Los muchos caminos 02

Dos pasos por detrás

Los muchos caminos (II)


 

[Una versión resumida de este texto fue publicada como "Camino 02" de la columna trimestral del autor titulada "Los muchos caminos", incluida en De bibliotecas y bibliotecarios. Boletín electrónico ABGRA (Argentina, 8 (3), 2016). Las entradas de esa columna serán compartidas en este blog, en la sección correspondiente].

 

Tanta eficiencia en lo insignificante, tanta inoperancia en lo esencial.

Jorge Riechmann. Peces fuera del agua. Tegueste (Tenerife): Baile del Sol, 2016.

 

Sentado en una silla en el patio de su casa, con su bandoneón apoyado en un paño que le cubre el regazo, el músico correntino Eustaquio Miño –hijo del célebre "Toro Buey" Miño– mira con timidez a la cámara. Al igual que su progenitor, don Eustaquio ha sido, es y seguirá siendo un cultor del más tradicional chamamé, ese ritmo musical popular de la región noreste de Argentina que tiene como núcleo la provincia de Corrientes. El hombre hace un repaso cronológico de las grandes figuras chamameceras para un documental (Chamamé (3). Tradición y presente. Canal Encuentro, 2014). Comienza por los clásicos y llega a los últimos exponentes: esos que ya no se ciñen a las formas y estilos del chamamé tradicional que supo cultivar Miño padre y que continúa su heredero. Y cierra su discurso, plagado de intervalos silenciosos, diciendo:

 

Hay un montón de gentes nuevas que... que están haciendo una música como... diría alguno, "de avanzada", viste...
Nosotros [se encoge de hombros]... nos quedamos un poco en el tiempo. Pero por cuidar esto.

 

Esta breve digresión musical –en una columna con intenciones bibliotecológicas– tiene la intención de ilustrar, con un fragmento de cultura popular argentina, una idea que debería ser clave dentro de las modernas disciplinas del libro y la información, y que de momento solo es aplicada por una exigua minoría: la de mantenerse siempre dos pasos por detrás. En la personal cartografía del universo bibliotecario que pretendo esbozar a través de estos textos, el camino que hoy traigo a colación es uno de los menos transitados; podría decirse, incluso, que es evitado. A veces por mero desconocimiento. Otras, no tanto. Aquellos que deciden andar por él deben rastrear atentamente una huella desvaída –como si se tratara de un deshilachado sendero de cabras y pastores– o abrirse paso a machetazos. Literalmente.

En las postrimerías del siglo pasado, el conocimiento y la información se convirtieron en el eje de un nuevo paradigma socio-cultural y tecnológico: la Sociedad de la Información. El mercado y las grandes industrias no dejaron pasar aquella prometedora oportunidad de negocio, y el modelo adoptó en seguida un carácter eminentemente económico, dominado por esquemas de claro signo capitalista. Desde entonces, cada vez son más las facetas del saber sometidas a una fuerte mercantilización, y gobernadas por las reglas de la oferta y la demanda, de la obsolescencia programada, del consumismo desmedido...

Sobra decir que las bibliotecas son unas de las principales afectadas por estos hechos. Se ha escrito mucho –sobre todo desde una perspectiva crítica, progresista, social y radical, pero no únicamente– acerca de la influencia del capitalismo y el consumismo en la gestión del conocimiento humano en general, y en las bibliotecas e instituciones afines en particular: desde los artículos de John Buschmann y el trabajo de Crawford y Gorman hasta el Technopoly de Postman y las conferencias de Santiago Alba Rico. Los análisis más profundos delatan hasta qué punto las disciplinas del libro y la información se han visto abocadas (¿empujadas?) a una carrera hacia un futuro incierto y a un consumo desmedido de determinados servicios, productos y recursos. En esa competición se han ido descuidando, cuando no ignorando o fomentando su paulatina desaparición, misiones y funciones tradicionales, que en la actualidad parecen haber perdido su anterior importancia.

Lo cierto es que la biblioteca siempre representó, para las distintas sociedades humanas, un puerto seguro en donde echar el ancla, e incluso un faro que permitía orientarse en tiempos convulsos o, por decirlo de algún modo, demasiado "gaseosos". Para lograr esa respetada posición de referencia, ese rol de "tierra firme", la biblioteca se mantuvo dos pasos por detrás de la novedad. Y del ruido. Ello jamás significó que la institución no se actualizase, que no evolucionase de manera más o menos acorde con la sociedad a la que servía, que no creciese y cambiase para responder a las necesidades de sus usuarios. Pero esos cambios eran lentos, se producían por una razón y siguiendo un método, merecían una reflexión y un análisis crítico previo. Buenas costumbres que, al parecer, la biblioteca ha ido abandonando.

Refugio de nuestros relatos, depósito de memorias y expresiones culturales de una sociedad pequeña o de todo un mundo, guardiana de saberes –estratégicos o no–, la biblioteca no puede darse el lujo de "no hacer pie" en las aguas turbulentas que caracterizan nuestro presente, o de dejarse arrastrar por los muchos cantos de sirenas que suelen surgir entre la niebla. Heredera de una larga cadena profesional que se remonta a los inicios de la escritura, la biblioteca debe mantener una actitud firme y responsable: no en vano entre sus manos descansa el conocimiento, la historia y la identidad de sociedades enteras.

Mientras un ojo bibliotecario mira hacia el futuro, atento a la irrupción de nuevas corrientes, el otro no debe perder de vista la estela que queda detrás (o delante, como señalan acertadamente los Aymara al posicionar el pasado), y de la que forman parte nuestros estantes y nuestras bases de datos. Pues eso, precisamente eso, es lo que hace que una biblioteca sea valiosa para su comunidad: no solo su capacidad para organizar el conocimiento, sino también la de ser un referente sólido en contextos tan complejos, inciertos y volátiles como el actual.

Exploremos, experimentemos, ensayemos. No perdamos de vista las novedades. Pero no dejemos de estar siempre dos pasos por detrás de la primera línea. Como decía don Eustaquio, "por cuidar esto".

 

Referencias

Alba Rico, Santiago (2014). Tecnoloxía, opresión e participación. XXXI Semana Galega de Filosofía. "Filosofía e revolución" (Pontevedra, 21-25 de abril). [En línea].

Blanke, Henry (1990/1991). Libraries and the commercialization of information: Towards a critical discourse of librarianship. Progressive Librarian, 2, pp. 9-14.

Buschmann, John (1993). Information technology, power structures and the fate of librarianship. Progressive Librarian, 6-7, pp. 15-29.

Crawford, Walt; Gorman, Michael (1995). Future libraries: Dreams, madness, and reality. [S.l.]: American Library Association. [Cap. 3, "The madness of technolust"].

Leckie, Gloria; Given, Lisa; Buschman, John (2010). Critical theory for library and information science. Santa Barbara, CA: Libraries Unlimited.

Postman, Neil (1992). Technopoly: The Surrender of Culture to Technology. Nueva York: Vintage Books.

Spencer, J; Millson-Martula, C. (eds.) (2009). Critical Thinking within the Library Program. Londres, Nueva York: Routledge.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 01.11.2016.

Foto: Book with Wings. Obra de Anselm Kiefer. Modern Art Museum, Fort Worth, Texas (EE.UU.) (enlace).

El texto corresponde al artículo "Dos pasos por detrás", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu.

 


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