentina indígena (1967), el investigador argentino Ibarra Grasso señaló:

 

Cuando en 1940 fuimos a Bolivia, ya con algunos datos sobre la existencia, a orillas del Titicaca de una escritura jeroglífica, no fue difícil encontrarla en pleno uso por miles de indígenas y con formas que nadie había visto antes. Conseguimos textos escritos en papel, en cuero, en arcilla y en piedra. La traducción de los signos no ofreció ninguna dificultad, pues los mismos indígenas que vendieron los textos nos leyeron los escritos.

 

La codificación de ideas mediante pictografías fue habitual entre los pueblos indígenas de la América prehispánica, y no solo entre civilizaciones nucleares como los Mexica, los Mixteca o los Zapoteca. Así, al menos, se desprende de trabajos ya clásicos como Picture-writing of the American Indians, de Garrick Mallery.

Tras la llegada de los conquistadores europeos, tales sistemas y códigos fueron aprovechados por algunos misioneros católicos para la enseñanza de oraciones y otros contenidos religiosos. Buena prueba de esa utilización fueron los célebres "catecismos testerianos", empleados en el área central del actual México.

Las tierras altas sudamericanas no fueron ajenas a estos procesos. Las distintas culturas prehispánicas andinas emplearon diversos métodos gráficos para representar sus conocimientos: desde paneles pintados con historias y genealogías hasta el uso de dibujos en cerámicas, textiles, murales, calabazas o porotos pallares. Entre los más tempranos testimonios de codificación de saberes en la cordillera de los Andes se encuentra el incluido por Fernando Montesinos en su Ophyr de España (Memorias antiguas, historiales y políticas del Perú, ca. 1570); aunque tachado de imaginativo y hasta fantasioso, el andaluz señaló la existencia de una forma de escritura pictográfica en tierras peruanas.

 

Dicen los amautas que sabían las cosas de estos tiempos por tradiciones de los antiquísimos, comunicadas de mano en mano, que cuando este príncipe [Sinchi Cozque] reinaba, había letras y hombres doctos en ellas, que llaman amautas, y estos enseñaban a leer y escribir; la principal ciencia era la astrología; a lo que he podido alcanzar, escribían en hojas de plátanos; secábanlas y luego escribían en ellas [...] Y en Chile, cuando a D. Alonso de Arcila [Ercilla] le faltó papel para su Araucana y un indio le suplió la necesidad con hojas de plátano, y en ellas escribió muy grandes pedazos, como dice el padre Acosta. También escribían en piedras: hallose un español en los edificios de Quínoa, tres leguas de Guamanga, una piedra con unos caracteres que no hubo persona que los entendiese; y pensando que allí estaba la memoria de la guaca escrita, guardó la piedra para mejor entendida.

 

Al mismo tiempo, algunas de esas sociedades usaron métodos mnemotécnicos para plasmar y transmitir información. Entre ellos, probablemente los más conocidos sean los quipus (del quechua khipu, "nudo"), manojos de cordones y nudos que permitían almacenar y recuperar distintos tipos de datos. Sin embargo, no eran los únicos. El jesuita Joseph de Acosta se refirió al empleo de piedrecillas para recordar las oraciones cristianas (Historia natural y moral de las Indias, 1590).

 

Fuera de estos quipos de hilo, tienen otros de pedrezuelas, por donde puntualmente aprenden las palabras que quieren tomar de memoria, y es cosa de ver a viejos ya caducos con una rueda hecha de pedrezuelas aprender el Padrenuestro, y con otra el Avemaría, y con otra el Credo, y saber cuál piedra es: que fue concebido de Espíritu Santo, y cuál: que padeció debajo del poder de Poncio Pilato, y no hay más que verlos enmendar cuando yerran, y toda la enmienda consiste en mirar sus pedrezuelas, que a mí, para hacerme olvidar cuanto sé de coro, me bastará una rueda de aquellas.

 

Habría que esperar casi tres siglos para volver a tener noticias de estos sistemas de "escritura" y de estas técnicas de "ayuda-memoria" en tierras andinas.

Hacia 1860, durante uno de sus viajes, el naturalista suizo Johann J. von Tschudi vio un cuero escrito con pictogramas (que él llamó "jeroglíficos") en un museo de La Paz (Bolivia). Durante su estancia en un monasterio en Copacabana, localidad boliviana a orillas del lago Titicaca, su contacto allí, el Padre Areche, le informó que aquella de pintar signos era una tradición local, y le mostró un cuero similar al de La Paz, pero de factura moderna, en manos de una niña. Así lo narra en el tomo V de sus Reisen durch Südamerika (1869 : 314-315):

 

A pedido del Padre Areche, la niña leyó los jeroglíficos con facilidad en lengua aymara. ¡Contenían el Catecismo Breve! Areche me explicó entonces lo siguiente. Un viejo indio de Sampaya, celoso católico, sin el más mínimo conocimiento de lectura y escritura, había inventado ciertos caracteres simbólicos y pintado con ellos el catecismo en pieles o en papel. Para su escritura utilizó una varilla redonda y el jugo de una planta que me encontré muy a menudo cerca de Copacahuana y Yunguyo. Es una nueva Solanum y fue bautizada, después de que yo le proporcionase ejemplares al Prof. Fenzl, como Solanum atramentarium.

 

Se trataba de una tradición que los sacerdotes habían conocido hacía relativamente poco tiempo, pero que al parecer llevaba muchos años en práctica. Lamentablemente, para aquel entonces, una reciente epidemia de tifus había acabado con la vida de todos los escribientes menos uno: Juan de Dios Apasa, el padre de la niña mencionada por von Tschudi. Este vivía relativamente cerca de Copacabana: en la aldea de Sampaya, ubicada en la península vecina a las islas del Sol y de la Luna, sobre el lago Titicaca. Areche no conocía a nadie más con esas destrezas. Von Tschudi trató personalmente a Apasa, a quien describió como "feo, pero inteligente". En su libro, el suizo señaló que aquel hombre ocupaba las horas no dedicadas a la agricultura a preparar catecismos; que ya no escribía en cuero, sino en papel; que era analfabeto; y que utilizaba esos pictogramas con el único objetivo de enseñar la doctrina cristiana. También indicó que los caracteres se leían de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, en bustrofedon; que eran representaciones puramente pictográficas; que, dado que el estilo era un poco crudo, los dibujos no se hubieran entendido por sí solos, sin explicaciones; que solo se habían usado para textos religiosos; y que si hubieran tenido que escribir otras cosas tendrían que haber creado tantos signos que un inventario de los mismos hubiera sido imposible. A partir de los datos anteriores, el autor concluyó que se trataba de un sistema mnemotécnico, dado que la gente aprendía el catecismo de memoria, y solo usaba las figuras para recordar las oraciones. Von Tschudi terminó comprando el cuero de Apasa gracias a la mediación de Areche: era un ejemplar más grande que el de La Paz (18,5 x 15 pulgadas) y contenía 6 líneas más de escritura (16 en total). Teóricamente, dicho cuero se encuentra en la actualidad en el Ethnologisches Museum de Berlín, Alemania (Catecismo Tschudi); existe otro muy similar, el Catecismo Novia, perteneciente a la colección privada de una familia bilbaína, Novia de Salcedo.

Poco después de las averiguaciones de von Tschudi, el explorador francés Charles Wiener publicó su crónica de viajes Peróu et Bolivie (1880), en la que manifestó haber encontrado muestras de escritura pictográfica en Sica Sica (Bolivia) y en Paucartambo (Perú). El ejemplar hallado en la primera localidad (que, según el autor, habría sido depositado después en un museo de La Paz) hablaba sobre la Pasión de Cristo; los dibujos habían sido trazados con un pincel de plumas sobre un tejido muy denso y fuerte, almidonado mediante una mezcla de goma y harina de mandioca; el tejido era marrón y los dibujos, rojo vivo. Por su parte, los pictogramas de Paucartambo (que supuestamente se hallarían en un museo en Cusco) habían sido realizados sobre papel holandés, en rojo y azul. Wiener incluyó reproducciones de ambas muestras en su libro (pp. 805-806); sin embargo, en aquel momento estaba concentrado en una teoría personal sobre diseños textiles andinos como forma de escritura, y no dio mayor importancia a los jeroglíficos.

En 1910 el geógrafo boliviano Manuel Vicente Ballivián encontró un cuero de oveja escrito en la Isla del Sol. Utilizando el método de Eduardo Seler para descifrar las escrituras mexicanas, el texto fue traducido y publicado por el intelectual boliviano Franz Tamayo en La Paz al año siguiente. Tamayo determinó que se trataba de la codificación, en lengua aymara, de los Mandamientos, las Obras de Misericordia y los Sacramentos.

La traducción de Tamayo pasó desapercibida para la Academia, aunque fue reproducida por el polifacético Arthur Posnansky en La Paz. Por otro lado, Posnansky escribió la Guía General Ilustrada para la Investigación de los Monumentos Pre-históricos de Tihuanacu e Islas del Sol y la Luna (1912), en la cual habló de "pictografías ideográficas"; una de ellas, muy mal conservada, estuvo en el Museo Nacional Tiahuanaco de La Paz. La Guía es una versión aumentada de un trabajo presentado en las Actas del IV Congreso Científico de Santiago de Chile (1908-1909); el capítulo agregado versa precisamente sobre la escritura de los pueblos del altiplano andino, un tema ya tratado por Ballivián con ocasión del XVII Congreso Internacional de Americanistas (Buenos Aires/México, 1910). Posnansky manifestó haber recogido, entre los indígenas del Titicaca, dos documentos fabricados por misioneros católicos poco después de la conquista para representar y enseñar ciertas partes del catecismo (como ocurrió en México a partir del siglo XVI). Sostuvo la hipótesis de que la escritura usada por esos religiosos era de origen precolombino, e intentó demostrarlo comparando los pictogramas modernos con un petroglifo que, al parecer, encontró en las ruinas de Chinkana ("El Laberinto"), en la Isla del Sol.

Se publicaron luego otros textos jeroglíficos desprovistos de traducciones, probablemente ignorando su verdadero valor; entre ellos estuvo el del historiador peruano Horacio H. Urteaga (1919). Nordenskiöld llegó a conocer esta forma de codificación gracias a von Tschudi, y le dedicó algunos párrafos en Picture Writings and Other Documents, reproduciendo el cuero publicado por aquel autor.

 

Estos indios también han inventado una escritura pictográfica en tiempos pos-colombinos. Se dice que fue compuesta por un indio de Sampaya, en el lago Titicaca. Esta escritura pictográfica fue usada para componer los Mandamientos, los Sacramentos, etc. Este indio no sabía leer ni escribir. No empleó nuestras letras o símbolos, sino puras pictografías que debe haber inventado totalmente por su cuenta. No puede pensarse que tuviese la idea al ver la escritura de los blancos y su uso. Esta genial invención parece haber existido en esa localidad por espacio de una o dos generaciones y luego fue olvidada (1979 : 107).

 

A mediados del siglo XIX (de acuerdo a las características físicas de los manuscritos, su estilo de escritura, y algunos rasgos de la indumentaria de los personajes representados) comenzaron a producirse catecismos completos en los Andes usando jeroglíficos, con resultados similares a los "catecismos testerianos" de América Central. Quizás el ejemplo más conocido sea el "Catecismo Huntigton", conservado en la Huntington Free Library (biblioteca privada del Bronx, Nueva York, EE.UU.). Se trata de un pequeño libro con 21 hojas de 16 x 11 cm cubiertas de pictografías en tinta. Además de los símbolos, hay glosas (en quechua, español y latín) que señalan cómo comienza cada oración. Se han identificado unos cuarenta de estos catecismos en colecciones públicas o privadas; Mitchell y Jaye (1996) proveen un listado completo de los mismos.

A mediados del siglo pasado, el argentino Dick Edgar Ibarra Grasso abordó el estudio de los "jeroglíficos andinos" de manera sistemática, realizando una concienzuda investigación sobre el terreno en Bolivia.

Ibarra Grasso obtuvo sus datos iniciales de manos de un valioso informante, Abel Antezana, un sacerdote que contaba entre sus pertenencias con un librillo de jeroglíficos producido en Quillacas, al sur del lago Poopó (departamento de Oruro), en donde habrían sido muy utilizados para aprender y recordar oraciones católicas. Para 1956 Ibarra Grasso había hallado textos tanto en comunidades quechuas (en San Lucas y Ocurí, departamento de Chuquisaca, y en Vitichi, Vichacla, Carma y Oroncota, departamento de Potosí) como aymaras (en Isla Cumana, Sampaya y Sica Sica, departamento de La Paz, y en Puqui, departamento de Oruro), codificando textos y oraciones católicas. En todos los casos los signos funcionaban...

 

...por representación directa ideográfica; por simbolismo, a veces artificial, atribuido al signo; y por el parecido del nombre de la cosa que se dibuja con la palabra que se desea representar, es decir, fonetismo de aproximación.

 

Los pictogramas estaban pintados sobre la cara interna de cueros de oveja o de cabra. Para trazarlos se utilizaron palillos y tintes vegetales (hechos, por ejemplo, a partir de la solanácea ñuñumaya y el cactus ayrampu) o anilinas comerciales. La dirección de la lectura era variada, aunque predominaba el bustrofedon comenzando desde abajo a la derecha. Los números se representaban mediante círculos, puntos o rayas. Los Quechua empleaban dos o más colores para sus representaciones, mientras que las de los Aymara solían ser monocromáticas; en ningún caso los colores tenían valor semántico. Aunque no era una técnica exclusivamente femenina, los cultores de esa tradición eran sobre todo mujeres.

En 1965 Ibarra Grasso se topó con un magnífico disco de arcilla conservado en el Museo Arqueológico de Oruro, con pedacitos de piedra, barro y hueso incrustados verticalmente en él. Allí aparecían codificados los Mandamientos y los Artículos de Fe. El ejemplar había sido descubierto en Puqui, cerca de Salinas de Garci Mendoza (departamento de Oruro). Tras arduas búsquedas, el argentino dio con otros ejemplos de esa técnica en la localidad de San Lucas (provincia de Cinti, departamento de Chuquisaca), en donde la tradición seguía vigente. Se trataba de discos de arcilla (cocida o no) sobre los que se pegaban dientes, palitos, huesos o piedras, aunque lo más habitual era que se replicaran en barro los signos que se dibujaban sobre los cueros y se colocaran verticalmente sobre el disco. De acuerdo a la muy gráfica descripción del propio Ibarra Grasso, el resultado final semejaba "una torta de cumpleaños con sus velitas". Las "oraciones" se leían siguiendo una espiral, de fuera adentro.

En la actualidad el INIAM-UMSS (Instituto de Investigaciones Antropológicas y Museo Arqueológico, Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba, Bolivia) cuenta con un proyecto de investigación denominado "Escrituras andinas: ayer y hoy", a través del cual se está analizando su colección museística de materiales "jeroglíficos" andinos, la más extensa de América: 62 piezas en papel, 39 en cuero, 2 discos de barro y uno de arcilla. También se están documentando las expresiones aún vigentes de esa forma de codificación de saberes, incluyendo los discos de arcilla cochabambinos. En los últimos años los investigadores involucrados en este proyecto han producido una bibliografía de referencia, que describe detalladamente todas esas piezas y los signos que contienen: entre tales trabajos cabe destacar los de Garcés (2014), INIAM (2014), Castro Molina (2015) y el editado por Garcés y Sánchez (2015).

"Como nosotros no sabemos escribir, lo hacemos como se puede", dijo Carmelo Méndez, de la Hacienda Cumana, en una de las islas del lago Titicaca, a Ibarra Grasso en una de las campañas de recolección de materiales del investigador argentino. Tal vez sea esta una de las mejores definiciones que se han dado sobre los "jeroglíficos" de los Andes.

 

Referencias

Acosta, Joseph de (1590). Historia natural y moral de las Indias. Sevilla: Imprenta de Juan de León.

Castro Molina, Paola Daniela (2015). Escritura Signográfica Andina: Los significados andinos y católicos de los signos signográficos consignados en la subcolección Osvaldo Sánchez Terrazas de cuero y papel del INIAM-UMSS y la colección privada de cueros de Walter Sánchez Canedo. [Tesis]. Cochabamba: Universidad Mayor de San Simón.

Garcés V, Fernando (s.f.). Rezar en San Lucas en 3D: ni colonial ni subalterno. [En línea].

Garcés V., Fernando (2014). Aprender otra(s) escritura(s) en los Andes: Una invitación a repensar la pedagogía desde la etnografía. Arqueoantropológicas, 4 (4), pp. 113-160.

Garcés V., Fernando; Sánchez C., Walter (eds.) (2015). Textualidades: Entre cajones, textiles, cueros, papeles y barro. Cochabamba: INIAM-UMSS.

Hartmann, Roswith (1989). Pictografías de tipo religioso-cristiano del área andina. Dos ejemplos. En Anderle, Adám (ed.). Iglesia, Religión y Sociedad en la Historia Latinoamericana, 1492-1945, t. II. Szeged: Universidad József Attila, pp. 169.188.

Ibarra Graso, Dick Edgar (1942). Una antigua escritura de la región andina. Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología, 3, pp. 219-239.

Ibarra Graso, Dick Edgar (1956). La escritura jeroglífica de los indios andinos. Cuadernos Americanos, 15, pp. 157-172.

Ibarra Grasso, Dick Edgar (1958). Lenguas indígenas americanas. Buenos Aires: Editorial Nova.

Ibarra Grasso, Dick Edgar (1967). Argentina indígena y prehistoria americana. Buenos Aires: Tipográfica Editora Argentina.

INIAM (2014). Escritura andina: Pictografía e ideografía en cuero y papel. Cochabamba: INIAM-UMSS.

Jaye, Barbara; Mitchel, William (ed.) (1999). Picturing Faith. A Facsimile Edition of the Pictographic Quechua Catechism in the Huntington Free Library. Nueva York: Huntington Free Library, pp. 5-13.

Mallery, Garrick (1894). Picture-writing of the American Indians. Washington: Government Printing Office.

Mitchel, William; Jaye, Barbara (1996). Pictographs in the Andes: The Huntington Free Library Quechua Catechism. Latin American Indian Literatures Journal, 12 (1), pp. 1-42.

Montesinos, Fernando (1570/1882). Memorias antiguas, historiales y políticas del Perú. Madrid: Imprenta de Miguel Ginesta.

Nordenskiöld, Erland (1928-1930/1979). Picture Writings and Other Documents. Nueva York: AMS Press.

Posnansky, Arthur (1910). Guía para el visitante de los monumentos prehistóricos de Tiahuanaco e islas del Sol y la Luna (Titicaca y Koaty). En Monumentos prehistóricos de Tiahuanacu. La Paz: Tall. Tip. Lit. de J. M. Gamarra.

Posnansky, Arthur (1912). Guía general ilustrada para la investigación de los monumentos prehistóricos de Tiahuanacu e islas del Sol y la Luna (Titicaca y Koaty) . La Paz: Hugo Heitmann.

Tamayo, Franz (1911). Un dermatograma Aymara. El Diario, 29 y 31 de agosto, 1 y 3 de septiembre.

Urteaga, Horacio (1919). El Perú. Bocetos históricos. Lima: E. Casa Editora E. Rosay.

Von Tschudi, J. J. (1869). Reisen durch Südamerika. Leipzig: F. A. Brockhaus.

Wiener, Charles (1880). Pérou et Bolivie: Récit de voyage. París: Librairie Hachette et Co.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 26.06.2018.

Foto: Texto sobre cuero. INIAM (2014).

El texto corresponde al artículo "Los jeroglíficos andinos", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu.

 


Etiquetas: ,


Las entradas publicadas en este blog pueden accederse a través del índice de entradas. También pueden consultarse las tablas de entradas organizadas por título de serie y por palabras-clave.

Las entradas pertenecientes a la serie de notas Conocimiento y biosfera pueden leerse aquí, junto a las de las series Apuntes críticos y Gotas de animación a la lectura. Asimismo pueden consultarse las distintas entradas de las columnas Palabras ancladas, Los muchos caminos, Palabras habitadas y Libros y lecturas indígenas.

Por último, las conferencias, los artículos académicos y otros trabajos similares pueden consultarse a través del listado completo de publicaciones, o bien revisando el archivo de Acta Académica (de acceso libre) o las plataformas Academia.edu, Issuu, Scribd y Calameo.