Palabras ancladas 02

Historias en blanco y negro

Palabras ancladas (II)


 

[Una versión resumida de este texto fue publicada como "Eslabón 02" de la columna bimestral del autor titulada "Palabras ancladas", incluida en la revista Fuentes. Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia (vol. 10, nº 44, mayo-junio de 2016). Las entradas de esa columna serán compartidas en este blog, en la sección correspondiente].

 

Ya fuese tinta de hollín y agallas sobre un fino pergamino de cordero o carbón frotado sobre letras raspadas en una hoja de palma de Ceilán, la historia de los materiales escritos está llena de elementos, páginas y soportes de tonos claros sobre los que se han trazado signos de color oscuro. Mucho menos abundantes, y quizás por ello más llamativos, resultan aquellos que presentan letras claras sobre un fondo oscuro. Como si se tratase de negativos.

Estos documentos, tan interesantes como curiosos –al menos desde una perspectiva occidental– pueden encontrarse sobre todo en Asia: los manuscritos bothī tibetanos de grueso papel teñido de índigo y escritura dorada, o los samut thai dam tailandeses son buenos ejemplos. Pero sin duda alguna los más renombrados dentro de esta particular categoría libresca son los parabaik de Myanmar, la antigua Birmania.

El término parabaik designa un antiguo formato de manuscrito birmano plegado, en cuya elaboración intervenían varias láminas de un papel grueso, basto y muy fuerte llamado , fabricado con bambú, corteza de morera, paja de arroz u hojas. Esas láminas se unían formando una tira relativamente larga, la cual se plegaba en forma de acordeón entre una y 64 veces; el número de tales pliegues permitía clasificar los manuscritos resultantes en siete tipos distintos.

Las "hojas" resultantes medían unos 15 x 40 cm en los parabaik grandes y unos 8 x 15 cm en los pequeños. Con las dos páginas iniciales y las correspondientes páginas finales se armaban sendas cubiertas o tapas, que se endurecían pintándolas con una densa laca negra extraída del árbol thitsi (Melanorrhoea usitata).

Si el papel iba a ser utilizado para ilustraciones y pinturas se dejaba de color natural. Por el contrario, si se iba a escribir en él, se lo ennegrecía frotándolo con hollín o con carbón pulverizado. Así nacían los famosos parabaik negros.

A la hora de marcar los estilizados trazos circulares del alfabeto birmano sobre semejante superficie se usaba un pedazo puntiagudo de esteatita, cal o yeso. Básicamente, era como escribir con un trozo de tiza sobre una pizarra escolar. Y, en ocasiones, el parabaik funcionaba como tal. Así, cuando un texto ya no era necesario, podía ser borrado con un paño húmedo o cubierto con tinta para seguir escribiendo encima. Este mecanismo de máximo aprovechamiento del material generaba, al mismo tiempo, unos complejísimos palimpsestos.

Cabe señalar que el reiterado uso, entintado y re-uso de los manuscritos tenía un límite: a pesar de protegerlo frotándolo con aceite, gachas de arroz y hojas de olor fuerte (p.ej. las de Azadirachta indica), el no solía durar más de un siglo y medio. Esta es la razón por la cual actualmente solo se conservan parabaik producidos desde mediados de la dinastía Konbaung (1752-1885).

Este soporte fue utilizado desde el siglo XIV hasta bien entrado el siglo XIX, cuando en Myanmar se adoptó el papel occidental. Se lo empleaba tanto en ámbitos oficiales como privados, sobre todo para tomar notas o realizar borradores de textos que luego se transcribirían a manuscritos de hojas de palma (pei-za, peza o pay hcar). En un mismo parabaik podía haber textos sobre distintos temas: administración central o local, reglamentos, materias judiciales, préstamo de dinero, contratos, herencias, práctica médica y farmacéutica, poesía y literatura, astrología, e incluso instrucciones para tatuajes. Excepto para asuntos religiosos, se usaron para todo, lo que los convierte en excelentes fuentes de información para los investigadores de la historia de la actual Myanmar.

La vida de los parabaik fue azarosa: su principal enemigo no fueron los muchos insectos, la demasiada humedad, las frecuentes inundaciones y los no menos raros incendios, sino los conflictos armados. La historia birmana está alfombrada de bibliotecas y archivos destruidos por ejércitos: los de Pagán en 1287 por los primeros invasores mongoles, los del Reino de Ava en 1525 por la Confederación de Estados Shan, los del Reino Hanthawaddy en 1565 por una rebelión, los de la dinastía Toungoo en 1600 por los del Reino de Mrauk U, más documentos Toungoo en 1754 por tropas Hanthawaddy, los registros sobrevivientes de Hanthawaddy por fuerzas de la dinastía Konbaung en 1757, los de Konbaung por los británicos en 1885...

Los negros manuscritos supervivientes se encuentran dispersos por toda Myanmar en un lamentable estado de conservación. Son numerosas las pérdidas de colecciones completas de parabaik guardados localmente. Y muchos de los que aún se mantienen enteros padecen la más grave enfermedad que pueda tener un documento de este tipo: los caracteres se desprenden de sus páginas. Afortunadamente, en la actualidad existen varias iniciativas de búsqueda, recuperación, organización y digitalización que tratan de dar una nueva oportunidad a estos tesoros del Asia sudoriental, obras maestras del contraste de colores.

 

Referencias

Crossby, Kate (2013). Theravada Buddhism: Continuity, Diversity, and Identity. Malden, MA: Wiley Blackwell.

Dean, John F. (s.f.). Conservation and Stabilization of Palm Leaf and Parabaik Manuscripts. [En línea].

Herbert, Patricia (1989). The Making of a Collection: Burmese Manuscripts in the British Library. Electronic British Library Journal. [En línea].

Khine, Myat (1986). The Fine Writings on Ancient Parabaiks. Forward, October, pp. 22-25.

Raghavan, V. (1979). Preservation of Palm-leaf and Parabaik Manuscripts and Plan for Compilation of a Union Catalogue of Manuscripts. París: UNESCO. [En línea].

University of Aichi (2002). Database of Myanmar Parabaik Manuscripts. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 23.08.2016.

Foto: Parabaik negro. Copia de la epístola a los monjes de Rakhine, enviada por el monje birmano Atula Hsayadaw Shin Yasa en 1761. Database of Myanmar Parabaik Manuscripts, 2002, de Universidad de Aichi, Japón (enlace).

El texto corresponde al artículo "Historias en blanco y negro", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu.

 


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