Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Innovación y rebeldía

Formas de definirse | Horizontes cambiantes

Innovación y rebeldía (I)


 

[Conferencia presentada en el Innovatics. VII Congreso Internacional sobre Innovación Tecnológica, organizado por la DIBAM, la Biblioteca de Santiago, etc. Santiago de Chile, 24-25 de octubre de 2017.]

 

1. Formas de definirse

Una de las formas más comunes que utilizan los bibliotecarios para definirse y definir su rol, su papel, es describir su actividad. Lo que hacen a diario. Es algo que el colectivo de trabajadores y profesionales de las disciplinas del libro y la información tiene bastante claro: el "qué". Qué es lo que hacen.

También conocen el "cómo". Cómo hacer lo que hacen: el vasto arsenal de herramientas de análisis documental, organización de fondos, búsqueda de información y gestión de datos, que se ha visto exponencialmente multiplicado tras la revolución digital. El "quién" es un tanto más complicado: no todos los bibliotecarios comprenden con quién, o para quién, o por quién, o junto a quién desarrollan sus actividades. Tampoco tienen muy claro si deben tratarlos como usuarios, clientes o visitantes, o si son personas o números, o ambas cosas, o ninguna. Muchos, por cierto, prefieren no aventurarse en tales territorios y permanecen en el seguro claustro de la indefinición.

Sin embargo, un rol no puede definirse sin responder a dos preguntas clave: "por qué" y "para qué".

Tales cuestiones suelen estar ausentes de los debates. Suele pasarse de puntillas a su lado, como si nuestro sendero corriese a la vera de una bestia dormida a la que preferimos no despertar. Otras veces ambas preguntas —o alguna de ellas— se abordan, sí, pero de manera tangencial, y casi siempre desde un punto de vista teórico y aséptico, tomando suficiente distancia, y utilizando supuestos o categorías que no suelen guardar demasiada relación con la realidad.

El caso es que "por qué" y "para qué" suelen incomodar a ciertos bibliotecarios, probablemente porque no sabrían qué contestar. Otros aportan respuestas enlatadas, repeticiones de repeticiones de repeticiones de alguna definición atisbada en alguna recomendación, o intuida tras escuchar alguna conferencia, o estudiada en esa fotocopia de cierto manual que fue bibliografía obligatoria en una materia de la carrera.

Y esa es una de las debilidades principales de muchos bibliotecarios. Salen de las aulas al mundo real de las bibliotecas —o entran en él directamente— sabiendo qué hacer, cómo hacerlo y, con un poco de suerte, con quién. Pero no preguntaron —ni nadie se molestó en decirles— porqué o para qué.

Y sin un porqué o un para qué que den dirección y sentido, que motiven y comprometan, que animen y alienten, los profesionales pueden llegar a moverse como sonámbulos entre la niebla, o como autómatas repitiendo mecánicamente una tarea un día tras otro, sin más norte que las políticas de la biblioteca en la que trabajan ni más incentivo o aliciente que las pequeñas recompensas que la labor cotidiana les regala entre los estantes o al otro lado de un mostrador de referencia.

Ocurre que hay más que eso. Bastante más.

Es preciso señalar que a buena parte de la comunidad bibliotecaria le basta y le sobra con saber el qué, el cómo y, sobre todo, el cuándo y el cuánto. Para ellos la bibliotecología no es más que una tarea con la que ganarse la vida, y no merece disquisiciones filosóficas ni debates existenciales. El punto es que responder al por qué y al para qué no precisa, necesariamente, de un esfuerzo titánico o una desmesurada inversión de tiempo. Y, sin embargo, pueden proporcionar una enorme motivación.

Algo que siempre hemos necesitado. Algo que necesitaremos en los días inciertos que nos esperan.

 

2. Horizontes cambiantes

Somos habitantes y pasajeros de un mundo de horizontes cambiantes. Un planeta cuyos escenarios se han visto radicalmente alterados por la última revolución industrial —la que incorporó el petróleo a nuestras vidas y a la de todos los demás seres que conviven con nosotros— y por la revolución digital.

Hace unas pocas décadas, pocos —probablemente un puñado de soñadores visionarios, y un selecto grupo de escritores de ciencia ficción— hubieran soñado con la realidad en la que vivimos hoy. No, al menos, con que fuese real. Con autopistas de información amplias y densamente transitadas, y formatos de almacenamiento de cualquier tipo de dato, y una hiper-conectividad cuasi-absoluta, y una comunicación tan constante como inverosímil... Para los hijos de la Guerra Fría, nuestro mundo contemporáneo puede llegar a parecer el resultado de la imaginación calenturienta de un guionista de Hollywood.

Y, sin embargo, aquí estamos.

Aquí estamos también con una "nave Tierra" castigada por todos los residuos de la actividad humana: con todo tipo de gases en la atmósfera que respiramos, y de micro-plásticos en el agua; con basura espacial en la estratosfera, por encima de nuestras cabezas, y cementerios nucleares y contaminación freática bajo nuestros pies, y enormes basureros de materiales que tardarán siglos es descomponerse, y una deforestación que ha superado todas las preocupaciones, y una brutal pérdida de biodiversidad, y un cambio climático ya gastado de tanto nombrarlo, y la superpoblación humana, y el agotamiento de los recursos naturales renovables, y... La lista podría ocupar unas cuantas páginas, mientras que la causa de todo puede resumirse en un par de oraciones: el crecimiento desmesurado de las sociedades humanas más allá de los límites biofísicos del planeta, y de un modelo extractivista-consumista sin parangón en la historia.

Nos enfrentamos a un panorama futuro que oscila entre la distopía planteada por unos —crisis medioambiental total, sequías, hambrunas, epidemias, muertes masivas, terribles conflictos armados por el control de recursos tan básicos como el agua— y la utopía tecnológica de otros: un mundo cuyos problemas serán solucionados en breve merced a una serie de avances tecnológicos actualmente en desarrollo. O una humanidad que seguirá viviendo en algún planeta cercano, al que emigrará gracias a otra serie de avances tecnológicos ya en marcha. Sea lo que sea lo que nos espera —los macabros horrores apocalípticos o el rosado escenario del wishful thinking de Silicon Valley y sus asociados—, la voz de alarma ya ha sonado varias veces. La última ha tenido lugar con el lanzamiento, por parte de la ONU, de la Agenda 2030, que incluye 17 objetivos de desarrollo sustentable y casi dos centenares de metas concretas a alcanzar entre 2020 y 2030. Metas terriblemente ambiciosas, que dejan a las claras la urgencia por lograr soluciones que garanticen la supervivencia de nuestra especie en un planeta en donde se pueda llevar una vida con cierta dignidad.

En semejante escenario, los profesionales de la información —información que implica poder y capacidad de cambio— deben definir claramente su rol, sus compromisos, sus responsabilidades. Como gestores de la memoria colectiva y del patrimonio intangible de la humanidad, como profesionales del conocimiento, deben definir, urgentemente sus porqué y sus para qué.

Y deben hacerlo asumiendo todos los riesgos.

 

Referencias

Burdick, Anne et al. (eds.) (2012). Digital Humanities. Cambridge (MA): The MIT Press.

Civallero, Edgardo (2012). Contra la "virtud" de asentir está el "vicio" de pensar: Reflexiones desde una bibliotecología crítica. [En línea].

Civallero, Edgardo (2016). Un faro, un puerto: De bibliotecas, máquinas y pérdidas. [En línea].

Civallero, Edgardo (2016). La biblioteca como trinchera. Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional, 10 (45), septiembre, pp. 65-72.

Civallero, Edgardo (2017). Recuperando las hebras que nos componen. III Encuentro INELI Iberoamérica "Las bibliotecas públicas como artífices de la construcción del tejido social". Medellín (Colombia): CERLALC-UNESCO, Fundación Germán Sánchez Ruipérez. [En línea].

Schreibman, Susan et al. (eds.) (2004). A Companion to Digital Humanities. Oxford: Blackwell Publishing.

Terras, Melissa et al. (eds.) (2013). Defining Digital Humanities. A Reader. Surrey: Ashgate Publishing Ltd.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 07.11.2017.

Foto: Llave, en Entrepeneur (enlace).

El texto corresponde a la primera parte de la conferencia "Innovación y rebeldía. El futuro rol del bibliotecario", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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