El libro etrusco que envolvió una momia

El libro que fue mortaja

El libro etrusco que envolvió una momia (III)


 

Alejandría, 1848. Mihajlo Barić, un funcionario croata que había renunciado a su puesto en la Cancillería Real de Hungría en Viena para irse de viaje, compró un extraño souvenir: un sarcófago con una momia femenina en su interior.

Un papiro enterrado con ella permitió saber que aquel cuerpo era el de Nesi-hensu, la joven esposa de Paher-hensu, un rico sastre de la ciudad de Tebas. En el momento de su muerte llevaba el cabello corto, con rizos al estilo romano y teñido con henna, y las uñas pintadas de naranja. Fue enterrada con su calzado, y con un adorno metálico que le ceñía la frente.

De vuelta a su casa en Viena, la colocó en un rincón, expuesta a la admiración de sus amigos, conocidos y visitantes ocasionales; en algún momento despojó al cuerpo de sus vendajes, que depositó en una caja de cristal separada (aunque, curiosamente, jamás reparó en las anotaciones que cubrían su superficie). Las tiras de tela estuvieron guardadas en esa urna hasta la muerte de su propietario en 1859, cuando, junto con el cuerpo que habían cubierto, pasaron a manos del hermano de Barić, Ilja, un sacerdote en Eslavonia. Dado que este no sentía ningún interés por la momia, la donó al Instituto Estatal de Croacia, Eslavonia y Dalmacia en 1867.

Desde entonces tanto la momia como las vendas que la envolvían se conservan en esa institución, hoy el Museo Arqueológico de Zagreb (Croacia). Poco después de ser aceptados como donación, ambos elementos fueron examinados por el egiptólogo alemán Heinrich K. Brugsch (pionero en el desciframiento del demótico), que notó que el paño estaba escrito, aunque tomó aquellos signos por jeroglíficos egipcios. Tendría que pasar una década antes de que Brugsch descubriera su error, tras mantener una charla informal con el célebre explorador británico Richard Burton. Su segunda hipótesis no fue mucho mejor: supuso que aquel escrito era una transliteración del antiguo Libro de los Muertos egipcio a alguna antigua escritura arábiga.

En 1891 el manuscrito fue llevado a Viena, donde fue analizado por Jacob Krall, un experto en lengua copta, que, teniendo en cuenta el origen de la momia, consideraba que el sistema alfabético utilizado en sus vendajes tendría que ser copto, libio o cario. Sin embargo, para su propia sorpresa, Krall, identificó la lengua como etrusca, y fue el primero que intentó poner las tiras en orden.

Casi un siglo después, en 1985, el etruscólogo Francesco Roncalli limpió y restauró el documento, que estaba manchado de sangre y de productos para la momificación, antes de llevarlo a un laboratorio especializado (Abegg Foundation Berne, en Riggisberg, Suiza) para que fuese fotografiado. Este proceso le permitió reconstruir la forma original del zich, tomando como guía los dobleces del paño y los renglones.

La pieza de tela (originalmente, de unos 340 x 45 cm) que componía el zich fue cortada en Egipto en 11 tiras, con las cuales se hicieron 5 bandas para embalsamar el cuerpo de Nesi-hensu. Tras la reconstrucción realizada por Roncalli de las 3 bandas supervivientes, se sabe que el texto estaba organizado en 12 columnas, y se leía de derecha a izquierda (el sentido de escritura más habitual entre los etruscos). Los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre la forma original del libro: algunos creen que se enrollaba, mientras que otros sostienen que se plegaba en acordeón, y que cada columna habría funcionado como una "página" moderna.

Si bien no se sabe exactamente cómo comienza el libro (debido a la pérdida de al menos tres columnas de texto), su final está marcado por el borde u orillo del propio paño, que se ha mantenido intacto. El manuscrito cuenta con 230 líneas e incluye alrededor de 1300 lexemas legibles (que pueden reducirse a unas 500 palabras o raíces diferentes). Para escribirlos se usó tinta negra, mientras que para los signos diacríticos y para los renglones se empleó el color rojo.

Ya a mediados de los años 30' del siglo pasado, Karl Olzscha comparó el texto del Liber Linteus con otros de la península Itálica (p.ej. las Tabulae Iguvinae en umbrio o el Himno a Marte latino) y dedujo que se trataba de un calendario ritual: un texto litúrgico en el cual se describían ciertos sacrificios que debían ser realizados a varios dioses a lo largo del año. L. B. van der Meer ha llevado a cabo un profundo trabajo sobre los contenidos del documento, estableciendo la estructura del calendario, identificando buena parte de los dioses mencionados así como las ofrendas requeridas. Entre las deidades (eiser) se encuentra Lusa o Lusl, Tin y Nethuns (este último, probablemente, el dios de las aguas dulces).

Los futuros avances en la comprensión de la estructura y el vocabulario de la lengua etrusca permitirán, con toda probabilidad, sacar un mayor provecho a esas frases inscritas en un paño de lino hace más de dos milenios. Aunque hay preguntas que quizás nunca tengan respuesta: ¿cómo fue que un texto litúrgico etrusco llegó a envolver un cuerpo momificado en la Alejandría de los Ptolomeos?

 

Bibliografía

Altares, Guillermo (2016). Una piedra milenaria puede desvelar el misterio de los etruscos. El País, 19 de septiembre. [En línea].

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Van der Meer, L. Bouke (2007). Liber Linteus Zagrabiensis. The Linen Book of Zagreb. A Comment on the Longest Etruscan Text. Wilsele (Bélgica): Peeters Publishers.

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Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 24.01.2017.

Foto: Liber Linteus Zagrabiensis (enlace).

El texto corresponde a la tercera y última parte del artículo "El libro etrusco que envolvió una momia", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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