2 ago. 2016

Los muchos caminos 01

Las trampas de la clasificación

Los muchos caminos (I)


 

[Una versión resumida de este texto fue publicada como "Camino 01" de la columna trimestral del autor titulada "Los muchos caminos", incluida en De bibliotecas y bibliotecarios. Boletín electrónico ABGRA (Argentina, 8 (2), 2016). Las entradas de esa columna serán compartidas en este blog, en la sección correspondiente].

 

Los profesionales de la información trabajan cada día en el diseño y selección de sistemas y estándares de clasificación [bibliográfica], aunque pocos los ven como artefactos que plasman elecciones morales y estéticas, las cuales, a su vez, moldean las identidades, aspiraciones y dignidad de las personas.

Geoffrey C. Burker y Susan L. Star. Sorting things out: classification and its consequences. Cambridge: MIT Press, 2000, p. 4.

 

El intento de cartografiar el mundo de las bibliotecas no puede dar como resultado una serie de fotos fijas, sino una imagen dinámica. Representar sus contornos y regiones a lo largo de cinco milenios, señalar las rutas y corrientes que han ido atravesándolo y las que se abren hoy, o marcar las terrae incognitae que todavía permanecen inexploradas son tareas en constante evolución.

En esta columna trimestral, y como si se tratara de un personal diario de viaje, compartiré breves descripciones de algunos itinerarios de ese maravilloso universo bibliotecario. Caminos que merecen ser nombrados, recordados o (re)descubiertos; miradores y sendas que necesitan ser visitados; paisajes profesionales que hay que disfrutar; tierras nuevas en las que hay que abrir trocha... Y por supuesto, rincones que es preciso evitar, por sus cenagales, sus peligros, o por los cepos que se esconden bajo la hojarasca.

Quizás las trampas más peligrosas en este mundo bibliotecario que habitamos, transitamos y modelamos día a día con nuestros quehaceres son las que se encuentran en nuestro lenguaje. Suelen ser las más difíciles de identificar (y de desterrar), sobre todo cuando las hacemos nuestras y las naturalizamos. Para los bibliotecarios, los lenguajes documentales son los códigos comunes de la profesión, y son precisamente los que más espinas esconden en su interior. En especial las clasificaciones.

Una clasificación bibliográfica es, grosso modo, un esquema empleado para la organización de cualquier tipo de recurso informativo. En la mayor parte de los casos, tales esquemas responden a un modelo taxonómico: tal y como ocurre con las clasificaciones biológicas, sus categorías ("clases") están organizadas de acuerdo a unas estructuras jerárquicas bien definidas. Al ubicar una categoría en un punto determinado de ese andamiaje, esta adquiere un significado concreto y único merced a las relaciones (de jerarquía, de equivalencia, de asociación) que establece con el resto de las categorías que componen el esquema.

Las clasificaciones bibliográficas de uso más extendido en la actualidad (CDU, CDD y LC) utilizan, como base informativa para construir y poblar sus tablas, una serie de fuentes especializadas (p.ej. tesauros químicos, taxonomías zoológicas, clasificaciones geológicas) basadas fundamentalmente en el sistema de conocimiento occidental. Eso hace que, pese a ser presentadas como esquemas con conceptos "comunes" e "internacionales" y notaciones "universales" que pueden ser empleadas en unidades de gestión de información de todo el mundo, incluyan en realidad categorías plagadas de sesgos eurocéntricos y, en muchos casos, ajenas a culturas no europeas.

A esto se suma otro problema íntimamente relacionado con el anterior: las clasificaciones reflejan las opiniones, estereotipos y discriminaciones propias de la época en la que fueron elaboradas. Son un resumen de la cosmovisión dominante en un momento y un lugar determinados. De esta forma, entre las clases de la CDU, la CDD y la LC se encuentran no pocos trazos racistas, xenófobos, colonialistas, imperialistas, homófobos y sexistas propios de la Europa de finales del siglo XIX y principios del XX.

Al igual que cualquier otra clasificación, las bibliográficas funcionan como casilleros llenos de celdas predeterminadas, en las cuales ir colocando elementos. La elección de qué celdas componen esos casilleros y de los límites que las definen recae, en última instancia, en el diseñador de la clasificación. Éste decide qué clases se incluyen, y cuáles se silencian, se evitan, se alteran o se maquillan. En este contexto, las realidades "minoritarias" o "alternativas" (políticas, sexuales, sociales, económicas, etarias, étnicas, lingüísticas, religiosas, etc.) no suelen ser tenidas en cuenta. En muchas ocasiones, para clasificar ciertos conocimientos es preciso adoptar el principio de la "cama de Procrustes": mutilándolos drásticamente (haciendo que pierdan, casi siempre, su significado original) para hacerlos encajar en una clase que no fue pensada para ellos.

Las discusiones propiciadas en las últimas tres décadas por los trabajos de autores como Sanford Berman o Hope Olson han puesto de manifiesto muchas de las limitaciones y distorsiones de los lenguajes documentales en general. Conscientes de ellas, los equipos editoriales de algunas clasificaciones bibliográficas están trabajando en su revisión y actualización: la última edición en castellano de la CDU (AENOR, 2015), por ejemplo, corrige numerosos errores, eliminando términos claramente xenófobos y homófobos o reconstruyendo estructuras absolutamente europeas para darle cabida a otras perspectivas (p.ej. la clase 2 - Religión). La comunidad internacional está haciéndose eco, asimismo, de la necesidad de abandonar las visiones eurocéntricas: el próximo congreso general de IFLA (Columbus, Estados Unidos, agosto de 2016) acogerá una serie de conferencias coordinadas por la sección de Clasificación e Indización sobre encabezamientos de materia indígenas ("Reclaiming subject access to indigenous knowledge"), mientras que la revista Cataloging & Classification Quarterly abordó el tema de la organización del conocimiento indígena en un reciente número monográfico (53 (5-6), 2015), recogiendo el trabajo de un buen número de investigadores.

 

Referencias

Esteban Navarro, Miguel Ángel (1995). Fundamentos epistemológicos de la clasificación documental. Scire, 1 (1), pp. 81-101. [En línea].

Ranganathan, Shiyali Ramamrita (1989). Philosophy of Library Classification. Bangalore: Sarada Ranganathan Endowment for Library Science.

Shupak, Harris (1974). "Classification: A definition". En: Painter, Ann F. (ed.) Classification: Theory and practice. Drexel Library Quarterly, 10 (4), pp. 4-10.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Foto: Túnel de libros. Biblioteca Municipal de Praga, República Checa. Por Matej Kren (enlace).

El texto corresponde al artículo "Las trampas de la clasificación", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu.

 


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