Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Palabras habitadas 06

Cobijando voces

Palabras habitadas (VI)


 

[Una versión resumida de este texto fue publicada como sexta entrega de la columna mensual del autor titulada "Palabras habitadas", incluida en El Quinto Poder (Chile, septiembre de 2017). Las entradas de esa columna serán compartidas en este blog, en la sección correspondiente].

 

Buena parte de los conocimientos tradicionales de Abya Yala se han elaborado, expresado y transmitido a través de canales orales y otros medios "no convencionales" de codificación y distribución de saberes: telas y piezas de corteza pintadas, tejidos de todo tipo, tatuajes y pinturas corporales, canciones, representaciones coreográficas, diseños sobre cestería y cerámica, máscaras, juegos de hilo... Medios tildados de "no convencionales" desde la perspectiva estándar dominante, habituada al uso de determinadas formas y materiales prácticamente "normativos" a la hora de almacenar y difundir conocimiento, pero que desde un punto de vista no-dominante, no-hegemónico ni estandarizado, han cumplido perfectamente sus funciones durante generaciones.

De todos ellos, probablemente los orales sean los canales más importantes, aquellos mediante los cuales todavía se transmite la mayor cantidad de información, incluso en el seno de sociedades totalmente alfabetizadas y urbanas: un hecho, este último, que desvincula claramente a lo oral del estereotipo de rural y propio de grupos analfabetos.

Para "rescatarla" de una forma de transmisión considerada inestable y, por ende, poco confiable, un porcentaje de esa información oral ha sido codificada, a lo largo del tiempo, mediante algún tipo de escritura. Sin embargo, el hacerlo no está exento de problemas. Por un lado, porque en algunos casos ―como en el de un buen número de lenguas indígenas― no existen sistemas de escritura normalizados para apuntar y/o imprimir esos contenidos fehacientemente. Y por el otro porque, aun existiendo alfabetos, buena parte de la información transmitida oralmente se pierde al ser transcrita.

De ahí la importancia de las audiotecas, centros de conservación que, si bien cuentan con documentos escritos, hacen hincapié en lo sonoro como medio de perpetuar saberes.

En América Latina se han puesto en marcha y se mantienen un puñado de variopintos proyectos etiquetados como "audiotecas" que buscan, cada uno a su manera, preservar sonidos de distintos tipos. Incluyendo aquellos que recogen y reflejan saberes tradicionales.

Entre tales proyectos, probablemente uno de los más reconocidos por la calidad de su labor sea la Fonoteca Nacional de México. Operativa desde 2008, primera de su tipo en el continente y dependiente, en la actualidad, de la Secretaría de Cultura de la Nación, la FNM contiene numerosos fondos relacionados con la historia del país en general, y con sus muchas sociedades campesinas y originarias en particular.

La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) mantiene un espacio similar, aunque más centrado en los multimedia. En los documentos conservados en sus colecciones audiovisuales se recogen sobre todo expresiones en lenguas nativas; muchos de ellos se comparten libremente a través de su sitio web.

Sin salir de tierras mexicanas, la asociación civil Ruta del Venado está elaborando una audioteca en línea con vocabulario del mayor número posible de los 62 idiomas aborígenes reconocidos en el país. El proyecto, que lleva funcionando desde marzo de 2014, está impulsado por Ricardo Ibarra, fundador de Radio Indígena. Sus participantes y colaboradores visitan comunidades rurales de todo el país y proceden a grabar palabras y frases de los labios de hablantes y narradores locales. Uno de los principales objetivos de Ruta del Venado es acercar esas palabras y esas frases a aquellos jóvenes que, debido a la fuerte discriminación que sufren en México (la misma que existe en el resto del continente), se desarraigan (a veces por vergüenza propia, a veces por la que ven en sus mayores) de su pasado indígena.

Una forma ligeramente diferente de crear una audioteca es grabando videos. Así lo hace "68 voces, 68 corazones", una serie de cuentos indígenas animados, narrados en su lengua originaria, y creados en 2013 por Gabriela Badillo y la productora Combo bajo la premisa "Nadie puede amar lo que no conoce". Los videos recogen los sonidos de idiomas como el huasteco, el mixteco, el totonaco, el ch'ol, el seri, el paipai, el otomí o el mazateco, y se distribuyen libremente a través de plataformas digitales como Vimeo.

Un poco más al sur, la Red Mesoamericana de Radios Comunitarias Indígenas, Garífunas y Feministas (Honduras y Guatemala) mantiene una audioteca virtual en la que ofrece algunos de sus programas, digitalizados. El valor de esa audioteca radica en la naturaleza comunitaria de la información que difunde, y en la de sus participantes: grupos étnicos y sociales que tienen escasa visibilidad en otros espacios y, por ende, tienen que crear los propios.

Esta reseña quedaría incompleta sin una de las iniciativas más divulgadas en los últimos tiempos: "De agua, viento y verdor. Paisajes sonoros, cantos y relatos indígenas para niños y niñas". Se trata de una propuesta de "audioteca" del Ministerio de Cultura de Colombia, respaldada por el ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar) y materializada por Fundalectura.

Esta audioteca es, en realidad, un libro de llamativas tapas amarillas, acompañado por nueve CDs. En uno y otros se recogen nueve lenguas indígenas colombianas propias de otros tantos pueblos, todas ellas en peligro de extinción por motivos diversos, entre los cuales se encuentran, como era de esperar, el conflicto armado y el desplazamiento.

Los pueblos incluidos son los Etté Ennaka o Chimila, los Wiwa, los Sáliba, los Ñihamwo o Yagua, los Kokama u Omagua, los Korébahü o Coreguaje, los Kamëntsá o Camsá, los Awá o Cuaiquer y los Embera Chamí.

Se trata de la primera experiencia de este tipo desarrollada en Colombia: una que ha permitido recoger expresiones orales, transcribirlas y traducirlas al castellano, dejando hablar a los mayores de los distintos pueblos para que pudieran transmitir libremente sus memorias y sus saberes. El trabajo está dirigido sobre todo a un público infantil, y se pretende que lleve por Colombia (y más allá) un compendio de sonidos e imágenes: cantos y cuentos bilingües, ilustraciones, fotografías, juegos... Pero también nueve paisajes sonoros diferentes: aquellos que acunan a las culturas reflejadas en la "audioteca".

A lo largo de la historia humana, la palabra hablada (o cantada) ha sido la principal forma de expresión y transmisión de conocimientos. Hoy por hoy lo sigue siendo, milenios después de su aparición, en un mundo de documentos escritos y poderosos y omnipresentes medios digitales. Si los centros de conservación de la memoria latinoamericanos (bibliotecas, archivos, etc.) pretenden servir como tales, deben considerar urgentemente la creación de audiotecas o mediatecas, y el desarrollo y patrocinio de programas de recolección de todo tipo de tradición oral. Porque buena parte de las memorias de América Latina todavía viajan a través de canales orales. Y para muchas culturas de Abya Yala, esos canales se han convertido en una suerte de último refugio: uno constantemente amenazado por el silencio.

 

Lecturas

Combo (2013). Sesenta y ocho voces, sesenta y ocho corazones. [En línea].

MaguaRED (2015). Audioteca De agua, viento y verdor. [En línea].

Partida, Juan Carlos (2015). Expertos crean diccionario en línea con vocabulario indígena. La Jornada, 16 de junio. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 26.09.2017.

Foto: Sesenta y ocho voces, sesenta y ocho corazones (enlace).

El texto corresponde al artículo "Cobijando voces", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu.

 


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