Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda

Los primeros soportes

Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda (II)


 

Aunque la piedra, el bronce, el hueso y el caparazón de tortuga se encuentran entre los primeros soportes de signos escritos en Asia oriental y central, su empleo no fue generalizado. Los dos primeros aparecen sobre todo en estelas y monumentos conmemorativos, mientras que los segundos tuvieron un carácter principalmente ceremonial (sobre todo como jiǎgǔ o placas para rituales de adivinación piromántica en China).

El bambú y la madera, en cambio, sí tuvieron un uso mucho más extendido. En su diccionario Shuō wén jiě zì ("Comentario de caracteres simples y explicación de caracteres compuestos", ca. 100, dinastía Hàn Oriental), Xŭ Shèn explicó que con el término shū (registros, historias, libros) se denominaba a todos los textos escritos en bambú, lo que equivale a decir que el bambú era el soporte librario por antonomasia.

En China se conservan restos de estos dos materiales que datan del periodo de los Estados Combatientes (476-221 a.C.), aunque algunas fuentes los sitúan ya a finales de la dinastía Shāng (1600-1050 a.C.). Fueron el soporte de escritura estándar durante los Hàn (206 a.C.-220 d.C., vid. Loewe, 1997) y continuaron utilizándose, pero ya no de forma generalizada, al menos hasta los siglos III o IV.

La madera () era empleada para mensajes cortos y el bambú (zhú), para mensajes largos y libros. Hasta los tiempos de Confucio (551-479 a.C.), los textos escritos sobre bambú eran estrictamente oficiales, pero con el paso del tiempo el material se fue popularizando. La caña se cortaba en segmentos de longitudes determinadas; se les quitaba la corteza y se los partía en láminas anchas que se secaban al fuego para eliminar la savia, que de otra manera se descompondría y atraería insectos. Una vez secas, las láminas se cortaban en tiras (jiăn) de unos 20-25 cm de longitud y lo suficientemente anchas como para que pudiera escribirse en ellas una columna simple de caracteres (a veces más). Con la madera se seguía un proceso similar, aunque las tiras resultantes eran más anchas y más frágiles.

Las piezas de bambú, más fuertes que sus pares de madera, podían perforarse en un extremo para ser enhebradas con hilo de seda o un cordel de cuero, lo cual permitía ordenarlas secuencialmente y enrollarlas luego. A veces se "encuadernaban" antes de ser escritas, pero lo tradicional era hacerlo después. El resultado se denominaba jiǎn cè ("volumen/libro de varillas/tiras"). Para evitar que el texto sufriera daños o se perdiera una parte del mismo, las dos primeras tablillas (zhuì jiǎn) de la secuencia –las que quedaban más expuestas al exterior cuando el conjunto se enrollaba– se dejaban en blanco. Solía agregarse una tablilla adicional como etiqueta (qiǎn) en la que se anotaba el título; todo el trabajo se protegía con una envoltura (zhi) (NPM, 2014).

Para la escritura se usaban pincel y tinta (Wilkinson, 2000; Cunxun, 2004). Otra herramienta accesoria era el cuchillo con que se raspaba el texto para borrar y hacer correcciones; ese instrumento se convirtió en un símbolo de poder entre funcionarios, pues les permitía corregir los "intocables" registros oficiales (Loewe, 1997).

Gracias a la antigua costumbre de enterrar libros de bambú en tumbas reales se han podido recuperar numerosos ejemplares mediante excavaciones arqueológicas. Uno de los más notables es el inventario de 312 tiras en el que figuran los objetos de la tumba de Xīn Zhuī, la Dama o Marquesa de Dai, enterrada en el 163 a.C. en Zhăngshā, provincia de Húnán, y descubierta en 1971 (Liu-Perkins, 2014). Están también las 288 tiras de la tumba #2 de Bāoshān, provincia de Húběi, descubiertas en 1987 y datadas en el 316 a.C.; las de las tumbas de Guōdiàn, provincia de Húběi, pertenecientes al estado de Chŭ y datadas en la segunda mitad del periodo de los Reinos Combatientes (476-221 a.C.); y las tiras del Museo de Shanghai, también del estado de Chŭ (Shaughnessy, 2014).

Estos libros podían llegar a ser bastante pesados: de hecho, los rollos de bambú solían llevarse de un lado para otro en carretillas, y se decía de un letrado que poseía "cinco carretillas de conocimiento" (Monro, 2014). El emperador Zhèng de la dinastía Qín (221-206 a.C.) revisaba a diario unos 60 kg de documentos de Estado (Carter, 1925). Esta característica dificultaba la organización, el transporte y la consulta de los documentos escritos; los más largos (y, por ende, los más voluminosos) quedaron reservados sobre todo para los archivos oficiales y las bibliotecas de las elites.

Desde el periodo de los Estados Combatientes hasta la época de la dinastía Táng (es decir, desde el 476 a.C. hasta el 907 d.C.) se utilizó seda como soporte alternativo al bambú y a la madera. Sin embargo, debido a su elevadísimo costo, no era un material muy popular. Se elaboraban rollos (juǎn) similares a los de bambú cosiendo paños hasta lograr una tira larga; se agregaba una varilla de madera que permitía enrollar el conjunto y se dejaba una sección de tela en blanco (el margen superior, tiān tóu) como cubierta. Se han encontrado cartas escritas sobre seda, posiblemente de la dinastía Hàn, enterradas cerca de la Gran Muralla (Carter, 1925).

Dado que, según los propios registros oficiales, se consideraba que "la seda era muy cara y el bambú, muy pesado", el desarrollo de la tecnología del papel supuso un gran avance. Tradicionalmente se atribuye su invención a Cài Lún, un funcionario de la dinastía Hàn Oriental, en el 105, aunque la evidencia arqueológica señala que el material se utilizaba desde al menos cien años antes (Wilkinson, 2000).

Para el siglo II ya se producía un papel de buena calidad en China, y durante los dos siglos siguientes ese material fue reemplazando a los anteriores, para alegría de escribas y archiveros. Con una larga historia de documentos enrollados a sus espaldas, y acostumbrados a ese formato, los chinos comenzaron a usar el papel también en rollos, pegando una lámina a continuación de la otra (una encuadernación llamada juànzhóu zhuāng). El formato pasó a Corea como gweonjabon o durumari (Song, 2009) y luego a Japón (makimono o kansubon), en donde se volvió muy popular (Sánchez-Molero, 2013).

Si bien ninguno de los materiales y formatos mencionados hasta aquí (caña, madera, seda o rollos de papel) está presente entre los manuscritos de Dūnhuáng, son los predecesores de todas las formas documentales que vendrían a continuación.

Debido a los problemas que presentaba a la hora de buscar información dentro de un documento, hacia el siglo IX se trató de reemplazar el papel enrollado por la encuadernación tipo pothī (fànjiā zhuāng), que imitaba los manuscritos de hoja de palma importados de la India, pero utilizando papel. El fracaso de ese intento hizo surgir nuevas alternativas, como la encuadernación en acordeón o "de sūtra plegada" (jīngzhě zhuāng), destinada a textos religiosos, y la encuadernación en torbellino (xuànfēng zhuāng), también llamada encuadernación "escamas de dragón" (lónglín zhuāng), destinada a los volúmenes de referencia.

Con la aparición de los tempranos sistemas de impresión xilográficos (con bloques de madera) se comenzó a pegar hojas de papel dobladas, dando lugar al sistema de encuadernación "mariposa" (húdié zhuāng). Sin embargo, algunas desventajas de ese esquema obligaron a introducir mejoras, que para el siglo XIII dieron como resultado la encuadernación "envuelta" (bāobèi zhuāng). Entre el final de la dinastía Míng (1368-1644) y el inicio de la Qīng (1644-1911) los libros empezaron a coserse con hilo de seda o algodón, produciendo tomos con cubiertas blandas (encuadernación cosida o xiàn zhuāng) (Brokaw y Chow, 2005; Chinnery, s.f.).

Estas etapas de la historia del libro en Asia están perfectamente reflejadas en Dūnhuáng.

 

Bibliografía citada

Brokaw, Cynthia J.; Chow, Kai-Wing (eds.) (2005). Printing and Book Culture in Late Imperial China. Berkeley: University of California Press.

Carter, Thomas F. (1925). The Invention of Printing in China and its Spread Westward. Nueva York: Columbia University Press.

Chinnery, Colin (s.f.). Bookbinding. International Dūnhuáng Project. [En línea].

Cunxun, Qian (2004). Written on Bamboo and Silk: The Beginnings of Chinese Books and Inscriptions. 2.ed. Chicago: University of Chicago Press.

Liu-Perkins, Christine (2014). At Home in Her Tomb. Lady Dai and the Ancient Chinese Treasures of Mawangdui. Watertown (MA): Charlesbridge.

Loewe, Michael (1997). Wood and bamboo administrative documents of the Han period". En Shaughnessy, Edward L. (ed.). New Sources of Early Chinese History. Society for the Study of Early China. [S.d.]: Universidad de California, pp. 161-192.

Monro, Alexander (2014). The Paper Trail: An Unexpected History of a Revolutionary Invention. Londres: Penguin UK.

NPM [National Palace Museum] (2014). Book binding in historic China. The Dao of Book Protection. [En línea].

Sánchez-Molero, José Luis Gonzalo (2013). Leyendo en Edo: Breve guía sobre el libro antiguo japonés. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Shaughnessy, Edward L. (2014). Unearthing the changes. Recently discovered manuscripts of the Yi Jing and related texts. Nueva York: Columbia University Press.

Song, Minah (2009). The history and characteristics of traditional Korean books and bookbinding. Journal of the Institute of Conservation, 32 (1), pp. 53-78.

Wilkinson, Endymion (2000). Chinese History: A Manual. Cambridge: Harvard University Press.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 21.06.2016.

Foto: "Group of 23 Chinese Bamboo Slips", de iGavel Auctions (enlace).

El texto corresponde a la segunda parte del artículo "Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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