Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades – Ideas y realidades

Ideas y realidades

Libros cartoneros (III)


 

¿Por qué tanta sorpresa y tanto revuelo [1] ante libros hechos con tripas de fotocopias y tapas de cartón pintadas y cosidas a mano?

Quizás porque, en un mundo en donde lo digital y lo tecnológico se ha convertido en la norma, en donde la uniformidad salida de las cadenas de producción mecanizada se ha naturalizado, y en donde las leyes capitalistas de la oferta y la demanda regulan lo que se puede o no se puede hacer, lo que conviene o no conviene disfrutar, y qué es y qué no es "cultura", la idea de que un colectivo de personas se reúna por decisión y cuenta propia para hacer libros, para imprimirlos y ponerles tapas hechas con cajas recicladas, para pintarlos y coserlos con sus propias manos y para venderlos por dos monedas, es un acto que denota cierta rebeldía. Y en una sociedad habitualmente adormilada o anestesiada, las chispas de rebeldía no pasan desapercibidas.

La propuesta de elaborar libros "cartoneros" llama a desentenderse de ciertas jerarquías y normas, a prescindir de algunas convenciones y supuestos "valores" sociales, a escapar de las asfixiantes legislaciones hechas por y para determinados lobbies editoriales, a tratar de reapropiarse de un elemento cooptado por el mercantilismo neoliberal y a borrarle la etiqueta de "producto comercial" a fuerza de tijeras, agujas y pinceles.

En el marco de una sociedad que se mueve a ritmo de estadísticas y sondeos y en donde el credo dominante preconiza que no se haga nada que no sea rentable y genere beneficios económicos, la elaboración de libros "cartoneros" llama la atención e invita a aminorar el paso y a detener, aunque solo sea un instante, la mirada. Pero el interés que provoca no proviene solo, ni fundamentalmente, de su intento de desacralizar el libro y arrancarlo de las manos del mercado, las compañías multinacionales, los autores e ilustradores "consagrados" y las políticas de copyright: eso lo llevan haciendo muchísimas editoriales independientes y "alternativas" desde hace décadas (y mucho más exitosamente, por cierto). Tampoco tiene demasiado de asombroso el hecho de que se reutilicen desechos de forma imaginativa –e incluso artística– o se intenten "popularizar" y "democratizar" ciertas producciones y expresiones culturales: también es algo en lo que muchos colectivos llevan tiempo trabajando, con resultados verdaderamente notables. El trabajo cartonero resulta llamativo porque suma a todo lo anterior el simple y desinteresado do-it-yourself: salvo excepciones, los libros son obra de gente con perfiles muy dispares, que dedica su tiempo y sus ganas a hacer algo creativo con sus propias manos y los escasos elementos disponibles, de forma horizontal, cooperativa y comunitaria, sin ninguna intención a priori de obtener un beneficio económico a cambio y, generalmente, con algún tipo de motivación que va más allá de lo estético.

Esta actividad contrasta de manera bastante marcada con la masiva digitalización, tecnificación y mercantilización que ha sufrido el panorama cultural y social global durante la última década, y con la toma por asalto del mundo del libro por parte de un puñado de empresas que hoy por hoy monopolizan el mercado internacional.

 

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La publicación de libros "cartoneros" insinúa la existencia –aunque sea larvaria– de una forma de pensamiento y acción rebelde, contracultural y contestataria, que podría verse como parte de una revolución ciudadana pequeña, permanente y cotidiana.

En consonancia con esa idea de contestación y resistencia, los grupos que editan libros "cartoneros" suelen, en mayor o menor medida, asumir un modelo cooperativo, descentralizado, horizontal, auto-gestionado e independiente.

El eje de toda esta actividad es el libro, un bien cultural tremendamente simbólico que el actual sistema imperante ha convertido no solo en un producto de consumo más [2] –encadenado por las leyes del mercado– sino en un instrumento de manipulación, de elaboración, articulación y reproducción de relatos y hegemonías. La edición de libros "cartoneros" vendría a redefinir categorías como "autor", "libro", "publicación" y "lector", a alterar la actual relación entre ellos, y a diseñar nuevas políticas de autoría, edición, distribución y utilización, basadas en valores distintos a los del modelo imperante.

La elaboración de libros a mano, de forma cooperativa y con materiales improvisados y/o reciclados, además de favorecer las interacciones sociales a nivel personal y grupal, habilita espacios para la creatividad y la expresión artística libre y, por qué no, para la discusión filosófica, social y política a todos los niveles (especialmente sobre temáticas como la lectura, la información, la gestión del conocimiento, el arte y la cultura).

Ese proceso disminuye drásticamente los costes de producción de un libro. En teoría, las estrategias y metodologías que han ido desarrollando las editoriales cartoneras a lo largo de sus años de trabajo permitirían la creación y distribución de todo tipo de ejemplares a precios bajos, facilitando el acceso básico a la lectura y a ciertas expresiones literarias. Consecuentemente, también permitirían obtener herramientas iniciales con las que se podría, entre otras cosas, atacar el problema del analfabetismo, sustentar la educación básica, servir de canal para la difusión de información estratégica, y apoyar la supervivencia y el desarrollo de lenguas y culturas minoritarias o amenazadas (aunque ninguna de esas posibilidades parece haber sido todavía explorada).

 

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Como queda visto, la producción de libros "cartoneros" parece sugerir la asunción de unas posiciones socio-políticas, éticas, filosóficas o ideológicas determinadas [3]. Muchas de ellas han quedado reflejadas, con mayor o menor fortuna, en los manifiestos fundacionales de las editoriales cartoneras, o aparecen constantemente salpicando sus discursos, entrevistas y opiniones.

Un somero análisis de la realidad, empero, muestra que tales posiciones no siempre han sido reconocidas, comprendidas y/o abordadas por los editores cartoneros, los cuales no han sabido, podido o deseado ir más allá del proyecto artístico o de la intervención social asistencial (manteniéndose a una prudente distancia de una verdadera acción transformadora y emancipadora sostenida). Buena parte de las ideas que expresan –el cuestionamiento del sistema y sus valores, las posibilidades del libro como herramienta de cambio, la democratización de la lectura– se han quedado en eso, en declaraciones de intenciones, y no siempre se han traducido en hechos o acciones relevantes. Y cuando esto último sí ha ocurrido, los resultados obtenidos han sido bastante modestos en comparación con las enormes posibilidades de las ideas planteadas.

Teniendo en cuenta esos resultados, algunas de las editoriales cartoneras más jóvenes han comenzado a reducir el proverbial trecho que existe entre lo dicho y lo hecho. Y algunas de las más antiguas, al constatar la dificultad de alcanzar sus visiones y objetivos iniciales, han reformulado y re-publicado sus manifiestos, ajustando sus declaraciones a sus actividades reales.

 

Notas

[1] Las editoriales cartoneras han recibido la atención de medios masivos y alternativos, así como de distintos sectores de la comunidad académica. Se han escrito artículos, libros, capítulos y tesis, y se han realizado entrevistas, programas de radio y documentales al respecto. La bibliografía en torno a este fenómeno es, pues, relativamente más abundante que la dedicada a otros movimientos y a otras actividades socio-culturales similares.

[2] En manos del mercado capitalista neoliberal globalizado, las editoriales tradicionales desaparecen o son fagocitadas por un puñado de empresas transnacionales, el libro se convierte en un mero producto (con tiradas cortas, temáticas pre-diseñadas por el marketing y los estudios de rentabilidad, de paso fugaz por el estante, y destruido cuando caduca su "fecha de vencimiento"), el autor es sometido a condiciones generalmente denigrantes bajo contratos leoninos amparados por las legislaciones nacionales, y el librero, abandonado su antiguo papel de asesor intelectual del público lector, pasa a ser un mero intermediario en una transacción comercial.

[3] Se han realizado varios análisis del movimiento desde perspectivas sociológicas, antropológicas, de teoría del arte o de ciencias de la comunicación y la información. En todos ellos se han identificado y señalado elementos que vinculan el fenómeno cartonero a distintas corrientes socio-culturales contemporáneas. Vid. p.e. Martínez Arranz (op.cit.) o Vila, Adrián (2015). ¿Qué es una editorial cartonera? Llibre Digital UOC. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 24.11.2015.

Foto: Libro cartonero, de Editorial Ultramarina Cartonera (enlace).

El texto corresponde a la tercera parte del artículo "Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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