Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades – Definiciones y métodos

Definiciones y métodos

Libros cartoneros (II)


 

Una editorial cartonera es un grupo de personas, a veces muy reducido, que se auto-organiza para producir y distribuir pequeñas tiradas de libros (generalmente obras literarias de autores noveles), comercializándolos a precios bajos en círculos limitados. Las tapas de esos libros suelen realizarse con cartón usado; originalmente ese material era adquirido (y, en algunos casos, lo sigue siendo) a cartoneros [1], miembros de un colectivo presente en buena parte de las grandes urbes latinoamericanas cuya denominación se convirtió en la del propio movimiento editorial. En las tareas de producción y venta de ejemplares pueden participar (o no) tanto los propios cartoneros como otros colectivos, por lo general en riesgo de exclusión.

Un libro "cartonero" es, en principio, cualquier volumen encuadernado a mano con tapas de cartón. Debido a que el término fue acuñado y popularizado por las editoriales cartoneras, su definición más habitual es la de "ejemplar producido por una de esas editoriales". La definición hace hincapié en el formato del libro (un amplio abanico de diseños que comparten el rasgo básico de las cubiertas de cajas recicladas) y en su modo de producción; de momento no incluye las intenciones que dan al objeto "libro cartonero" un propósito, un significado y un valor.

 

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A la hora de publicar libros, las cartoneras buscan autores dispuestos a ceder los derechos de reproducción y distribución de sus obras [2]. Las páginas de esos trabajos se imprimen (multicopista, impresión a chorro, offset) o fotocopian y luego se cosen o grapan. La "tripa" resultante se encuaderna entre dos tapas de cartón, que se fabrican recuperando cajas de la basura (obtenidas de la calle directamente o a través de cartoneros), limpiándolas y cortándolas a medida. Las cubiertas y algunas secciones del interior del volumen se componen, ilustran y pintan a mano, combinando distintas técnicas artísticas (acuarela, gouache, témpera, entintado, collage, stencil, etiquetado, esgrafiado, grabado); los resultados son muy variables, y van desde tapas de cartón "en crudo" hasta pequeñas obras de arte. En las cubiertas se coloca la información esencial: título, autor, editorial, fecha y, generalmente, alguna mención a los derechos y condiciones de distribución y uso.

En el proceso de producción se involucran distintos actores, entre los que pueden encontrarse determinados colectivos excluidos o en riesgo de exclusión socio-económica: desde recolectores callejeros a presos, pasando por niños de barriadas periurbanas, comunidades indígenas y personas con discapacidad mental. Por lo general, los impulsores del proyecto suelen pertenecer a ámbitos artísticos, universitarios y/o profesionales; son ellos los que, por razones que merecen un estudio propio, suelen "sumar" a la actividad a los participantes más desaventajados (para quienes, a menudo, los beneficios reales y a largo plazo de tal participación resultan dudosos). En pocas ocasiones la iniciativa de crear una editorial cartonera ha partido y/o ha sido desarrollada directamente por los grupos en riesgo. Y en algunos casos puntuales existe una manipulación más que evidente de estos últimos.

Las ediciones de una obra determinada dependen de los recursos con los que cuenten los editores y de la demanda prevista; en general se trata de tiradas pequeñas y espaciadas en el tiempo. Los ejemplares suelen ser distintos entre sí –por lo menos en su cubierta– y, en consecuencia, podría decirse que cada libro es "único" [3]. Lo más habitual es que sus catálogos sean modestos, y que los libros se vendan a precios muy bajos, incluso irrisorios. Los canales de distribución pueden ser muy variados e incluir espacios comerciales como librerías y oficiales como ferias del libro, o basarse en el contacto personal, el boca a boca, los blogs y las redes sociales, y las propuestas "alternativas" (venta callejera o en comercios de barrio, ferias independientes, consigna de libros en instituciones, etc.).

Las editoriales asumen diversas formas (proyectos individuales, familiares o barriales, iniciativas comunitarias, colectivos con o sin personería jurídica, sociedades limitadas), trabajan en distintos espacios físicos (casas particulares, locales prestados o alquilados, espacios institucionales), pueden o no realizar otras actividades además de la edición en sí misma (proyectos sociales y culturales paralelos), y sus discursos, objetivos, intereses e intenciones abarcan un espectro muy amplio y un abanico ideológico verdaderamente multicolor.

 

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El sencillo método de trabajo utilizado por las editoriales cartoneras, esbozado por Eloísa Cartonera en 2003, fue ajustado y mejorado progresivamente con la práctica. Sin embargo, el "modelo editorial" abarca mucho más: unos motivos para producir los ejemplares, unas metas a cumplir a través de esa actividad, unos caminos a transitar y otros a evitar, un ideario... El de Eloísa tenía, en principio, un cierto trasfondo social y político (trasfondo que, en el lugar y en el momento de su nacimiento, estaba en todas partes): incluía la democratización del libro y la lectura desde una perspectiva comunitaria y no mercantilista, y la participación de colectivos en riesgo de exclusión en el proceso editorial.

Al ir ganando visibilidad, la propuesta de los argentinos de hacer libros "cartoneros" fue adoptada, junto con su metodología, por otras personas en otros lugares. Sin embargo, su "modelo editorial" no fue transferido directamente sino adaptado a las necesidades y a las formas de pensar de los fundadores y participantes de cada nuevo proyecto, y enmarcado en sus realidades particulares. Cada editorial abordó la publicación de este tipo de libros desde su propia perspectiva, con sus propias búsquedas e ideologías y dentro de su propio contexto geográfico, político, social, cultural, educativo, institucional y lingüístico. Así se fueron agregando, perdiendo o modificando elementos, se enriquecieron algunos aspectos del modelo y se descartaron otros. A la postre, las trayectorias de las nuevas editoriales cartoneras tuvieron poco que ver con los planteamientos y las intenciones originales de Eloísa: aunque compartieron unas líneas básicas, los objetivos perseguidos fueron diferentes, como lo fueron también los medios empleados y los resultados obtenidos [4].

La diversificación de motivos y de fines continúa a día de hoy, junto a la fecunda multiplicación de editoriales cartoneras. Curiosamente, por muy disímiles que sean y muy alejados que estén, todos los miembros de esta familia –si es que puede denominarse así a este heterogéneo conglomerado de iniciativas más o menos vinculadas entre sí– han conservado, por distintas razones, el apellido "cartonera" [5].

 

Notas

[1] En Argentina, se denomina cartoneros a los recolectores urbanos de materiales reciclables –sobre todo cartón– rescatados fundamentalmente de los contenedores y bolsas de basura de la ciudad. Trabajan generalmente de noche, recogiendo y clasificando los elementos que luego venderán, a muy bajos precios, a intermediarios o a empresas de gestión/reutilización de este tipo de residuos. Suele tratarse de habitantes de barrios periurbanos, generalmente excluidos y marginados, que han generado un complejo sistema de búsqueda, traslado y venta a pesar de las numerosas prohibiciones legales. Sus figuras –arrastrando grandes carritos, montados en carros tirados por caballos o incluso a bordo de camiones– se hicieron más visibles (probablemente por haberse multiplicado su número, y por haber perdido el miedo o la vergüenza) a partir de la crisis de 2001, y hoy, en algunos casos organizados en cooperativas, son inseparables del paisaje de cualquiera de las grandes (y no tan grandes) urbes del país y de muchos otros rincones del continente.

[2] Las editoriales cartoneras suelen decantarse por trabajos literarios (poesía, cuento breve, ensayo, narrativa), especialmente por los de autores noveles y por aquellos que reflejen en sus páginas la realidad y el habla local o regional. En América Latina se apuesta también por trabajos que muestren la historia y la idiosincrasia del continente. Asimismo, se publican algunos escritos de autores pertenecientes a colectivos excluidos (que además suelen participar del trabajo de edición y venta). Algunas editoriales mantienen la división entre autores "conocidos" y "desconocidos" (un concepto tomado del mainstream) e intentan que los primeros les cedan los derechos de algunas de sus obras, en tanto que otras se concentran exclusivamente en los segundos. El catálogo de una editorial cartonera (y la evolución del mismo a lo largo del tiempo) es bastante indicativo de su línea ideológica, y merecería un cuidadoso análisis.

[3] Esto ha llevado a algunas editoriales cartoneras puntuales a vender su producción como "libros-objeto" o "libros artísticos", una posición propia del sistema mercantilista hegemónico.

[4] El universo cartonero constituye actualmente una realidad heterogénea, a menudo caótica, en ocasiones descoordinada e improvisada, y casi siempre inestable y cambiante. Se trata de un ambiente muy volátil, que muestra diferentes caras, en cuya génesis y desarrollo han intervenido numerosos factores, y que ha estado permanente atravesado por tensiones y contradicciones. En relación a algunos de sus conflictos internos, conviene revisar las reflexiones de Aurelio Meza en Editoriales Cartoneras: Hacia una posible genealogía. Radiador Magazine, abril de 2014. [En línea].

[5] Muchas editoriales cartoneras desconocían, al momento de su fundación, la procedencia o el significado original del "apellido". Algunas asumieron –erróneamente– que se hacía alusión al trabajo con cartón, y bajo esa acepción han conservado la denominación. Las razones por las que las editoras han mantenido el término "cartonera" en su nombre (conveniencia, genealogía, etc.) merecería un análisis en profundidad.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 17.11.2015.

Foto: Libro cartonero, de Melí Meló (enlace).

El texto corresponde a la segunda parte del artículo "Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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