Bibliotecas, sostenibilidad y decrecimiento

Introducción

Bibliotecas, sostenibilidad y decrecimiento (I)


 

[Este texto corresponde a la versión en castellano del artículo "Libraries, sustainability and degrowth", publicado en Progressive Librarian, 45, Winter 2016/2017, pp. 20-45].

 

La Tierra brinda lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no la codicia de todos.

Mahatma Gandhi. Citado por su secretario, Pyarelal Nayyar (1958).

Only one Earth [Solo una Tierra].

Lema de la primera "Cumbre de la Tierra".1

 

Recientemente la Asociación de Bibliotecas Estadounidenses aprobó la Resolution on the importance of sustainable libraries ["Resolución sobre la importancia de las bibliotecas sostenibles"] (ALA, 2015). Numerosas organizaciones internacionales se han hecho eco de la acción de ALA2, secundándola y pronunciándose sobre la potencial relación entre sostenibilidad y bibliotecas. Sin embargo, tales documentos (que, en líneas generales, apoyan el rol bibliotecario en la construcción de comunidades "sostenibles, resilientes y regenerativas" y en la toma de "decisiones sostenibles") no dejan de ser meras declaraciones de intenciones que se limitan a recoger en su articulado un puñado de términos de moda y están muy lejos de constituirse en planes de acción creíbles. Es preocupante notar que, pese a la gravedad del asunto, esas declaraciones pasan de puntillas alrededor de un tema ―la sostenibilidad― que, hasta el momento, no ha sido abordado con la profundidad y la atención que merece por parte de las disciplinas del libro y de la información.

Los siguientes párrafos tienen como objetivo confrontar al lector con la imposibilidad del crecimiento ilimitado dentro de una biosfera finita, y aproximarlo a la idea de "sostenibilidad" y a una serie de conceptos relacionados con ella, en particular el de "decrecimiento", ignorado en muchos espacios de discusión sobre desarrollo sustentable, incluyendo las bibliotecas. En el artículo se abordarán, además, los vínculos que pueden establecerse entre la sostenibilidad, el activismo y la biblioteca, sus servicios, actividades y políticas. Las ideas aquí vertidas pueden tomarse como simples puntos de partida o hilos conductores que permitan explorar una bibliografía internacional abundante y de abordaje urgente.

 

Introducción

 

Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.

Frase atribuida a Epicuro de Samos.

 

A los ojos de los observadores europeos del siglo XVIII, la naturaleza era una entidad de vida y fecundidad ilimitadas, lista para ser explotada por el hombre y satisfacer sus necesidades, su ambición y, por qué no, su (insaciable) avaricia. En aquellos tiempos de Revolución Industrial y profundas transformaciones sociales, el planeta y sus ecosistemas parecían capaces de soportar sin mayores inconvenientes tanto el aumento demográfico necesario para que la economía capitalista creciera continuamente como la explotación que brindara a esa economía las necesarias materias primas.

El plan –que no ha cambiado en los últimos dos siglos y jamás reconoció ni respetó límite alguno– consistía en explotar masivamente los recursos naturales renovables y no renovables (sobre todo minerales, energéticos y forestales) para alimentar un modelo de producción, distribución y consumo de mercancías y servicios que muy pronto demostró ser insostenible, tanto social como medioambientalmente. Dentro de la lógica y el discurso capitalistas, las ideas de "desarrollo" y de "progreso" quedarían desde entonces vinculadas a un crecimiento indefinido –medido convencionalmente como aumento del PNB– basado en la disponibilidad ilimitada de recursos y energía barata.

La estrategia hoy sigue siendo la misma. Pero el mundo del siglo XVIII, con sus 790-980 millones de habitantes, es bien diferente del contemporáneo, con una población de casi 7.400 millones de personas3. Y la capacidad de la naturaleza para soportar el asalto al que los humanos la han estado sometiendo a diario durante los últimos dos siglos (pero sobre todo durante los últimos 70 años) para sostener su idea de "crecimiento económico" ha disminuido dramáticamente. Así lo explica Daly (2008):

 

El cambio más importante en los tiempos recientes ha sido el crecimiento de un subsistema terrestre, la economía, en relación al sistema total, la ecosfera. Este tránsito de un mundo "vacío" a un mundo "lleno", ciertamente es "algo nuevo bajo el sol" [...] Cuánto más se acerque la economía a la escala de la Tierra, más tendrá que amoldarse al comportamiento físico de esta [...] Lo que queda del medio natural ya no es capaz de proveernos de recursos y sumideros para el flujo metabólico necesario para sostener la sobredimensionada economía actual, mucho menos una en crecimiento. Los economistas se han centrado en exceso en el sistema circulatorio de la economía y han desatendido su tracto digestivo [...] Durante 200 años hemos vivido en una economía de crecimiento [...] No podemos seguir creciendo, y de hecho el llamado crecimiento "económico" es ya antieconómico, provocando un incremento de los costes medioambientales a un ritmo mayor que el de la rentabilidad económica, haciéndonos más pobres y no más ricos, sobre todo en los países de alto consumo.

 

Ya no vivimos en un planeta ambientalmente "vacío", sino en uno saturado, exhausto y al borde del colapso. Coates y Leahy (2006) resumen en dos párrafos la presión a la que éste se ha visto sometido, los efectos estructurales del extractivismo, y la indiferencia mostrada hacia las evidencias del empobrecimiento, tanto ambiental como humano:

 

El análisis de la devastación ecológica, buena parte de ella ocurrida en los últimos 100 años, revela que nuestra economía es "extractiva". Una economía extractiva agota recursos no renovables, explota los renovables más allá de su capacidad de reposición, y daña irreparablemente la tierra, el mar y el aire. Además, la producción de toxinas junto con las aguas residuales domésticas e industriales superan con creces las capacidades de recuperación y regeneración de la Tierra. La Tierra no puede hacer frente a tales excesos: la actividad humana ha cambiado la química del planeta y ha alterado los ecosistemas de los cuales depende la civilización moderna. De hecho, ningún ecosistema terrestre está libre de la ubicua influencia de los vertidos químicos. El empobrecimiento ambiental ha venido acompañado de la explotación y el empobrecimiento humanos.

A pesar de la considerable cantidad de información y de la atención pública a los problemas medioambientales, la población en general y numerosas empresas y gobiernos no parecen dispuestos a tomar estos temas en serio y no han adoptado medidas eficaces en favor de prácticas sostenibles.

 

La naturaleza4 no ha sido la única en sufrir las nefastas consecuencias de un paradigma socio-económico abusivo y desquiciado. La sociedad global (seres vivos humanos) las ha padecido de igual manera. La extensión de la precarización, y el inmenso "ejército industrial de reserva" que la acompaña –con cientos de millones de desempleados en todo el mundo– no son una fatalidad: son uno de los resultados visibles de la imposición de ese modelo económico. Benach y Jódar (2015) proporcionan una descripción escalofriante:

 

El mundo vive hoy una situación laboral intolerable asentada en el desempleo, la precariedad laboral y la desigualdad. Según la OIT, en el mundo hay más de 200 millones de desempleados, casi 1.700 millones de trabajadores pobres (menos de dos dólares diarios), una incontable y desconocida legión de personas que trabajan en la economía informal y, lo que produce aún mayor escalofrío, un mínimo de 21 millones de esclavos, la cifra más alta de toda la historia de la humanidad.

 

Etiquetados como "desfavorecidos", todos estos seres humanos son prácticamente invisibles para el resto de sus congéneres, y terminan siendo arrojados como cualquier otro desecho industrial. La brecha entre personas "ricas" y "pobres" no ha hecho más que crecer sostenidamente desde la década de 19505, al tiempo que se ha consolidado el poder económico de las compañías multinacionales. Hace más de una década (2003) que el ensayista y profesor de filosofía moral ecosocialista Jorge Riechmann se preguntaba: "...a escala planetaria ¿no persiste y se agrava un apartheid entre ricos y pobres...?"

En un mundo dividido por desigualdades y abismos, y enfrentado a crisis ecológicas, sociales, económicas y políticas sin precedentes, mantener la estrategia dieciochesca del uso ilimitado de recursos, del crecimiento continuo y de la producción imparable es una auténtica locura. Una locura suicida.

Y sin embargo, la maquinaria no se detiene: continúa con el business as usual que nos lleva al ecocidio. Como si estuviesen poseídas por los antiguos y voraces espíritus wendigo6 de los mitos algonquinos, muchas personas en las sociedades capitalistas no logran ver lo que ocurre y otras prefieren ignorarlo o, peor aún, negarlo. Consciente o inconscientemente han elegido la senda del autoengaño7, una huida hacia delante que, pese a los parches tecnológicos, no hace más que agudizar las crisis ecológicas y sociales que enfrentamos.

 

Notas

[1] Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano; Estocolmo, 5-16 de junio de 1972. Vid. UNESCO (1973).

[2] Cabe destacar que IFLA ya había hecho pública una declaración similar más de una década antes, aunque ésta no tuvo tanta difusión. Vid. IFLA (2002).

[3] Según datos de PRB (2016) para el mes de agosto de 2016.

[4] Curiosamente, cuando se habla de "naturaleza" se suele hacer referencia al medio ambiente y los seres vivos no humanos que lo habitan, lo cual deja fuera de la imagen al ser humano (al parecer ajeno a las leyes naturales), cuyos problemas son tratados por separado. La división mental entre "mundo natural" y "mundo social" (y todo lo que rodea a la creación y el mantenimiento de tal fractura) probablemente haya jugado un rol importante a la hora de sustentar la explotación del planeta por parte del hombre.

[5] Para un relato alternativo al dominante del Banco Mundial y el FMI sobre la actual "erradicación de la pobreza" a nivel global, vid. p.ej. Kirk (2015). De acuerdo a algunas estadísticas, el 59% de la población actual viviría bajo el límite de la pobreza. Vid. asimismo UNDP (2016). Para un análisis detallado, vid. Odekon (2015).

[6] El wendigo, windigo o witiko es una entidad sobrenatural de varios pueblos algonquinos (Ojibwa, Saulteaux, Cree, Naskapi, Innu) de Canadá y los Estados Unidos. Poseída por una inmensa avaricia y un hambre insaciable, llega al canibalismo y otros excesos para satisfacer sus instintos. Los pueblos indígenas actuales han establecido paralelos entre la destrucción ambiental y la avaricia y el comportamiento del wendigo o de las personas poseídas por dicho espíritu.

[7] "Los economistas y los políticos también caen, curiosamente, en la misma práctica de autoengaño, buscando un discurso más atractivo que realista; por ejemplo, se habla de recuperar la senda del crecimiento aunque la realidad es que esta crisis económica no acabará nunca; de aceptar sacrificios ahora en pro de esa prosperidad futura cuando, en realidad, cada ajuste nos aboca al colapso catabólico; de planes de rescate necesarios para arrancar la economía cuando en realidad sirven para tapar los agujeros de los grandes bancos; de políticas de fomento del empleo que en realidad son la degradación de las condiciones laborales de los trabajadores; etc. Y es que, de nuevo, nuestros líderes buscan una narrativa heroica, en la que gracias a su tesón y sentido del Estado consiguen que todo vuelva a la situación anterior, es decir, al crecimiento sin fin. [...] Lo malo de la narrativa heroica es que no sólo es errónea, es que nos aboca al desastre" (Turiel, 2011).

 

Referencias

Debido a la longitud de la bibliografía de este artículo, se recomienda la descarga del mismo y la consulta de las referencias en formato .pdf.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 08.08.2017.

Foto: "Book on shelf" (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "Bibliotecas, sostenibilidad y decrecimiento", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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