Los descendientes de Sin-ibni – Relatos de una biblioteca babilónica

El respeto por los signos antiguos

Relatos de una biblioteca babilónica (I)


 

Babilonia, antigua Mesopotamia. Siglo II a.C. Tras su caída bajo el yugo de Alejandro Magno (333 a.C.) y su paso a manos de los griegos Seléucidas (312 a.C.), la majestuosa ciudad de los célebres Jardines Colgantes había sufrido un fuerte proceso de helenización: la mezcla –más o menos impuesta, más o menos ecléctica– de la lengua, las creencias, las costumbres y las expresiones propias de sus habitantes con las de la civilización griega.

Para intentar sobrevivir, el sistema cultural local echó mano de formas de resistencia que, en muchos casos, pasaron por el uso de las bibliotecas y sus libros. O, mejor dicho, sus tablillas.

Black (2004) describe una situación sumamente curiosa que se produjo durante ese periodo histórico y que es indicativa de la fuerza que mantuvieron ciertas tradiciones mesopotámicas tras la conquista griega. Las clases acomodadas de Babilonia –en líneas generales, los residentes greco-hablantes– enviaban a sus hijos a escuelas de escribas para alfabetizarlos y sentar así las bases fundamentales de su educación (un lujo que solo determinados sectores sociales podían permitirse). En esas escuelas los alumnos no sólo aprendían a leer y a escribir en los alfabetos griego y arameo, las lenguas más utilizadas en aquel lugar y en aquel momento, sino también en el sistema de escritura cuneiforme: un sistema que, si bien autóctono y con siglos de historia a sus espaldas, para aquella época ya tenía escasos puntos de contacto con la realidad cotidiana babilónica, y mucho menos con la identidad cultural de los influyentes y poderosos recién llegados.

El proceso de aprendizaje se ceñía al sistema educativo tradicional mesopotámico, bastante diferente del griego: con un cálamo de caña y una plancha de arcilla fresca en las manos, los educandos comenzaban copiando largas listas de palabras, que memorizaban a fuerza de repeticiones y cuya correcta ortografía terminaban asimilando tras innumerables ensayos, errores y correcciones. En etapas posteriores pasaban a replicar textos religiosos o administrativos, mucho más largos y complejos, y terminaban trabajando con obras literarias. Por lo general, en una cara de la tablilla los aprendices marcaban, con pequeñas muescas que hundían la arcilla, signos cuneiformes: vocablos y frases en lengua sumeria o acadia que a veces tenían más de tres milenios de antigüedad. En la otra cara de la tablilla, y con el mismo cálamo, los estudiantes trazaban las letras griegas o arameas para apuntar una transcripción fonética de las palabras anteriores, o una traducción de las mismas al griego o el arameo [1] (Dalley y Reyes, 1998; Boiy, 2004; Geller, 2012).

Tanto el sumerio como el acadio habían dejado de hablarse de forma corriente varios siglos antes. Aún así, seguían siendo los idiomas clásicos enseñados y empleados para codificar todo tipo de conocimientos, no solo en Babilonia, sino en el resto de Mesopotamia. Lejos de desaparecer con la llegada de otras lenguas y alfabetos (y de los nuevos conocimientos e ideas que transmitían), la escritura cuneiforme y los textos sumerios, babilónicos y asirios se mantuvieron como prestigiosos repositorios del saber antiguo y tradicional (DCCLT, 2003): quedaron asociados a instituciones, creencias y autoridades cuyos orígenes se perdían en el tiempo, y que eran consideradas como las auténticas raíces de la identidad regional. De ahí que se los tratara con absoluto respeto, e incluso con cierta veneración (Martin, 2007).

Los últimos rezagos de ese respeto por las tradiciones y las lenguas de los tiempos clásicos pueden apreciarse en una colección de tablillas hallada en Babilonia y actualmente repartida entre varios museos del mundo. Tales tablillas fueron escritas en un momento histórico en el cual al griego y al arameo se sumó la lengua parta y la cultura del Imperio Arsácida, que dominó una Babilonia verdaderamente multicultural a partir del 150 a.C.

 

Notas

[1] El Museo Británico conserva un buen muestrario de los ejemplos más tempranos de este tipo de tablillas "dobles", que recogen textos cuneiformes en acadio (concretamente, en babilonio tardío) por un lado y su transliteración/traducción griega por el otro. Estos documentos contienen plegarias, himnos religiosos, encantamientos, listas de términos especializados, y porciones de un célebre glosario enciclopédico babilónico conocido como urra=hubullu.

 

Bibliografía citada

Black, Jeremy (2004). Lost libraries of ancient Mesopotamia. En Raven James (ed.). Lost libraries. The destruction of great book collections since Antiquity. Nueva York: Palgrave Macmillan, pp. 41-57.

Boiy, T. (2004). Late Achaemenid and Hellenistic Babylon. Lovaina: Peeters Publishers.

Dalley, S.; Reyes, A. T. (1998). Mesopotamian Contact and Influence in the Greek World. En Dalley, S. (ed.). The Legacy of Mesopotamia. Oxford: University Press, pp. 85-124.

DCCLT [Digital Corpus of Cuneiform Lexical Texts] (2003). Introduction: What is a Lexical List. [En línea].

Geller, M. J. (2012). Graeco-Babyloniaca. The Encyclopedia of Ancient History Online. [S.l.: Wiley. [En línea].

Martin, Matthew J. (2007). Writing Divine Speech: Greek transliterations of Near Eastern languages in the Hellenistic East. En Cooper, Craig Richard (ed.) The Politics of Orality. Vol. 6. Orality and literacy in Ancient Greece. Leiden: Koninklijke Brill NV, pp. 251-274.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 09.02.2016.

Foto: Tableta cuneiforme, de Antiquity Now (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "Los descendientes de Sin-ibni – Relatos de una biblioteca babilónica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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