Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Un bibliotecario en las Galápagos 01

Unas islas en los Mares del Sur

Un bibliotecario en las Galápagos [01]


 

"No tengo ninguna razón en especial para ir, excepto que nunca he estado allí, y el conocimiento es mejor que la ignorancia". [En boca de un hombre que la escritora y exploradora británica Freya Stark conoció en uno de sus viajes].

 

A partir de este mes de marzo de 2018 vuelvo a América Latina.

A trabajar como director/coordinador de la biblioteca de la estación científica que la Fundación Charles Darwin mantiene en las islas Galápagos, concretamente en Puerto Ayora (isla Santa Cruz). Una de las pocas ―sino la única― biblioteca física activa en el archipiélago.

Las islas Galápagos o archipiélago de Colón son un grupo de 19 islas, 42 islotes y 26 rocas pertenecientes a Ecuador, ubicadas en el océano Pacífico, a 1000 km de la tierra firme más cercana. Tal y como lo planteó el naturalista William Beebe a principios del siglo pasado, son una suerte de "fin del mundo".

Un "fin del mundo" ubicado en plena faja central del planeta: la línea ecuatorial atraviesa el archipiélago en isla Isabela, cortando casi al medio al volcán Wolf, la mayor altura galapagueña (1707 m).

Las islas son parte de un Parque Nacional ecuatoriano, poseen una población residente limitada (solo puede poblarse el 3.5% de la superficie galapagueña) y están sujetas a unos estrictos niveles de protección, pues son, entre otras cosas, patrimonio natural y reserva de la biosfera de la UNESCO. A pesar de ello, son escenario de fuertes movimientos turísticos y migratorios, así como de no pocos conflictos ambientales.

 

Islas Encantadas

Se las ha llamado "islas Encantadas", un apelativo que les asignaron los conquistadores españoles al considerarlas hechizadas: al no ser capaces de ubicar las esquivas ínsulas en sus cartas de navegación, creían que aparecían y desaparecían "por encanto". Herman Melville, el padre de Moby Dick y tripulante él mismo, en sus años juveniles, de un ballenero que faenó en las Galápagos, inmortalizó el calificativo en una de sus mejores obras, The Encantadas (1854). Allí dice de ellas:

Tomad veinticinco montones de ceniza diseminados aquí y allá sobre un terreno baldío; dejad que vuestra imaginación los transforme en montañas y en mar el espacio entre ellas, y tendréis una idea exacta del aspecto general de las "Encantadas".

El propio Darwin, que haría famosas a las islas y las convertiría en el objeto de deseo de la comunidad científica y conservacionista internacional, no fue mucho más magnánimo en su descripción. En The Voyage of the Beagle (1839) señala:

La primera impresión que causa el terreno tiene poco o nada de agradable. Tropiézase con una superficie desigual, de negra lava basáltica, lanzada en oleadas de angulosos perfiles y cruzada por grandes grietas, por doquiera cubierta de arbustos enanos medio marchitos, en los que se descubren pocas señales de vida. El seco y abrasado suelo, con el calor del sol de mediodía, daba al aire cierta pesadez asfixiante como la de una estufa, y hasta nos parecía que los arbustos olían mal.

 

Un bibliotecario en las Galápagos 01

El "descubridor" español de las islas ―un fraile dominico de nombre Tomás de Berlanga, desviado de su ruta entre Panamá y Perú en 1535 y arrojado a sus costas medio muerto de sed― tampoco recibió una buena impresión.

En todo el archipiélago, pienso que no hay un lugar donde pueda sembrarse un celemín de trigo, pues está en gran parte cubierto por grandes rocas, en cantidad tal que se diría que Dios ha hecho llover piedras.

No, no se trata de un paraíso tropical, de playas blancas y palmeras: más bien, de un áspero reducto volcánico. Las Galápagos cuentan, de hecho, con 21 volcanes, de los cuales 13 se consideran activos. Desde 1797 se han registrado alrededor de 60 erupciones. Las últimas fueron la del bellísimo Cerro Azul, en isla Isabela, en 2008; la del volcán Fernandina, en la isla homónima, en 2009; y la del volcán Wolf, nuevamente en Isabela, el 25 de mayo de 2015. Ese día, las únicas iguanas rosadas del planeta —Conolophus marthae— seguramente pensaron que su final había llegado.

A pesar de todo, no deja de ser un paisaje alucinante. Uno de manglares y escalesias, de coladas basálticas que se hunden en un mar surcado por tiburones... Y es, además, un lugar con una historia humana más alucinante aún: historias de Incas navegantes y persecuciones de conquistadores, de bucaneros y asaltantes, de balleneros y cazadores de focas, de prisioneros y capataces. Y Darwin. Por supuesto, Darwin.

 

Un laboratorio

El relativo aislamiento de las islas y su particular configuración ha permitido que se transformen en una especie de laboratorio biológico dentro del cual han sobrevivido una flora y una fauna muy especiales: desde las célebres tortugas que dieron nombre al archipiélago y alimentaron a piratas, balleneros y colonos por siglos, hasta iguanas marinas, cormoranes ápteros, gigantescos albatros y pelícanos, nopales y margaritas con la talla de árboles, focas y pingüinos ecuatoriales... y mucho, muchísimo más. Tanto como para que se les haya dedicado y se les siga dedicando estudio, investigación, tinta y bytes a raudales.

Ese laboratorio natural en los Mares del Sur se convertirá, en mi caso, en uno bibliotecológico: el escenario para implementar una verdadera "bibliotecología de campaña", en un espacio prácticamente aislado, con recursos no siempre suficientes, y respondiendo a una misión y unas funciones especializadas y exigentes por demás. Y una oportunidad para conectar con el biólogo que una fui en mi juventud.

Sobre todo ello ―mis experiencias profesionales y personales, mis materiales y fuentes bibliográficas, lo que vaya aprendiendo y descubriendo, mis ideas y dudas y errores...― iré escribiendo en estas páginas virtuales de "Bibliotecario [en las Galápagos]".

 

Referencias

Beebe, William (1924) (ed.). Galápagos: World's End. Nueva York, Londres: G. P. Putnam's Sons. [En línea].

Bognoly, José A. (1905). Las Islas Encantadas o el Archipiélago de Colón. Guayaquil: Imp. y Lit. del Comercio. [En línea].

Darwin, Charles (1871). Journal of Researches into the Natural History and Geology of the countries visited during the voyage of H.M.S. Beagle round the world. New edition. Nueva York: D. Appleton and Company. | Traducción: Calpe.

Melville, Herman (1856). The Piazza Tales. Nueva York: Dix & Edwards. [En línea] | Traducción: Artemisa Ediciones.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 20.03.2018.

Fotos: [1] Bahía Tortuga, cerca de Puerto Ayora, isla Santa Cruz. En El Universo (enlace). [2] Fragmento de un mapa de las islas Galápagos de 1684, según fueron descritas por el bucanero William Cowley. En Wikimedia (enlace).

El texto corresponde al primer post de la serie Un bibliotecario en las Galápagos, de Edgardo Civallero.

 


Etiquetas:


Las entradas publicadas en este blog pueden accederse a través del índice de entradas. También pueden consultarse las tablas de entradas organizadas por título de serie y por palabras-clave.

Las entradas pertenecientes a la serie de notas Bibliotecas y biosfera pueden leerse aquí, las de la serie Bibliotecas y desarrollo sostenible, aquí, y las pertenecientes a Data curation, aquí. También pueden revisarse las pertenecientes a las series (ya cerradas) Apuntes críticos y Gotas de animación a la lectura. Asimismo pueden consultarse las distintas entradas de las columnas Palabras ancladas, Los muchos caminos, Palabras habitadas y Libros y lecturas indígenas.

Por último, las conferencias, los artículos académicos y otros trabajos similares pueden consultarse a través del listado completo de publicaciones, o bien revisando el archivo de Acta Académica (de acceso libre) o las plataformas Academia.edu, Issuu, Scribd y Calameo.

DISCLAIMER: Las opiniones y puntos de vista expresados aquí son los del autor, y no reflejan necesariamente la posición o política oficial de la Fundación Charles Darwin o de ninguna otra agencia o institución en Galápagos.