Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Bibliotecas, sostenibilidad y decrecimiento

Decreciendo

Bibliotecas, sostenibilidad y decrecimiento (IV)


 

[Este texto corresponde a la versión en castellano del artículo "Libraries, sustainability and degrowth", publicado en Progressive Librarian, 45, Winter 2016/2017, pp. 20-45].

 

Depende totalmente de nosotros. Si fracasamos [en detener la actual situación de superpoblación y abuso de espacios y recursos], la naturaleza se limitará a encogerse de hombros y llegará a la conclusión de que permitir que los simios controlaran el laboratorio fue divertido por un rato, pero que a fin de cuentas resultó ser una mala idea.

Richard Wright (2004, p. 31).

 

El decrecimiento es un movimiento social que hunde sus raíces tanto en el ecologismo como en el anti-capitalismo y el anti-consumismo. Básicamente, plantea la idea de que existen límites biofísicos para el crecimiento que ya han sido sobrepasados (ocasionando un agotamiento alarmante de recursos naturales y energéticos) y que es necesario, por ende, reducir drásticamente los niveles de producción y consumo, los cuales son, por otro lado, las principales causas de todos los problemas ambientales (cambio climático, polución, amenazas a la biodiversidad) y de muchas desigualdades sociales.

El decrecimiento no implica un descenso del nivel de bienestar del ser humano. Por el contrario, los defensores de la idea argumentan que un descenso del consumo permitiría apostar por formas de vida no consumistas, mucho más saludables en todos los sentidos1. Implicaría, sí, detener el neocolonialismo del Primer Mundo: su uso masivo y sostenido de recursos naturales globales para mantener estilos de vida que derrochan alimento y energía y generan cantidades ingentes de residuos, a costa del Tercer Mundo.

Entre las contribuciones más relevantes en relación a los límites al crecimiento y el decrecimiento, merece especial atención el trabajo del economista ecológico rumano Nicholas Georgescu-Roegen. The Entropy Law and the Economic Process ["La ley de la entropía y el proceso económico"] (1971) 2 y Energy and Economic Myths: Institutional and Analytical Economic Essays ["Energía y mitos económicos: Ensayos sobre economía institucional y analítica"] (1976) son, probablemente, dos de sus libros más influyentes. En el primero el autor afirma que la capacidad de carga de la Tierra ―es decir, la capacidad del planeta para soportar poblaciones humanas y sus niveles de consumo― está llamada a disminuir, dado que los recursos naturales son finitos y se están agotando. En el segundo llama la atención sobre algo fundamental, el hecho de que "la historia económica confirma que los grandes avances en el progreso técnico se han producido al descubrir cómo usar un nuevo tipo de energía accesible" y recuerda que "de acuerdo con la ley básica de la termodinámica, la dotación energética de la humanidad [la energía gratis recibida del sol, por un lado, y la energía también gratuita y las estructuras materiales ordenadas que están almacenadas en las entrañas de la Tierra, por el otro] es finita", lo que significa "primero, que en un espacio finito solamente puede haber una cantidad finita de baja entropía y segundo, que la baja entropía continua e irrevocablemente va disminuyendo". En sus escritos, el economista ecológico hace hincapié en la falacia de "la sustitución infinita" (la noción de que el hombre puede revertir la marcha de la entropía), y concluye: "La verdad, por desagradable que sea, es que lo máximo que podemos hacer es prevenir cualquier deterioro innecesario de los recursos y del medio ambiente".

En 1972, Edward Goldsmith y Robert Prescott-Allen, editores de la revista The Ecologist, publicaron A Blueprint for Survival ["Manifiesto para la supervivencia"]. En el texto pedían una veloz de-industrialización, para evitar la destrucción irreversible de los sistemas de soporte vital del planeta. En 1973, en Small is Beautiful ("Lo pequeño es hermoso", subtitulado "Economía como si la gente importara"), E. F. Schumacher criticó el sistema económico neo-liberal, señalando que plantear un modelo de vida y de desarrollo basado en el crecimiento y el consumo constantes resulta absurdo. Proponía, en cambio, un paradigma que denominó "economía budista" y que apostaba por mantener el bienestar mientras, a la vez, reducía crecimiento y consumo.

Para el año 2000, el vocablo definía una corriente de acción socio-política que planteaba reducir la economía de forma voluntaria y permanente. La primera conferencia internacional sobre el tema, Research & Degrowth, tuvo lugar en París en 2008, y se ha repetido cada dos años desde entonces3. El profesor de economía francés Serge Latouche, autor de Farewell to Growth ["Adiós al crecimiento"], es en la actualidad uno de los líderes intelectuales de esta corriente.

Son muchos los investigadores que afirman que el decrecimiento ya no es una opción: la opción ahora es cómo llegar a él. Lo señala la antropóloga y ambientalista española Yayo Herrero en una entrevista reciente (Batalla Cueto, 2015):

 

P. Se decrecerá seguro y si no es pacífica y progresivamente será brusca y violentamente.

R. Claro. El decrecimiento no es una opción, es sí o sí. Ya está ahí y lo que sí es una opción es que ese decrecimiento de la esfera material de la economía, es decir, que globalmente nos manejemos con menos energía o menos materiales, se haga de una manera fascista, y digo fascista porque al final cada persona o cada colectivo que vive con muchos más recursos que los que le proporciona su propio territorio lo hace siempre con cargo a otros territorios, desproveyendo a esos territorios de esos bienes o a esas personas de esas posibilidades de construir vida. Cuando Hitler decía que la raza aria necesitaba un determinado espacio vital y que si no lo tenía en sus fronteras tendría que invadir otros países para conseguirlo, o cuando Bush al bombardear Iraq o Afganistán decía: "Nuestro estilo de vida no se negocia", lo que había detrás de ambas frases era el planteamiento de que algunas personas merecen tener un determinado estilo de vida aunque se construya a costa de otros. Eso es fascismo, y a eso mismo es a lo que nos encaminamos si no conseguimos crear un movimiento o una corriente de opinión lo suficientemente grande como para forzar ese necesario e inevitable decrecimiento de la esfera material de la economía en los lugares en donde más se consume. Hay que conseguir un metabolismo económico que se pueda ajustar a los límites de lo que hay y hay que conseguirlo ya, porque nuestro planeta ya está sobrepasado en una buena parte de sus dimensiones materiales.

 

El investigador español Antonio Turiel, uno de los principales críticos actuales del modelo productivo del crecimiento sin límites, señala algo similar en otra entrevista (Álvarez Cantalapiedra, 2012), en la cual aporta, además, terminología complementaria:

 

P. ¿Crees que discursos como los del "movimiento en transición", "decrecentista", "slow" o "livingsimple" [...] pueden ayudarnos a salir de la economía extractivista y consumista que está en la raíz de los problemas actuales?

R. Obviamente sí. En todo caso, creo que es importante enfatizar que el decrecimiento respecto a los niveles actuales, la simplificación de los sistemas o la necesidad de reducir el ritmo de nuestra sociedad son imperativos no sólo lógicos, sino inexorables. En suma: no es un acto de voluntad; el decrecimiento, la simplificación, la reducción del ritmo, son cosas que van a suceder hagamos lo que hagamos porque lo contrario es físicamente imposible en un planeta con recursos menguantes y en deterioro acelerado. Lo único que depende de nuestra voluntad es pilotar el proceso o dejarlo a su libre albedrío y que pueda sobrevenir un colapso societario. Este es quizá el mensaje más importante a transmitir: el decrecimiento no es una opción, lo que es una opción es estrellarse o no.

 

Notas

[1] Un ejemplo es el movimiento conocido como "minimalismo", apoyado por personajes como James Wallman (autor de Stuffocation), Leo Babaura (El poder de menos) o Marie Kondo (La magia del orden).

[2] Una traducción francesa del libro de Georgescu-Roegen, realizada por Jacques Grinevald en 1979 (La décroissance: entropie-écologie-économie), introdujo en su título el término "decrecimiento". En 1975 el rumano ya había recomendado, en un artículo, que el crecimiento no debía ser detenido, sino revertido.

[3] La conferencia de 2014 se abrió con la intervención de Naomi Klein, que acababa de publicar This Changes Everything: Capitalism vs the Climate ["Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima"]. Vid. Germanos (2014).

 

Referencias

Debido a la longitud de la bibliografía de este artículo, se recomienda la descarga del mismo y la consulta de las referencias en formato .pdf.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 29.08.2017.

Foto: "Entrer en decroissance", en Le Vent se Lève (enlace).

El texto corresponde a la cuarta parte del artículo "Bibliotecas, sostenibilidad y decrecimiento", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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