Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Libros y lecturas indígenas 04

De últimos hablantes y políticas invisibles

Libros y lecturas indígenas (IV)


 

[Una versión de este texto fue publicada como cuarta entrada de la columna del autor titulada "Libros y lecturas indígenas", incluida en el Observatorio Iberoamericano del Libro, la Lectura y las Bibliotecas del CERLALC (septiembre de 2017). Las entradas de esa columna serán compartidas en este blog, en la sección correspondiente].

 

En 1823, el religioso, político e intelectual uruguayo Dámaso Antonio Larrañaga (que ayudó a fundar la Biblioteca Nacional de su país y la Universidad de la República) escribió un artículo titulado Compendio del idioma de la nación chaná.

Se trata de una serie breve de apuntes que no superan la docena de páginas, recogidos hacia 1815 en la reducción de Santo Domingo Soriano. En ellos el estudioso presenta un puñado de memorias lingüísticas de los que, al parecer, eran los últimos tres ancianos hablantes de la lengua de los Chaná, pueblo de cazadores, pescadores y recolectores que supo habitar las riberas del curso bajo del río Uruguay.

Los conquistadores europeos identificaron distintas parcialidades: los mepenes y mocoretáes en la actual provincia argentina de Corrientes; los timbúes, caracaraes y corondas entre las de Santa Fe y Buenos Aires, y los mbeguas entre Buenos Aires y Entre Ríos. Las primeras menciones de su existencia aparecen en una carta de 1528; al año siguiente destruirían el fuerte Sancti Spiriti, uno de los primeros asentamientos europeos en la zona del Río de la Plata. Aparecen en las crónicas de Ulrico Schmidt y en la de Martínez de Irala, e incluso en la Historia General de Fernández de Oviedo. Siguen figurando, aquí y allá, en documentos coloniales hasta 1662, cuando se funda la misión de Santo Domingo Soriano (en el actual departamento de Soriano, Uruguay), en donde fueron reducidos los últimos supervivientes de los pueblos Chaná y Charrúa.

Luego los Chaná desaparecen de los libros de historia, incluso de las estanterías de los museos, y se los da por desaparecidos; un destino nada extraño en un continente, América del Sur, en el que ya habían sido borradas de la memoria centenares de culturas. Y en el que, triste es decirlo, seguirían siendo aniquiladas muchas más, hasta llegar a nuestros días.

Y es en estos días nuestros cuando se produce el milagro, y un investigador del Instituto de Lingüística de la Universidad de Buenos Aires, Pedro Viegas Barros, se encuentra en 2005 con Blas Jaime, que aún recuerda dos o tres centenares de palabras de la lengua chaná. Ex-predicador mormón, nacido en Nogoyá y residente en Paraná, Entre Ríos, Jaime colaboró estrechamente con Viegas Barros para intentar rescatar y reconstruir los últimos retazos de un idioma que en 2010 fue incorporado al Atlas de las lenguas del mundo en peligro de la UNESCO como "lengua críticamente amenazada". En 2014 publicaron el primer Diccionario Chañá-Español, Español-Chaná, y recientemente han producido un documental, Lantéc Chaná, con la participación de la directora argentina Marina Zeising.

La sorpresa de encontrar un hablante de chaná no debería ser tanta si se considera que el censo nacional argentino de 2001 arrojó la presencia de más de 4000 personas que se auto-identificaron como pertenecientes al pueblo Chaná, mientras que en 2011 sucedió lo propio con 2500 personas en Uruguay. Sin embargo, sobre esos sectores de población actuaron y siguen actuando una serie de fuerzas y de influencias que han logrado silenciarlos, avergonzarlos, y forzarlos a olvidar y a aculturarse. El propio Jaime había considerado hasta 2005 que su lengua originaria carecía de todo valor. Esta idea predomina entre buena parte de las sociedades indígenas latinoamericanas, convencidas de que el uso de su idioma propio no traerá más que desgracia, discriminación y una insoportable presión y condena social para ellos y sus descendientes. De hecho, en varias entrevistas Jaime recordó los severos castigos que recibían aquellos niños que en la escuela osaban pronunciar un vocablo en chaná. Una historia repetida con casi todas las lenguas "minoritarias" del planeta.

La discriminación ha sido y sigue siendo una de las principales razones por las que las lenguas indígenas continúan desapareciendo en la actualidad. Otra es la falta de políticas estatales y regionales para apoyar la recuperación, preservación, documentación, uso y divulgación de esos sonidos. Bien lo saben emprendedores como Francisco Toledo, artista y maestro mexicano de origen Zapoteca que lidera campañas para preservar y enriquecer las lenguas indígenas del estado de Oaxaca: el zapoteco, el mixteco, el mixe... Toledo elabora materiales didácticos y prepara traducciones de obras literarias para que sean utilizadas por los alumnos en los colegios locales, pero carece totalmente de apoyo institucional, y no puede dejar de preguntarse si se trata de una política consciente hacia la negación de la realidad indígena y de su derecho a expresarse con sus propias palabras.

Así como contra la discriminación y el olvido surgen propuestas como el Diccionario Chaná... y el documental Lantéc Chaná, contra la desidia y la negligencia de gobiernos y autoridades aparecen iniciativas ciudadanas como las de Toledo o las de proyectos como la Red de Activistas Digitales de Lenguas Indígenas en América Latina, que reúne individuos y grupos interesados en darle un impulso a sus lenguas a través de los medios digitales. O como el trabajo realizado por la asociación civil Ruta del Venado, que está elaborando una audioteca en línea con vocabulario del mayor número posible de los 62 idiomas aborígenes reconocidos en México. Este último proyecto lleva funcionando desde marzo de 2014 y está impulsado por Ricardo Ibarra, fundador de Radio Indígena. Sus participantes y colaboradores visitan comunidades rurales de todo el país y proceden a grabar palabras y frases de los labios de hablantes y narradores locales. Uno de los principales objetivos de Ruta del Venado es acercar esas palabras y esas frases a aquellos jóvenes que, debido a la fuerte discriminación que sufren en México, se desarraigan de su pasado indígena.

El mapa lingüístico y cultural indígena de las Américas es un mosaico desarmado, con buena parte de sus teselas separadas y otras tantas escondidas o directamente desaparecidas. Ante tan desesperanzador panorama, algunas manos llevan tiempo ya intentando recuperar y rearmar algo que, sin ser la imagen original —perdida ya para siempre— tenga, al menos, un poco de sentido. Y lo hacen en contra de los muchos silencios y las muchas ausencias institucionales.

 

Lecturas

Cano, Arturo (2017). Salvar lenguas indígenas, lleno de obstáculos. La Jornada, 25 de junio. [En línea].

Centenera, Mar (2017). El último hablante de chaná, una lengua que se creía extinguida desde hace un siglo. El País, 9 de agosto. [En línea].

Global Voices (s.f.). Lenguas Indígenas. Una Red de Activistas Digitales en América Latina. [En línea].

Larrañaga, Dámaso Antonio (1823). Compendio del idioma de la nación Chaná. Escritos de D. Dámaso A. Larrañaga, tomo III. Montevideo: Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, Imprenta Nacional, pp. 163-174. [En línea].

Partida, Juan Carlos (2015). Expertos crean diccionario en línea con vocabulario indígena. La Jornada, 16 de junio. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 10.10.2017.

Foto: Encuentro de Activismo Digital de Lenguas Indígenas, Oaxaca, 2014 (enlace).

El texto corresponde al artículo "De últimos hablantes y políticas invisibles", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu.

 


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