Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Un bibliotecario en las Galápagos 04

El mar que arrulla los manglares

Un bibliotecario en las Galápagos [04]


 

"Nadie se sorprenderá de encontrar ahí tantos restos de barcos luego de haber observado las corrientes contrarias que remolinean en casi todos los estrechos del archipiélago". [Herman Melville, en The Encantadas, 1856].

 

Se ha escrito mucho sobre las Galápagos. No solo se encuentran entre las ínsulas que más literatura científica han motivado: también han originado trabajos de ficción, libros de viajes, estupendos álbumes fotográficos, alguna que otra película... Mucho de lo primero y algo de lo último puede encontrarse en las estanterías de la biblioteca de la Estación Científica Darwin.

Probablemente por el hecho de ser islas, y porque el océano ha jugado y aún juega un rol esencial en su poblamiento ―por seres vivos humanos y no humanos― y en el desarrollo de sus ecosistemas, buena parte de esos textos tienen que ver con el mar. Un mar que aterroriza a algunos, con sus corrientes traicioneras y sus muchos tiburones, y que para otros es una fuente de trabajo (incluyendo a los pepineros, los pescadores furtivos de holoturias) o ese espacio que hay que atravesar en barco para ir de una isla a la otra.

Hay obras que en sus páginas abordan los muchos avatares marítimos que jalonan la historia humana en el archipiélago: relatos de exploradores, corsarios, balleneros, náufragos, colonos... Desde la carta de Berlanga avisando del descubrimiento de aquellos islotes malhadados hasta The Encantadas de Melville, las memorias de Theodor Wolf, los numerosos cuadernos de bitácora, o el famoso libro de Beebe (Galápagos: World's End) que a principios del siglo pasado despertó el interés por el archipiélago entre muchos potenciales robinsones de Europa y los EE.UU.

Y, por otro lado, hay trabajos que recogen y difunden las investigaciones académicas centradas en la riquísima vida marina y costera. Un verdadero mosaico de diversidad biológica que incluso el observador peor dotado y más distraído se encontrará frente a frente si se asoma a la línea de costa.

Por ejemplo la que tengo a mis espaldas, aquí al sur de isla Santa Cruz: un sector de litoral en donde el mar golpea las piedras sobre las cuales los ejemplares jóvenes de iguana marina (que, al contrario de los adultos, tienen un color apagado, negro o gris oscuro) toman el sol.

 

Habitantes del piso litoral

El espacio que se extiende entre esa orilla que varía con las mareas y los 5 m sobre el nivel del mar se denomina, de acuerdo a la división que los biólogos y ecólogos han realizado en las islas, "piso litoral". Tal piso es árido, y su aspecto depende de la resistencia al salitre de las plantas que lo habitan. Que son pocas y, como buenas halófilas, de follaje escaso y aspecto desolado.

La costa, en general, es rocosa: a pesar de lo que muestran los folletos turísticos, en las Galápagos los litorales arenosos suelen brillar por su ausencia. Las escasas playas de arena blanca están ubicadas al este o al sur de las islas (un ejemplo clásico, que aparece hasta la saciedad en los antedichos folletos, es Bahía Tortuga, aquí en isla Santa Cruz); formadas por restos de conchilla y de coral, son verdaderamente resplandecientes, pero también peligrosas debido al oleaje. Por su parte, las playas de arena orientadas al norte y al oeste están formadas por los restos de las rocas circundantes y, por ende, comparten su color: son rojas en isla Rábida, negras en Puerto Velasco Ibarra, e incluso tienen reflejos verdes (por el olivino molido) en otras zonas de isla Floreana.

Este último rasgo recuerda la referencia que hizo el español Tomás de Berlanga en su carta al rey Carlos I, sobre piedrecillas brillantes, como diamantes, y amarillentas, similares al ámbar, en la arena de la playa de la segunda isla que visitó. En una época en la que conquistadores y "descubridores" europeos no dejaban de buscar riquezas en cada rincón que pisaran, los brillos llamaron la atención del religioso. Sin embargo, no fue sino una falsa pista.

 

Un bibliotecario en las Galápagos 04

Si bien se trata de casos contados, en las costas galapagueñas se han formado cordones litorales que crean lagunas de agua marina. Las hay en Puerto Villamil (isla Isabela), isla Rábida o Punta Cormorán (isla Floreana), pero probablemente la laguna litoral más conocida del archipiélago es la que se encuentra en el llamado "Barrio de los Alemanes": un enclave de antiguos pioneros europeos ubicado a las afueras de Puerto Ayora, en isla Santa Cruz, al cual se puede llegar únicamente en barco.

A pesar de verse forzada a soportar un embate turístico cada vez mayor, la laguna no deja de ser una maravilla. En el fondo pueden verse holoturias, y la surcan alucinantes cardúmenes de rayas doradas (Rhinoptera steindachneri), los agresivos tiburones de las Galápagos (Carcharhinus galapagensis) y alguna que otra tortuga marina. En las orillas se despliegan los mangles rojos (Rhizophora racemosa) y blancos (Laguncularia racemosa), dos de las cuatro especies de mangles que crecen en las islas. Esos árboles sujetan la arena con sus raíces, que parecen patas largas y flexibles, y producen unas semillas enormes, que flotan como corchos y hacen que la población expanda su territorio.

Sobre algunos arenales junto a la laguna se despliega una herbácea endémica de color rojizo (Sesuvium edmonstonei) que tapiza el suelo (de hecho, en inglés se llama Galápagos carpet weed) y sobre la que se refugian los ostreros (Haematopus palliatus). Junto a ellos están las garzas enanas de las Galápagos (Butorides sundevalli), de color plomizo, y las grandes garzas azuladas o cenizas (Ardea herodias), que conviven con las iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus) y siete especies de lagarto del género Tropidurus, reptiles todos endémicos del archipiélago.

 

Pelos y plumas

En el litoral también viven los leones marinos de Galápagos (Zalophus wollebaeki), la variedad más pequeña de león marino. Antaño objeto de una caza sistemática, hoy son una de las especies más abundantes de las islas, la más sociable y juguetona y, por ende, una de las más fotografiadas. El ladrido del macho en celo —un estado en el cual el animal es mucho más peligroso que un tiburón— es un sonido típico de las Galápagos.

Pero el piso litoral es, sobre todo, el reino de las aves marinas: se calcula que en las islas vive casi un millón de ellas, temporal o permanentemente.

Aquí se ubica el 30% de la población mundial de piqueros patiazules (Sula nebouxii), en especial en la colonia de Punta Suárez, en isla Española. También están las fragatas reales o rabihorcados magníficos (Fregata magnificens) y las fragatas comunes (Fregata minor), remontando los vientos con sus características siluetas negras. Y los pelícanos pardos (Pelecanus occidentalis), a veces esperando algo de comida ―junto a los leones marinos― en el "Mercado de pescado" de Puerto Ayora, en donde se han convertido en una verdadera atracción turística. Sobre ellos vuelan los rabijuncos etéreos (Phaethon aetherus, una de las primeras aves americanas identificadas por los europeos), las gaviotas de las Galápagos (Creagrus furcatus) o gaviotas tijeretas (por sus colas bifurcadas), los piqueros enmascarados (Sula dactylatra), las gaviotas negruzcas (Larus fuliginosus) y muchos, muchos más...

En islas como las Galápagos, el mar es un elemento fundamental en el desarrollo de la vida. La de los seres humanos y la de esa fauna y esa flora a la que es imposible no referirse cuando se habla del archipiélago. No es de extrañar, pues, el rol preponderante que la literatura galapagueña concede al océano. Ese mar que, con su rítmico vaivén, arrulla los manglares.

 

Referencias

Beebe, William (1924) (ed.). Galapagos: World's End. Nueva York, Londres: G. P. Putnam's Sons. [En línea].

Galapagos Conservancy (s.f.). Sea and Shore Birds. [En línea].

Grenier, Christophe (2007). Conservación contra natura. Las islas Galápagos. Lima: IFEA. [En línea].

Melville, Herman (1856). The Piazza Tales. Nueva York: Dix & Edwards. [En línea]. | Traducción: Artemisa Ediciones.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 10.04.2018.

Fotos: [1] Gaviota de las Galápagos (Creagrus furcatus), por Carlos Cuenca Solana (2017 Galápagos photography competition). En BBC (enlace). [2] Siempre Angelito VI, barco encallado en San Cristóbal, por Andrés Buenano (2017 Galápagos photography competition). En BBC (enlace).

El texto corresponde al cuarto post de la serie Un bibliotecario en las Galápagos, de Edgardo Civallero.

 


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