Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades – Historia de las cartoneras latinoamericanas 01

Historia de las cartoneras latinoamericanas (01)

Libros cartoneros (V)


 

En esta sección se describen resumidamente, organizada por países, la historia de las diferentes manifestaciones del fenómeno editorial cartonero en América Latina.

Se ha tomado como base para esta sección el relato de los protagonistas en sus sitios web y blogs, en sus redes sociales y en las entrevistas y reportajes que han recogido y reflejado, con mayor o menor éxito, su trabajo. Asimismo, se han aprovechado investigaciones previas sobre la temática, sobre todo las recogidas en el libro Akademia Cartonera [1] y en tesis como ¡Fuerza Cartonera! [2]. Y se ha consultado una de las mayores colecciones bibliotecarias de libros cartoneros del mundo, ubicada en la Ibero-American Collection de la Universidad de Wisconsin en Madison. Su Cartonera Publisher Database [3], en continuo crecimiento y actualización, incluye unas 55 editoriales y cuenta con alrededor de un millar de ejemplares con sus cubiertas digitalizadas.

 

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En un artículo [4] para Textos de Cartón, Leandro Calle describió someramente el contexto del nacimiento de la primera cartonera en la ciudad de Buenos Aires:

 

Casi como en un cuento fantástico las ciudades cambiaron después de 2001. ¿Se acuerda? Crisis económica, muertos, corralito, varios presidentes en una misma semana, caos y disturbio, desempleo del 18 % y el grito en las calles de: ¡que se vayan todos! No fue hace tanto, históricamente estos acontecimientos sucedieron a la vuelta de la esquina del tiempo. Ya lo decía "el morocho del Abasto": veinte años no es nada, y aún no han pasado veinte años de aquellos sucesos. Lo cierto es que uno de los fenómenos visuales de esa crisis de 2001 fue la aparición de los cartoneros.
De repente, casi mágicamente las calles se poblaron de carros y caballos y un sinnúmero impreciso de personas que revolvían los desechos y la basura buscando cartón, papel, plástico y vidrio. La palabra cartonero cobró un sentido concreto. En Buenos Aires, por ejemplo, en pleno microcentro de la ciudad, emergían estos seres casi misteriosos en el mismo momento del crepúsculo. Provenían de los barrios humildes, de las villas, de la provincia. Algunas viejas paquetas de barrio norte incorporaban en su cuidado lenguaje de "papa en la boca" un áspero "está lleno de negros". Pocos se dieron cuenta del trabajo infantil que allí estaba a la vista de todos, menos aún de las condiciones del trabajo, insalubre y peligroso. De algún modo en muchas ciudades argentinas, la manifestación casi hierofánica de esos seres era como la metáfora cruel de la crisis, era su visibilidad más real y contundente.
Es a partir de este contexto cuando nace la experiencia latinoamericana de las editoriales cartoneras.

 

Y así lo describieron Washington Cucurto y María Gómez en Experimenta Magazine [5]:

 

Desde el estómago mismo de los habitantes, surgieron ideas geniales. Autoorganización, emprendimiento social, autogestión productiva, solidaridad con todos, imaginación y creatividad; todos conceptos que tomaron una fuerza gigante y esperanzadora. Ideas que, ahora me doy cuenta, estaban en nuestro ADN desde principios del siglo XX, desde la llegada de los primeros anarquistas. Organizaciones y microemprendimientos geniales: el club del trueque; las fábricas y talleres gestionados por sus propios trabajadores; las asambleas de vecinos en las plazas, que eran verdaderos caldos de cultivo de organización y amor hacia el barrio; la recuperación de los valores del cooperativismo. Todo sucedía en la calle y fue la primera vez en la historia argentina que la calle fue pública de verdad.
Es lindo pensar que no hubo ni habrá, tal vez, una época de diversidad económica alternativa, de asociativismo, de compartir con los demás, de concientización civil y social más grande que esos tres o cuatro años de los 2000. Ya no se trataba de mejorar o de empeorar, vivimos una situación sin precedentes que pasó rápido y que no volvió a suceder. De hecho, hoy muy pocas organizaciones surgidas de esos años continúan con sus tareas. Eloísa Cartonera es hija de esa época de cambio, pero no sólo es hija, sino que supo mantener los valores y los esfuerzos de aquellos años. Por eso sigue en pie: como el tango, cada día gusta más.

 

Eloísa Cartonera [6], la primera editorial de su tipo y la que marcó el inicio del movimiento, es actualmente una "cooperativa editorial latinoamericana" ubicada en el porteño barrio de La Boca, en Buenos Aires.

Si bien el relato de su creación incluye numerosas y variadas versiones, dependiendo del momento y de la perspectiva ideológica de quien lo escriba [7], puede decirse que Eloísa nació en agosto de 2003, al calor de la crisis socio-económica argentina que estalla a finales de 2001, y que desde su aparición se ha ocupado de editar libros con tapas de cartón reciclado por cartoneros, que ilustran y pintan con témperas de tonos vivos los propios miembros de la cooperativa (entre ellos, muchos cartoneros).

El proyecto fue ideado por el escritor Washington Cucurto y los artistas plásticos Javier Barilaro y Fernanda Laguna. El nombre corresponde a una modelo boliviana de la cual Barilaro habría estado enamorado, una historia romántica que no prosperó. Así lo cuenta Armando Camino en Periodismo Humano [8]:

 

A principios de la década pasada, Fernanda Laguna, Javier Barilaro y Washington Cucurto se juntaron para editar sus textos en Buenos Aires. "Fue medio casual, queríamos difundir lo que escribíamos, no ganar plata", recuerda Santiago Vega, aunque siempre firma sus obras como Washington Cucurto y todo el mundo conoce como Cucu. Arrancaron con fotocopias como páginas, cartones como tapas y la denominación propuesta por Javier Barilaro como sello editorial. Por entonces, Cucurto trabajaba en un supermercado y ya contaba con tres libros de poemas publicados: "Empecé tarde, a los 26 o 27, de casualidad, nomás, porque un compañero de laburo leía mucho y me aficioné". Ahora, tiene 38 años, una hija que corretea junto a él y una veintena de títulos entre poesía y prosa, aparte de numerosos artículos como columnista cultural y deportivo de diversos medios de comunicación.
Tras el primer establecimiento, una verdulería-librería en el porteño barrio de Almagro, Eloísa Cartonera se trasladó durante 2004 a la humilde zona de La Boca, donde alquila un local como taller y tienda a una cuadra del mítico estadio de fútbol Alberto J. Armando y popularmente conocido como La Bombonera. "Mucho más que libros" proclaman letras de vivos colores, pintadas a mano sobre los cristales del comercio en esquina, junto al sello identificativo de la Red La Boca Barracas Turismo Sostenible, alianza de un centenar de iniciativas económicas, sociales y culturales de los dos barrios sureños de la capital federal argentina. Y dentro del negocio, donde se extiende la abundancia de intensas tonalidades, un cartel pregona "el cartón es vida" junto a fotografías del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara, el presidente boliviano, Evo Morales, y el periodista tucumano Tomás Eloy Martínez. No en vano, al igual que el fallecido columnista de La Nación, El País o The New York Times Syndicate, destacadas firmas autorizaron la publicación de antiguos relatos o cedieron los derechos de textos inéditos y, por ello, en las estanterías de Eloísa Cartonera conviven títulos de autores nóveles y alternativos con obras de escritores reputados y comerciales como Ricardo Piglia, César Aira y Rodolfo Fogwill.

 

El trabajo de la editorial se centra en obtener o recibir obras e imprimirlas; para ello, y tras unos comienzos en los que trabajaron con fotocopias o impresiones a chorro, desde 2005 cuentan con una pequeña offset Multilith 1250 que les permitió pasar de tiradas de 200 ejemplares a tiradas de 500 ó 1000. Luego proceden a encuadernarlas, distribuirlas y venderlas a bajo precio. Los cartoneros fueron integrados desde un principio a la cadena de producción, junto con los propios autores de los textos, el equipo de editores y los abundantes colaboradores ocasionales.

En 2008 se transformaron en una cooperativa, una decisión que, más allá de aumentar sus responsabilidades, les permite beneficiarse de ciertas exenciones fiscales, participar de ferias de micro-emprendimientos y obtener aportes de papel y maquinaria del Ministerio de Trabajo nacional. Los beneficios obtenidos con la venta de los libros se utilizan para pagar a los cartoneros, a quienes se les abona un precio diferencial por el material (bastante más alto que el ofrecido por otros intermediarios); una vez cubiertos esos y otros insumos, el resto se reparte a partes iguales entre los miembros de la cooperativa.

En la actualidad su catálogo cuenta con unos 200 títulos, todos ellos de literatura en sus diversos géneros (poesía, cuento, relato breve, teatro, infantil). Además de los circuitos de distribución y venta propios que ha ido creando con los años, Eloísa Cartonera suministra material a algunas librerías, tanto en Buenos Aires como en el interior del país. Incorporarse al mercado librero fue complicado, como señala el propio Cucurto en una entrevista en Página 12 [9]:

 

Nos costaba más entrar en las librerías. Digamos que al principio no les gustaba el precio tan bajo, algunos ni siquiera consideraban de que se trataba de libros. Pero creamos nuestro público a partir de libros breves, fáciles de adquirir, baratos y con autores de vanguardia, desconocidos como Dani Umpi, Enrique Lihn o José Emilio Pacheco. Y otros que ahora son más renombrados como Fabián Casas, Pedro Lemebel o Cucurto. Además, teníamos obras de Horacio Quiroga, Rodolfo Walsh, Julio Cortázar, Copi, Néstor Perlongher, Ricardo Zelarrayán, Leónidas Lamborghini y Ricardo Piglia, entre otros tantos.

 

Eloísa Cartonera surgió junto a multitud de otros movimientos sociales –comedores colectivos, asambleas barriales, clubes de trueque, cooperativas, fábricas tomadas y gestionadas por los trabajadores– en una época convulsa. Una época durante la cual, a falta de otras opciones y oportunidades, se buscaron salidas y se impulsaron proyectos mediante la colaboración, la solidaridad, la autogestión y el cooperativismo. En todos los casos, se echó mano de la inventiva, la creatividad y la alegría –aunque a veces no hubiera razón alguna para tenerla– para intentar construir un futuro, sino mejor, al menos distinto.

 

Notas

[1] Celis Carbajal, Paloma; Bilbija, Ksenija (eds.) (2009). Akademia Cartonera: Un ABC de las editoriales cartoneras en América Latina. Madison (WI): Parallel Press/University of Wisconsin-Madison Libraries. [En línea].

[2] Martínez Arranz, Beatriz (2013). ¡Fuerza cartonera! Un estudio sobre la cultura editorial cartonera y su comunicación. [Tesis]. Valladolid: Universidad de Valladolid. [En línea].

[3] Cartonera Publishers Database. [En línea]. La Widerner Library de la Harvard University tiene, asimismo, una bien provista colección de estos ejemplares, y la universidad cuenta con su propio programa de edición cartonera (con las reservas y paralelos del caso), llamado Pre-Text (ver).

[4] Calle, Leandro (2013). Noticias de cartón. Textos de Cartón, 12 de mayo. [En línea].

[5] Cucurto, Washington; Gómez, María (2014). Eloísa Cartonera. ¡Te amo, te odio, dame más! Experimenta Magazine, 66. [En línea].

[6] Eloísa Cartonera. [En línea]. Sobre la editora se han escrito, entre otras cosas, un par de tesis: Eloísa Cartonera, mucho más que libros (Cáceres, Angelina; Codoni, María Florencia; Fabiano, Georgina Luján. La Plata: Universidad Nacional de La Plata, 2012) y Eloísa Cartonera: los papeles instrumentales y simbólicos de un nuevo fenómeno literario (Buter, Sanne. Leiden: Universiteit Leiden, 2014). Su andadura también está recogida en libros como Late Book Culture in Argentina (Craig Epplin. Londres/Nueva York: Bloomsbury Academic, 2014).

[7] Vid. p.e. lo que cuenta Unscratchable (ver) o Huckmagazine (ver), y compárese esas visiones, un tanto idealizadas, con la de la revista Al Filo de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (ver) o con el relato del propio Washington Cucurto, uno de los fundadores, en el periódico Página 12 (ver), estos últimos mucho más acordes con la narrativa incluida en el propio sitio web de Eloísa Cartonera.

[8] Camino, Armando (2011). Libros de amor y cartón. Periodismo Humano, 3 de mayo. [En línea].

[9] Ruchansky, Emilio (2013). Si no había recursos se ponía ingenio. Página 12, 19 de febrero. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 08.12.2015.

Foto: Elaboración de un libro cartonero, de Eloísa Cartonera (enlace)..

El texto corresponde a la quinta parte del artículo "Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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