Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades – Historia de las cartoneras latinoamericanas 02

Historia de las cartoneras latinoamericanas (02)

Libros cartoneros (VI)


 

Desde un punto de vista estrictamente cronológico, la segunda editorial cartonera de esta historia es la peruana Sarita Cartonera [1]. Una de sus fundadoras descubrió un libro de Eloísa Cartonera en una librería de Chile y decidió replicar el proyecto en Lima en 2004. Las dos fundadoras, Tania Silva y Milagros Saldarriaga (a las que luego se unió Jaime Vargas Luna), adoptaron para su proyecto la estética chicha [2] y usaron como nombre el de una santa del imaginario popular, Sarita Colonia, protectora de los choferes, las prostitutas, los presos y los campesinos que emigran a la ciudad para buscar un futuro mejor.

Tanto las personas que conformaron el núcleo fundador como las que integraron el comité editorial eran sobre todo graduados universitarios (Silva y Saldarraga habían estudiado Literatura en la Universidad Nacional de San Martín): jóvenes que deseaban establecer un vínculo práctico entre su carrera y el trabajo social. A diferencia de Eloísa, Sarita obtuvo apoyo del municipio de Lima [3] para crear su taller de trabajo, y el auspicio de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) [4] y de la Oficina de Cooperación al Desarrollo de la Embajada de Bélgica. El apoyo duró poco, de modo que Sarita fue cambiando de sede (espacios cedidos brevemente por la Fundación Renée Navarrete en el centro de Lima, o por la Biblioteca Nacional en el barrio de San Borja) hasta que alquiló un lugar propio y dejó de depender de las siempre cambiantes voluntades ajenas.

Esta editorial se ha decantado por libros de temáticas urbanas y lectura sencilla. Los autores ceden sus derechos y reciben, como compensación, una parte de la tirada (generalmente un 10%). Los editores y los artistas plásticos que ilustran los textos y las cubiertas trabajan de forma gratuita; los jóvenes cartoneros encargados de armar los libros ganan un jornal por su trabajo. A diferencia de otras editoriales, las publicaciones de Sarita Cartonera son depositadas legalmente en la Biblioteca Nacional del Perú (es decir, que cuentan con ISBN y figuran en el OPAC de la BNP). Además, sus ediciones suelen ser reseñadas en periódicos de tirada nacional, junto a las de los grandes conglomerados editoriales.

Sarita Cartonera apostó por realizar actividades participativas (por ejemplo, leer a los jóvenes cartoneros los libros que encuadernaban y pintaban) y por desarrollar proyectos de extensión. Entre estos últimos, muy numerosos, se cuentan el "Sarita Cool Tour" de 2005 (una gira por los departamentos de Trujillo, Arequipa y Cusco, en el interior del país, para ponerse en contacto con autores de las provincias y difundir el trabajo realizado), o el taller "Libros, un modelo para armar" [5] (dirigido a alumnos de secundaria) que concluyó con una exhibición de los trabajos en 2006 en el Museo de Arte del Centro Cultural de San Marcos (Lima).

 

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La tercera editorial de la línea cronológica fue Mandrágora Cartonera. Fue fundada a finales de 2005 en Cochabamba (Bolivia) por Iván Castro Aruzamen, profesor de literatura y filosofía en la Universidad Católica de Cochabamba, tras una visita de Javier Barilaro. Si bien hasta 2007 (última fecha de actualización de su blog [6]) señalaba que el proyecto se basaba en el trabajo con thawis o cartoneros y que tenía objetivos sociales, en consonancia con sus dos predecesoras, testimonios posteriores (p.e. Akademia Cartonera) indican que Castro Aruzamen se volcó a la publicación de autores conocidos, orientando sus libros a un público compuesto principalmente por estudiantes universitarios. Según la misma fuente, la elaboración, que en un principio corría a cargo de los propios thawis, pasó a ser tarea de niños sordos, como parte de la actividad artística de algunos centros de educación especial. Según Aruzamen: "Sabemos que el modelo causa estragos en sectores como los recicladores y que los nuevos parias entre los parias son los cartoneros y chicos de la calle; pero pensar que haciendo libros les vamos a dar un futuro mejor, es una quimera. Sólo buscamos democratizar el acceso al libro y difundir literatura" [7].

A principios de 2006, un poco más al norte, en El Alto y La Paz (Bolivia), nació Yerba Mala Cartonera [8] de la mano de los estudiantes de literatura Darío Luna, Crispín Portugal y Roberto Cáceres. Tras descubrir las cartoneras de la mano de Jaime Vargas Luna (Sarita Cartonera) en unas jornadas en La Paz en 2004, pusieron en marcha una iniciativa similar en las alturas bolivianas. De acuerdo a sus fundadores, la editorial "se llama así porque nuestra intención es rescatar los escritos marginales, los buenos escritos que no se acabarán por más que quieran extirparlos". Yerba Mala mantiene una orientación mucho más popular que su par cochabambina. Sus editores trabajan con thawis y otros colectivos de niños y jóvenes de la calle (lustrabotas, voceadores), que obtienen el cartón, seleccionan el mejor y lo trabajan en sus casas o en el taller. El mayor porcentaje de los ingresos va para ellos, y el resto se destina a insumos.

Yerba Mala ofrece literatura a bajo precio (al cambio, los suyos resultan ser los libros más baratos de todas las cartoneras), en tiradas muy cortas (30 ejemplares), escrita por jóvenes autores ignorados por las grandes editoriales. La editorial tomó parte en la creación de la ya desaparecida Contra-Feria del Libro, y en la actualidad lo es de la oficial. Ha publicado la antología contra-cultural "Des-tamayados", que recoge las obras presentadas al Premio Nacional de Literatura "Franz Tamayo" 2008, declarado desierto por el jurado por la mediocre calidad de los escritos. Cuenta con un documental [9] sobre su trabajo, realizado por Colectivo 7 (siete artistas argentinos y catalanes), y buena parte de sus libros están digitalizados en una biblioteca en línea [10].

 

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En diciembre de 2006 se presentó en Santiago la primera editorial cartonera de Chile, Animita Cartonera [11]. El nombre hace referencia a unas casitas (que forman parte del logotipo) que se levantan en los lugares donde se produjo una muerte trágica, generalmente a la vera de los caminos o en espacios públicos; se cree que allí moran las almas. De la mano de un grupo de estudiantes de la Licenciatura en Literatura de la Universidad Diego Portales, el proyecto inició su andadura en el centro cultural Balmaceda 1215 (hoy Corporación Cultural Balmaceda Arte Joven).

El planteamiento de Animita difiere sensiblemente del de otras editoriales cartoneras, especialmente en su marco ideológico (analizado por varios autores [12]). Se trata de una sociedad de responsabilidad limitada (sociedad mercantil) que en la actualidad trabaja con amas de casa y jóvenes en riesgo de exclusión. Ximena Ramos, una de las editoras, en una entrevista declaró que los "recolectores independientes" (como se llama a los cartoneros en Chile) eran "un gremio difícil". Tanya Núñez, otra editora, explicó en esa misma entrevista que "trabajamos con algunos haciendo libros, pero no les motivaba hacerlo, así que vamos a trabajar con jóvenes en riesgo social y dueñas de casa" [13].

En Akademia Cartonera [14] se señala que la de Animita es una propuesta elitista y mercantilista. Al margen de compartir espacios con otras editoriales cartoneras y de comprar el cartón pagando un precio más alto, sus responsables se definen a sí mismos como editores profesionales, buscan rédito económico de su trabajo, intentan posicionarse en el mercado dominante, y consideran que sus libros son "un objeto de arte único y exclusivo".

 

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En febrero de 2007 el movimiento editorial cartonero echa a andar en Brasil con el surgimiento en São Paulo de Dulcinéia Catadora [15], gracias al trabajo de la artista plástica Lúcia Rosa y de Peterson Emboava, un talentoso joven hijo de cartoneros. La idea nace tras una colaboración con Eloísa Cartonera en la 27º Bienal de São Paulo. Dulcinéia es el nombre de una famosa catadora (cartonera) que aún trabaja en São Paulo, y un guiño literario al amor platónico de Don Quijote [16].

Se trata de una cooperativa que reúne a escritores, artistas y cartoneros para seleccionar y publicar cuentos y poesías. Los autores obtienen el 10% de la tirada, y los ingresos se reparten por igual entre todos. Trabaja con el Movimento Nacional dos Catadores de Materiais Recicláveis (MNCR, Movimiento Nacional de Recolectores de Materiales Reciclables) y con el Movimento Nacional da População de Rua (Movimiento Nacional de Población de la Calle), cuyos miembros participan en la elaboración de los libros. En 2011 dejaron el local cedido en el que trabajaban y se convirtieron en una organización itinerante: ampliaron su rango de acción y llevaron sus tareas a las favelas, a la vez que interactuaban con otras cooperativas de reciclaje.

Han publicado un mayor número de libros escritos por narradores y poetas cartoneros que cualquiera de sus pares, probablemente debido a su estrecha colaboración con ese colectivo. En una entrevista con Planeta Sustentável [17], y al ser preguntada sobre la "contribución social" de Dulcinéia Catadora, Lúcia Rosa reflexionaba así sobre el objetivo último del proyecto:

 

Encuentro pretencioso, e incluso utópico, pensar en transformación social. El proyecto busca dar visibilidad a los cartoneros, trabajar en defensa de sus causas, intentar cambiar la visión que la gente tiene de los cartoneros, y abrir oportunidades para los integrantes con quienes nos reunimos regularmente para confeccionar los libros.

 

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En la primavera de 2007 aparece en Asunción, Paraguay, la inimitable Yiyi Jambo [18]. Inspirado por una visita de Javier Barilaro, el poeta Douglas Diegues trabaja con Amarildo García, un pintor-cartonero (apodado "El Domador de Yacarés"), y juntos compran el cartón a los cartoneros de Asunción, recortan, pintan los motivos (que nunca se repiten), imprimen el contenido, montan los libros y los distribuyen.

Los objetivos declarados de la editorial son "la democratización del libro, la lectura, la creación literaria y artística originales". Yiyi Jambo es muy conocida por emplear una mixtura de lenguas muy particular, libre de ataduras gramaticales, que ellos llaman "portunhol selvagem", y que resulta ser una mezcla de español, portugués y guaraní, las lenguas de la triple frontera.

 

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La Cartonera [19] fue creada en febrero de 2008 en Cuernavaca, estado de Morelos, México, y fue la primera en ese país y en el resto de América Central. No trabajan con cartoneros: su nombre tiene que ver con el material con el que realizan las tapas de sus libros, y no con los recolectores callejeros, con los cuales no mantienen ninguna relación. Critican el modelo editorial dominante y creen que "publicar libros y revistas en estos tiempos, sin tener una maquinaria financiera y administrativa poderosa, es o un gesto audaz o un sueño guajiro".

Curiosamente, los editores de La Cartonera consideran como su antecedente a Ediciones El Mendrugo, un proyecto de la poeta argentina Elena Jordana, creado en los años 70 [20].

 

Notas

[1] Sarita Cartonera. Wikipedia. [En línea].

[2] La música chicha es un género popular peruano que, allá por los años 80 del siglo pasado, adaptó la música tradicional andina al ambiente y a los ritmos urbanos (p.e. cumbia, tropical, salsa). Representa la cultura del migrante de la Sierra que se desplaza a la ciudad. En la chicha se produce una fusión que, con el tiempo, fue más allá de los ritmos y las melodías, y se extendió a la lengua y los diseños. La cultura chicha es mestiza y urbana; es irreverente, caótica, ruidosa, colorida y llamativa. Una de sus más conocidas expresiones son los carteles de los grupos musicales, hechos a mano con stencil, y que utilizan degradados de colores vivos y fosforescentes.

[3] Sarita Cartonera: experiencia de un proyecto literario, comunitario y solidario. I Encuentro Internacional del Libro Alternativo, 31 de octubre, 2006. [En línea].

[4] Sarita Cartonera, tu mejor cómplice. Yanapaq Cooperación (AECI Perú), 2 de noviembre de 2005, p. 3. [En línea].

[5] Libros, un modelo para armar (LUMPA) . [En línea].

[6] Mandrágora Cartonera Editorial. [En línea].

[7] Friera, Silvina (2008). Hay un espíritu más o menos anarco que nos abarca a todos. Página 12, 3 de junio. [En línea].

[8] Yerba Mala Cartonera. [En línea].

[9] Yerba Mala... cartonera. Colectivo 7 | Vimeo. [En línea].

[10] Biblioteca Yerba Mala Cartonera. Issuu. [En línea].

[11] Animita Cartonera. [En línea].

[12] Vid. p.e. Cereceda Triviño, Carolina Loreto (2008). Animita Cartonera: el Museo, la colección y cosmetización de desechos. [Tesis]. Santiago: Universidad de Chile. [En línea]. La idea aparece asimismo en la ya citada Akademia Cartonera, concretamente en el capítulo de Jane Griffin "Animita Cartonera: the Body and Soul of Literary Production in Contemporary Chile".

[13] Historias de cartón. La Nación, 5 de noviembre de 2006. [En línea].

[14] Bilbija, Ksenija (2009). ¡Cartoneros de todos los países, uníos! Un recorrido no tan fantasmal de las editoriales cartoneras latinoamericanas en el tercer milenio. Akademia Cartonera, p. 17.

[15] Dulcinéia Catadora. [En línea]. También puede consultarse la entrevista en Morris, Adam (2012). Recycling literary culture: A conversation with Lúcia Rosa. Public Books, 18 de junio. [En línea].

[16] Dume, Paula (2009). Editora que usa papelão para confeccionar livros já publicou obras de Xico Sá e Manoel de Barros. Folha de São Paulo, 15 de julio. [En línea].

[17] Tonon, Rafael (2011). Lúcia Rosa e o coletivo Dulcinéia Catadora. Planeta Sustentável, septiembre. [En línea].

[18] Yiyi Jambo. [En línea]. Vid. también Portunhol selvagem: El blog de Douglas Diegues. [En línea].

[19] La Cartonera. [En línea].

[20] El antecedente mexicano. Página 12, 3 de junio de 2008. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 15.12.2015.

Foto: Elaboración de un libro cartonero, de Editorial Ultramarina Cartonera y Digital (enlace)..

El texto corresponde a la sexta parte del artículo "Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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