La bibliotecología social está en la calle

La bibliotecología social está en la calle

[Algunas ideas a vuelapluma]


 

¿Basta con poseer una conciencia crítica — a la que uno saca a pasear dos veces al día como haría con su perrito de lanas? No, debería estar claro que no. De poco sirve una conciencia crítica que no se vincule con la acción colectiva. Lo que necesitamos son conciencias críticas en contextos de praxis.

Jorge Riechmann. Peces fuera del agua. Tegueste: Baile del Sol, 2016.

 

No es una idea abstracta, ni el delirio idealista de un puñado de soñadores, ni el proyecto de un grupo de estudiantes. Ni siquiera es un asunto partidista, institucional o académico. Tampoco es algo que haya que construir, ni que esté por llegar; mucho menos necesita de [autoproclamados] líderes, gurúes, expertos, dueños o maestros. La bibliotecología social, progresista, crítica, responsable, comprometida y activista está viva en la calle, en bibliotecas de todo el mundo; es una construcción colectiva, alimentada a diario y movida desde hace mucho tiempo por miles de manos y de cabezas. Ocurre que la mayoría de los que la practican no lo saben.

Y lo que es mucho peor: muchos de los que se llenan la boca con ella no la ejercitan.

 

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La llamada "bibliotecología crítica", "social" o "progresista" [1] se define como una corriente de pensamiento y acción dentro de las disciplinas del libro y la información.

Se denomina "de pensamiento y acción" porque ambos procesos deben ir de la mano, íntimamente enlazados, e interactuar continuamente. Deben complementarse y retroalimentarse, por lo menos si se pretende obtener algún resultado concreto a partir de las reflexiones, o algún cambio significativo y duradero a partir de las acciones [2].

Desde el punto de vista del "pensamiento", es una corriente que analiza críticamente los temas que aborda, y que lo hace desde una perspectiva social y progresista, lo cual implica hacerlo desde la izquierda. Lejos de posiciones partidistas (o "políticas" en el sentido coloquial de la palabra), por "izquierda" se entiende en este texto lo que el filósofo australiano Peter Singer recogió, de boca del activista belga-estadounidense Henry Spira, en su libro Una izquierda darwinista (New Haven: Yale University Press, 2000):

 

Cuando le pregunté por qué se había pasado más de medio siglo luchando por esas causas, respondió sencillamente que estaba de parte del débil, no del poderoso; del oprimido, no del opresor; de la montura, no del jinete. Y me habló de la inmensa cantidad de dolor y sufrimiento que hay en nuestro universo, y de su deseo de hacer algo por reducirla. En eso, creo yo, consiste la izquierda.

 

Por otro lado, desde la perspectiva de la "acción", promueve una práctica bibliotecaria que cuestione la realidad; que sea consciente de los problemas a los que se enfrenta la sociedad actual, tanto desde una perspectiva macro (violaciones de derechos humanos, agotamiento de los recursos naturales, racismo, violencia de género y otros problemas a gran escala) como de una micro (problemas locales); y que haga su parte y su aporte en la resolución de esos problemas, y permita introducir cambios tangibles en la realidad utilizando distintas estrategias.

No se trata sólo de un espacio de producción teórica, o de construcción de una intelectualidad, un discurso o un modelo mediante la lectura de determinados autores y la discusión de un puñado de ideas dentro de ciertos grupos cerrados; como señala el filósofo y activista español Jorge Riechmann en la cita de apertura, "de poco sirve una conciencia crítica que no se vincule con la acción colectiva". Tampoco consiste únicamente en llevar a cabo un conjunto de acciones: tiene que haber una reflexión previa y una evaluación constante que guíe y cimiente lo que se hace. Se trata de una combinación de ambos elementos; una que requiere de un contacto directo con esa realidad que se pretende entender, analizar, y transformar.

 

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Son numerosos los bibliotecarios "de trinchera" (aquellos que se desempeñan en bibliotecas de base: rurales, escolares, populares, públicas...) que desarrollan, en su quehacer diario y desde sus puestos de trabajo, una labor de militancia y de activismo [3]. Una labor comprometida con su comunidad y con ideas como garantizar el acceso a la información (especialmente la estratégica) o apoyar la educación básica, la práctica de la lectura y otros procesos socio-culturales de la ciudadanía. Una labor adaptada a sus condiciones y circunstancias, discutida una y otra vez (con otros colegas, con sus usuarios, con otros actores sociales, consigo mismos), y construida desde la información y la crítica y, por qué no, también desde el ensayo y el error.

Ellos raramente usan etiquetas para describir o clasificar su trabajo. Por lo general, ni siquiera son conscientes de que lo que hacen es un ejemplo clarísimo de bibliotecología activa, comprometida, responsable y progresista. Sin embargo, lo es, y ahí está. Ahí ha estado siempre.

El propio sistema hegemónico, injusto y desigual, es el que mantiene su llama encendida. Es el que empuja a esos bibliotecarios a buscar caminos alternativos, soluciones posibles, ideas practicables. El que los lleva a defender aquello que consideran justo y necesario. El que los mantiene atentos, luchando y resistiendo un día tras otro.

Es un camino largo y complejo, para el que no suele haber guías o manuales, mucho menos cursos o apuntes en las escuelas y facultades de Bibliotecología. Supone salir a la calle, escuchar a la gente, sentir sus problemas, y colaborar en la búsqueda de herramientas que pongan coto y freno al dominio, la explotación, la injusticia, el desequilibrio, la censura, la corrupción... Exige dejar de lado las individualidades y trabajar colectivamente, creando redes que difundan experiencias e intercambien información valiosa.

Existen ejemplos en casi todos los rincones del mundo. Basta con acercarse, aprender y comenzar a participar. El resto del camino se hará andándolo.

 

Notas

[1] Al respecto, y como complemento, pueden verse los artículos ¿Qué es la bibliotecología progresista? Una aproximación básica y Contra la 'virtud' de asentir está el 'vicio' de pensar: Reflexiones desde una bibliotecología crítica (Civallero, 2012) en Acta Académica.

[2] Se trata de un proceso similar al desarrollado por la técnica de action-research o investigación-acción: la participación activa en una acción determinada (generalmente una de cambio) mientras se desarrolla un proceso de investigación y reflexión; ambos elementos se retro-alimentan mutuamente. Vid. p.ej. Davison, R.; Martinsons, M.; Kock, N. (2004). Principles of canonical action research. Information Systems Journal, 14 (1), pp. 65-86; Greenwood, D. J.; Levin, M. (2007). Introduction to action research. Thousand Oaks (CA): Sage Publications; y Reason, P.; Bradbury, H. (eds.) (2007). Handbook of Action Research. Londres: Sage Publications.

[3] "Enérgicos defensores del conocimiento adquirido a través del estudio, la comunicación, la investigación o la instrucción". Definición de A. Molaro (2009). On my mind: Information Activist. American Libraries, 40 (12), p. 37.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 16.08.2016.

Foto: Instalación del colectivo español Luzinterruptus en Melbourne (Australia) en 2012. En Architizer (enlace).

El texto corresponde al ensayo breve "La bibliotecología social está en la calle", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu.

 


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