Libros raros: Paginas extrañas y curiosas

La enciclopedia de un mundo fantástico

Libros raros (I)


 

A lo largo de 30 meses, entre 1976 y 1978, el artista, arquitecto y diseñador italiano Luigi Serafini (Roma, 1949) creó el Codex Seraphinianus, una alucinante enciclopedia visual de un mundo irreal, ilustrada con fantasiosos dibujos llenos de detalles y coloreados en tonos vivos, y escrita en un alfabeto inexistente que, supuestamente, codificaría una de las lenguas de ese universo ficticio.

Ese trabajo —que podría catalogarse como un imaginativo experimento artístico que tiene de "libro" solo la estructura— está dividido en once capítulos, organizados en dos secciones generales. La primera de ellas parece tratar sobre la naturaleza de ese mundo extraño, analizando su fauna, su flora, e incluso lo que parece ser su física y su química. La segunda aborda todos los aspectos de la vida "humana": la indumentaria, la historia, la cocina...

El primer capítulo describe varios tipos de plantas, árboles y flores. Incluye frutas que sangran, uvas que saltan solas desde su racimo a la boca de sus consumidores, plátanos que nacen de alcachofas y de los cuales surgen cerezas, hinojos con raíces de rábanos que fructifican en nueces ya secas, pimientos rellenos de una jalea brillante, rabanitos que contienen cerillas candentes en su interior, árboles que desprenden sus raíces del suelo y migran o nadan, otros que se reproducen abriéndose como muñecas rusas...

El segundo capítulo está dedicado a la fauna. Posee una sección de insectos de todo tipo (incluyendo enjambres que viven en arcoiris sólidos y agujereados como una colmena), muchísimas combinaciones coloridas de formas y perfiles, y situaciones de total desvarío (como mariquitas naciendo de un aro de masa roja). Los reptiles parecen ser simples agregados de distintos elementos (salamandras rojas de seis patas, una de ellas una aguja de coser enhebrada con la lengua del animal, que es un hilo).

Los peces son alfombras que vuelan, o disponen de máscaras descartables que se enganchan a los anzuelos, o escafandras, o largos cabellos gruesos. Otros parecen ojos... Las aves, de un colorido impresionante, son descritas con sus costumbres y sus diferentes huevos, de todas las formas y tamaños imaginables. Los mamíferos, por su parte, son variantes delirantes de los habituales de cualquier zoo.

El tercer capítulo analiza lo que parece ser un reino independiente de rarísimas criaturas bípedas: luces, nubes, nidos o paraguas con dos piernas, que aparentemente caminan entre la "gente normal" sin ningún inconveniente.

El cuarto estudia lo que aparenta ser la química y la física, aunque resulta el más críptico de todos: parece mostrar átomos y moléculas, esferas de colores que supuestamente compondrían el universo del Codex. El quinto, por su parte, despliega ante los ojos del lector artefactos y vehículos de ensueño (o de pesadilla): productores de toda suerte de entidades vivas, generadores de sueños, cazadores automáticos de moscas y mariposas, o el aparato que fabrica arcoiris, con una similitud curiosa a una de las máquinas voladoras de Leonardo.

El sexto explora a los seres "humanos" en general, aunque de humanos tengan poco: hay extremidades acabadas en todo tipo de piezas (ruedas, martillos, plumas), dientes de colores, vello corporal con aspecto vegetal... Exhibe también estampas de individuos vestidos con curiosas estructuras (de madera, de mimbre) acordes a sus hábitats...

El séptimo capítulo parece ser histórico; el octavo da cuenta del proceso de escritura del propio Codex; el noveno abarca gastronomía e indumentaria y el décimo recoge juegos y deportes. Finalmente, el último capítulo está dedicado totalmente a la arquitectura.

Las ilustraciones son evidentemente surrealistas, una visión paródica de la realidad humana, aunque algunas son totalmente abstractas y su significado, si lo tienen, resulta inalcanzable. La lengua y el sistema de escritura empleado en las páginas del Codex han dado mucho de qué hablar. Las letras se parecen al georgiano cursivo, posee mayúsculas y minúsculas y parecen seguir algún tipo de estructura lógica. Quizás por esas características fueron muchos los estudiosos que pasaron años intentando resolver el misterio, hasta que el propio autor terminó aclarando (en 2009) que se trata de meros garabatos, escritura automática que no tiene ningún sentido. Según sus propias palabras, Serafini solo buscaba emular en el lector la sensación que tienen los niños frente a los libros, elementos que no pueden descifrar (porque no saben leer) aunque intuyen su valor: una puerta abierta a mundos de maravillas pasadas y presentes, de ensueños y fascinación.

Ya se trate del desvarío de un artista loco o de una verdadera obra maestra, este libro consigue lo que su creador se proponía: mantenernos con la boca abierta por el asombro o curvada por una sonrisa, pasando página tras página, perdidos en un código alfabético que no podemos descifrar, y adivinando lo que las ilustraciones nos quieren decir acerca de un planeta totalmente desconocido. ¿No es esa, en definitiva, la sensación que tuvimos todos la primera vez que nos enfrentamos a un libro?

El Codex Seraphinianus fue publicado originalmente en dos volúmenes en 1981, por el conocido editor milanés Franco Maria Ricci. Ricci, además de fundar la revista de arte FMR ("la revista más bella del mundo", de acuerdo a los críticos), es conocido por lanzar al mercado ediciones limitadas y costosísimas de trabajos artísticos únicos, que se caracterizan por su papel hecho a mano y sus encuadernaciones de lujo.

En 1983 el Codex volvió a ser publicado, y se agotó hasta 1993. La última edición, revisada, con nuevas ilustraciones y un prefacio del autor, apareció en 2006.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 05.01.2016.

Foto: Codex Seraphinianus, de Crafthaus (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "Libros raros: páginas extrañas y curiosas", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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