Bibliotecas, sostenibilidad y decrecimiento

Activistas y bibliotecas

Bibliotecas, sostenibilidad y decrecimiento (VI)


 

[Este texto corresponde a la versión en castellano del artículo "Libraries, sustainability and degrowth", publicado en Progressive Librarian, 45, Winter 2016/2017, pp. 20-45].

 

¿Para qué sirve un excelente currículo académico en un mundo 4º C más caliente?

Ferrán Puig Vilar. Los deberes de Casandra. Usted no se lo cree. 18 de marzo de 2015.

 

Podríamos reemplazar "currículo" por "biblioteca", y la cita de Puig Vilar que abre esta sección seguiría sirviendo como recordatorio de que nos encontramos al borde del abismo. De poco valdrán los avances tecnológicos, las arquitecturas gloriosas o los sistemas de excelencia en un mundo que se derrumba. La biblioteca se verá tan golpeada por los cambios y las crisis que afectan al planeta y a sus habitantes como cualquier otra institución y cualquier otro colectivo o grupo humano.

Dado que la biblioteca forma parte de una sociedad local, regional y global, y por ende sufre todos sus problemas, sus fracturas y sus tropiezos, debería dejar de lado cualquier tipo de discurso de "neutralidad", evaluar la situación por la que atraviesa (o puede llegar a atravesar) ella misma y la comunidad a la que sirve, considerar el papel que puede jugar (especialmente teniendo en cuenta el enorme valor de los fondos y los servicios bibliotecarios) y su responsabilidad, tomar partido y actuar.

Si bien el rol (in)formativo de la biblioteca –ese que desempeña "por defecto"– es esencial para el desarrollo de los movimientos activistas y la toma de conciencia de la comunidad, la biblioteca no debería limitarse a ser una suministradora pasiva de datos, de espacios o de medios tecnológicos.

Dejar de esperar las consultas parapetada tras el mostrador de referencia, y ofrecer información valiosa y actualizada, incluso fuera de sus propios muros, debería ser un primer paso. La biblioteca puede presentar bibliografías comentadas o compartir recursos de acceso libre sobre la imposibilidad de un crecimiento infinito en un mundo finito, límites biofísicos, cambio climático, entropía, peak everything, agricultura urbana, o reciclado o reducción de consumo –entre otros problemas, opciones de acción y temas importantes y posibles– tanto en su sitio web y sus redes sociales como en su propio espacio físico. Dedicar un rincón (virtual o real) bien visible a estas temáticas, y mantener actualizados y activos sus contenidos es una manera de señalar que existe un posicionamiento y un compromiso.

Más allá de sus estanterías, la biblioteca puede proporcionar información selecta y de calidad a instituciones educativas de distintos niveles, organizaciones sociales y culturales, agrupaciones vecinales, etc. Desde colectivos hortelanos y de regreso al campo a grupos de artistas urbanos, pasando por secretarías de gobiernos municipales, colectivos religiosos o grupos naturalistas, todos ellos pueden beneficiarse de lecturas y documentos audiovisuales relacionados con la sostenibilidad (y la insostenibilidad), los efectos visibles e invisibles del Antropoceno, las acciones que pueden conducir al decrecimiento...

Yendo un paso más allá, la biblioteca puede dejar de adherir a los modelos de comportamiento que han traído a la humanidad hasta el momento y la situación actuales. En particular, debería considerar sus patrones de consumo. Como señala Madorrán Ayerra (2013):

 

No solamente no somos más libres pudiendo elegir qué consumir, sino que ni siquiera somos conscientes de que la mayoría de nuestros deseos nos vienen dados, han sido generados por el sistema, y de que muchos de ellos los vivimos como verdaderas necesidades cuando están lejos de serlo. En sociedades capitalistas como la nuestra, además, se potencia la insaciabilidad de los deseos –que tiene nefastas consecuencias ambientales, sociales y económicas–, ya que el consumo es imprescindible para el sistema. Pero sin duda no sólo hemos de pensar el consumo como un medio de reproducir el orden económico, sino también el orden ideológico. El consumo y la sobreoferta producen parte del conformismo con el sistema, la sensación de que cuanto se necesita es seguir consumiendo.

 

La biblioteca debería evaluar críticamente el uso y la difusión de determinadas tecnologías y el apoyo que les presta. Asimismo, debería considerar la gestión de sus recursos (agua, electricidad, plásticos y papel) y la producción de desechos (especialmente aquellos que puedan resultar contaminantes). Como queda dicho, el decrecimiento ya no es una opción: la opción es cómo llegar a él.

Avanzando varios pasos más, la biblioteca puede asumir lo que Löwy (2002, 2004) llama una "ética ecosocialista": social, igualitaria, solidaria, democrática, radical y responsable. Una posición "sin concesión alguna para las visiones contemplativas o demasiado optimistas en relación con las crisis ecológicas cada vez más agudas" (Aranda Sánchez, 2014).

Puede dedicarse a plantear posibilidades frente a la desesperanza, combatiendo la pérdida de alternativas al actual panorama capitalista, consumista, mercantilista, extractivista, agresivo, explotador... Puede fomentar un anticapitalismo cultural y establecer conexiones entre la tradición y una nueva generación de creadores y artistas. Es más: no tiene porqué limitarse al ámbito cultural. Puede apoyar activamente cualquiera de los puntos que Harvey (2014) plantea como característicos del anticapitalismo (vid. Pérez. 2014). Pues no hay un capitalismo "verde", reconciliado con la naturaleza a corto o a largo plazo; el capitalismo es inherentemente expansivo.

Tampoco es posible un crecimiento perpetuo ni una expansión constante, tal y como el capitalismo ha sostenido. Es preciso fomentar un régimen "de estado estacionario" en el cual se busque tener lo suficiente en lugar de perseguir siempre más. Una suerte de "economía de subsistencia" moderna que logre cierto equilibrio entre el bienestar humano y del planeta y los recursos disponibles. Es preciso, asimismo, defender los commons –los bienes comunes– y el bien común, los intereses públicos y colectivos y la vida en comunidad, frente a la cultura de la auto-venta y la competencia.

La biblioteca puede apostar y militar por la des-mercantilización y la democratización de todos los bienes posibles, comenzando por uno tan estratégico como es el conocimiento. Para abordar el camino del decrecimiento y un cambio de paradigma es preciso proponer alternativas a la idea de la competencia mercantil y los beneficios privados. También puede abrazar otros principios: el de ecoeficiencia, el de biomímesis –que busca construir sistemas humanos imitando a los naturales–, el de desglobalización...

"Piensa global, actúa local" ha sido uno de los principios del ecologismo prácticamente desde su surgimiento. Asumiendo una posición activista y militante, la biblioteca puede usar sus estructuras, sus colecciones y su know-how para provocar cambios en su comunidad de usuarios, por pequeña que sea, por pequeños que sean. Evidentemente, puede unir fuerzas con otras bibliotecas y muchos otros actores sociales para tratar de forzar cambios a nivel estatal, y más allá aún. Pero probablemente sea a nivel local en donde su actividad tenga mejores resultados. Siendo, como es, una institución percibida como modelo, puede aprovechar esa posición para lanzar determinados mensajes, predicando además con un ejemplo claro y comprometido.

Un ejemplo que debe ser señalado, explicado, apoyado con documentación y publicitado, para que pueda ser difundido, repetido y replicado. Y, sobre todo, que debe ser pensado y repensado. Pues, como señaló el filósofo español Manuel Sacristán (1996), todo pensamiento decente tiene que estar siempre en crisis.

 

Referencias

Debido a la longitud de la bibliografía de este artículo, se recomienda la descarga del mismo y la consulta de las referencias en formato .pdf.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 12.09.2017.

Foto: "La izquierda debería abrazar el decrecimiento", en Huffington Post (enlace).

El texto corresponde a la sexta parte del artículo "Bibliotecas, sostenibilidad y decrecimiento", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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