Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda

Dūnhuáng

Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda (I)


 

Cuando el emperador chino Wŭ, de la dinastía Hàn Occidental, derrotó a los Xīongnú, un pueblo de las estepas de Asia central que ponía en jaque la frontera occidental de su Imperio, estableció cuatro guarniciones de frontera para mantener a esos guerreros nómadas a raya.

Fue así como, hacia el 104 a.C., nació Dūnhuáng. Justo entre los desiertos de Taklamakan y de Gobi.

Lo que en principio no fue sino una sencilla villa amurallada que albergaba un acantonamiento de tropas, se fue convirtiendo en una enorme ciudad. Para el tiempo de la dinastía Suí (581-618) ya era un núcleo urbano en donde se cruzaban los distintos caminos que hoy conocemos como la Ruta de la Seda: un entramado de rutas comerciales por las que transitaban las caravanas que llevaban ese y otros preciados productos desde oriente al Mediterráneo. En Dūnhuáng los caravaneros adquirían camellos bactrianos y comida, y contrataban escoltas para atravesar el peligroso Taklamakan, una pesadilla de arena plagada de bandidos. Su estratégica posición la hizo una presa codiciada por muchos pueblos: a lo largo de la historia estuvo en manos de los Xīongnú, los Tuòbá, los tibetanos, los uigures, el Reino de Khotan, los tanguts y los mongoles, además de los chinos.

Dūnhuáng fue, asimismo, un importante centro religioso, en donde confluyeron monjes y misioneros de muy diversas confesiones pero, sobre todo, budistas. De hecho, a 25 km al sureste de la ciudad se encuentran las Cuevas de Mògāo, también conocidas como Qiān Fó Dòng, "Cuevas de los Mil Budas". Hechas por el hombre en el interior de la montaña, forman un sistema de 492 templos en los que se conservaron muestras de arte budista producidas a lo largo de un milenio. Las primeras cuevas fueron excavadas en el 366 como lugares de meditación para eremitas, pero luego se abrieron otras para servir como capillas a los monasterios cercanos, y más tarde, durante la dinastía Táng (618-907), se convirtieron en un lugar de peregrinación: los caravaneros y viajeros que recorrían la Ruta de la Seda se detenían allí para orar. Entre los siglos IV y XIV, los monjes llegaron a construir, por encargo, cuevas que funcionaron como templos de donantes particulares.

Las Cuevas de Mògāo se convirtieron, además, en un inigualable archivo documental.

En 1900, un abad taoísta de Mògāo llamado Wáng Yuánlù descubrió un importante conjunto de documentos ocultos en la cueva número 17, que desde entonces fue conocida como "la cueva de la biblioteca". El recinto había estado tapiado al menos desde el siglo XI, y en su interior se hallaron alrededor de 50.000 manuscritos, incluyendo unos 1100 rollos y unos 15.000 libros, todos ellos producidos entre el 402 y el 1002. Escritos en chino y en tibetano, pero también en uigur, sánscrito, sogdiano y khotanés, se habían reunido allí todo tipo de trabajos: cánones budistas, obras apócrifas, comentarios, libros de plegarias, textos confucianos, taoístas y cristianos nestorianos, documentos administrativos del gobierno chino, antologías, glosarios, diccionarios y ejercicios caligráficos.

Se han formulado varias teorías acerca del origen de esta magnífica colección. Algunos autores piensan que podría tratarse de un depósito de "basura sagrada": textos religiosos y sacros que, por distintos motivos, eran inservibles, pero que no se podían destruir (al menos no sin un largo y complejo ceremonial previo). Otros señalan que se trataría de una biblioteca o de un archivo cuyos fondos fueron aumentando durante los siglos y que terminó siendo sellado como una medida de protección en tiempos de inestabilidad.

El contenido de la cueva 17 se dispersó por el mundo: Wáng Yuánlù lo vendió a varios compradores, entre los que se encontraban el arqueólogo anglo-húngaro Aurel Stein y el orientalista francés Paul Pelliot (vid. Van Schaik, s.f.). Actualmente, las colecciones más importantes de textos provenientes de Dūnhuáng se hallan en Beijing, Londres, París y Berlín. El International Dunhuang Project, una iniciativa multidisciplinar, se ocupa de coordinar el análisis de todos los manuscritos (Chinnery, s.f.).

Algunos de esos documentos habrían sido realizados en China central, pero la mayoría eran producciones locales. En una región en la que los recursos eran escasos, se tomaron todas las medidas para lograr que los textos fuesen transportables y utilizables y, a la vez, que duraran el mayor tiempo posible. En consecuencia, los ejemplares muestran una asombrosa variedad de técnicas de armado y encuadernación, en las que a veces se detecta una buena dosis de improvisación y experimentación; ordenados cronológicamente, componen una secuencia que permite ver cómo fueron evolucionando los libros en ese rincón del mundo con el paso del tiempo. Secuencia, por cierto, que incluye algunos eslabones que no han podido encontrarse en áreas vecinas (p.ej. Tíbet, Mongolia o el resto de China).

Así, los documentos hallados en Mògāo –cruce de caminos y culturas en el corazón del continente– representan, entre otras cosas, un muestrario bastante completo de los distintos formatos de libro que hasta el siglo XI existieron en esta región atravesada por la Ruta de la Seda; uno a partir del cual es posible esbozar una historia del libro en Asia central y oriental (Xinjiang, 1998; Whitfield, 2004).

 

Bibliografía citada

Van Schaik, Sam (s.f.). The Whereabouts of the Tibetan Manuscripts from Dūnhuáng. Early Tibet. [En línea].

Whitfield, Susan (ed.) (2004). The Silk Road: Trade, Travel, War and Faith. Londres: The British Museum, Serindia Publications Inc.

Xinjiang, Rong (1998). The historical importance of the Chinese fragments from Dūnhuáng in the British Library. Electronic British Library Journal. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 14.06.2016.

Foto: "Ancient Chinese paper", de Going Global (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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