Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades – Posibilidades y conclusión

Posibilidades - Conclusión

Libros cartoneros (IV)


 

Posibilidades

 

Antes del nacimiento de la primera cartonera, las maestras y los bibliotecarios escolares de Argentina no eran ajenos a elaborar libros con tapas de cartón. Reparar volúmenes viejos y rotos por cuenta propia usando técnicas básicas, y fotocopiar los ejemplares más demandados y encuadernarlos con cartón y papel de forrar habían sido y siguen siendo prácticas comunes en muchas bibliotecas públicas y populares (y en algunas universitarias) en todo el país. Hacer encuadernar apuntes mecanografiados fue una práctica muy difundida entre estudiantes universitarios, al menos hasta los años 70' del siglo pasado. Como lo fue (y lo sigue siendo) la auto-publicación de autores "poco conocidos", que hacían imprimir sus obras en imprentas de barrio o de pueblo y las distribuían y vendían personalmente. O la difusión, en ferias, "mercados de pulgas" u otros eventos populares, de breves escritos literarios y poéticos garrapateados o mecanografiados en hojas sueltas.

Los libros artesanales, las cubiertas pintadas a mano, los cuadernos cosidos con telas y coloreados con óleos y crayones existían desde hacía mucho, como sabe cualquier visitante de las alucinantes ferias de artesanía argentinas. Los proyectos de elaboración manual de libros y otros materiales de lectura en comunidades excluidas o con población en riesgo de exclusión también habían existido anteriormente.

En Argentina y en el resto de América Latina, el mundo editorial siempre había sido "desafiado" por editoriales independientes, por movimientos sociales y culturales de base, por asociaciones y por instituciones (sobre todo escuelas y bibliotecas) que pretendían "bajar a tierra" la cultura, "democratizarla", quitarle cualquier traba que impidiera su libre acceso y disfrute... La crítica al esquema comercial editorial, y el análisis del libro como herramienta del sistema hegemónico, siempre habían estado presentes.

Eloísa Cartonera, y todas las editoriales y grupos que aparecieron tras ella, llevaron la idea un paso más allá al darle un esquema organizativo y un "producto" más o menos definido, y al proveerla de una forma de trabajo sistematizada.

 

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En principio, la metodología de fabricación y distribución de libros "cartoneros" debería describirse, documentarse cuidadosamente (desde los aspectos técnicos y estilísticos hasta los legales), y publicarse y distribuirse, tanto en línea como en papel, como un conjunto de recursos en acceso abierto [1] a disposición de cualquiera que quiera y pueda utilizarlos. En torno a esa metodología –y a los libros como sus productos finales– tendrían que generarse plataformas y redes abiertas [2] (digitales y físicas) de colaboración entre todos los actores involucrados, que permitan la interacción, la mejora, la experimentación y la creación de vínculos en torno a objetivos, proyectos e ideas comunes. Al convertir estos saberes en un bien comunitario se minimizarían los riesgos de cooptación y apropiación, así como los avances mercantilistas de ciertos sectores elitistas.

Una vez establecidos esos cimientos, pueden explorarse numerosas líneas de acción. La producción de libros "cartoneros" podría vincularse con una amplia serie de estrategias e iniciativas emancipadoras, especialmente (pero no únicamente) en países en vías de desarrollo.

La creación sistemática y planificada de libros "cartoneros" dentro del sistema escolar, sobre todo en escuelas ubicadas en barriadas periurbanas y áreas rurales, podría proporcionar a éstas una parte importante de los materiales didácticos (p.e. de aprendizaje y práctica de la lecto-escritura) utilizados en las aulas, generalmente escasos y costosos. La misma acción puede desarrollarse dentro de redes de bibliotecas públicas, populares y rurales, siempre necesitadas de nuevos materiales con los que renovar, enriquecer o incluso crear sus colecciones. Por su parte, muchas sociedades originarias y minorías étnicas o lingüísticas podrían beneficiarse enormemente de este tipo de proyectos, dado que sus materiales escritos son escasamente publicados y, cuando lo son, suelen ser gestionados por actores externos como elementos de interés antropológico.

Escuelas y bibliotecas (dos ejemplos tomados de un enorme abanico de posibles colectivos, sectores y organizaciones) pueden encargarse ellas mismas de la elaboración de los libros, o bien proveer espacios de trabajo (y tecnologías de búsqueda, visualización, descarga e impresión) para grupos editores cartoneros de su comunidad. Los ejemplares hechos localmente podrán reflejar contenidos (p.e. tradición oral) y autores/artistas de la zona, en formatos amigables y baratos, y respondiendo a necesidades concretas (p.e. recuperación de lenguas amenazadas, difusión de información sanitaria, apoyo a la educación pre-escolar y primaria). En el proceso de producción podrán involucrarse distintos actores: desde colectivos culturales hasta agencias gubernamentales.

El libro "cartonero" permite el trabajo en grupos de colaboradores pequeños, horizontales e independientes; esas estructuras, flexibles y adaptables, pueden reformularse y reorganizarse según vayan cambiando las necesidades y los intereses del colectivo. Con la debida preparación y planificación, los grupos pueden actuar sobre problemas puntuales en lugares concretos, consiguiendo resultados en un tiempo relativamente breve con insumos mínimos y un producto de una calidad más que aceptable. Dado que los métodos de trabajo son simples (aunque puedan complejizarse hasta donde se pueda o se desee), los resultados pueden replicarse en cualquier lugar en donde se den las mínimas condiciones para actuar; las técnicas empleadas, por su parte, pueden enseñarse y aprenderse (es decir, transferirse) con facilidad y rapidez. El libro "cartonero" puede ser utilizado en un amplio abanico de tareas y actividades, y para distribuir cualquier tipo de información o contenido: el único límite, además de los recursos, es la imaginación.

 

Conclusión y epílogo

 

En el frío y húmedo invierno porteño de 2003 nació Eloísa Cartonera, una propuesta que dio visibilidad pública a los libros "cartoneros" y, al mismo tiempo, un modelo medianamente estructurado en el cual se inspiraron buena parte de los colectivos cartoneros actuales, con más o menos fidelidad, con más o menos fortuna, y con resultados más o menos divergentes.

Más allá de las editoriales y los movimientos nacidos a su alrededor, el libro "cartonero" es, hoy por hoy, una propuesta que une en sí misma arte y lectura, palabras y dibujos, saberes de todo tipo, un toque de compromiso, y la belleza de lo sencillo, de lo libre, de lo hecho por uno mismo. En medio de una situación social mundial generalmente injusta, caótica a veces, cruel otras, en donde parece quedar poco margen para la independencia, el libro "cartonero" sugiere que, a pesar de las durezas, aún hay lugar para la esperanza y los sueños.

 

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La esperanza y los sueños, sin embargo, no están libres de ser cooptados.

Según se indica en Akademia Cartonera [3], los libros "cartoneros" latinoamericanos ya se pueden comprar en muchas librerías universitarias de los EE.UU. por un precio similar al de cualquier otro libro estándar. La diferencia entre el valor original del libro en el Sur y el precio que se paga en el Norte no es repartida entre los que produjeron el volumen.

Y si algún estudiante quisiera sacar un ejemplar "cartonero" de la biblioteca de su facultad, descubriría que está guardado en una colección especial, y que necesitaría un permiso especial para tocarlo siquiera.

 

Notas

[1] El método de producción de libros "cartoneros" puede resumirse en un puñado de conceptos básicos para los cuales no se precisa una capacitación intensiva: algunas explicaciones claras, provistas de ejemplos prácticos sencillos (con fotos y videos didácticos), bastarían para que la idea de realizar libros "cartoneros" pueda materializarse en muchos lugares sin necesidad de patrocinios o talleres. El conjunto básico inicial puede complementarse y ampliarse más adelante con datos sobre selección y aprovechamiento de distintos materiales, y técnicas de impresión, ilustración y encuadernación.

[2] Una vez elaborados, los contenidos de los libros "cartoneros" (desprovistos de derechos de autor) pueden digitalizarse para facilitar su distribución, aprovechamiento y uso libre por parte de terceros. A través de la puesta en circulación de estos documentos y de su aplicación en otros contextos se puede obtener un valioso feedback que permitiría corregir errores, mejorar/enriquecer los materiales o explorar otras posibilidades.

[3] Bilbija, Ksenija (2009). ¡Cartoneros de todos los países, uníos! Un recorrido no tan fantasmal de las editoriales cartoneras latinoamericanas en el tercer milenio. Akademia Cartonera, p. 25.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 01.12.2015.

Foto: Libro cartonero, de Hijos del átomo (enlace)..

El texto corresponde a la cuarta parte del artículo "Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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