Palos mensajeros

Palos mensajeros

Páginas enraizadas (IV)


 

Luego me mostró un pedacito de palo con marcas en él, y dijo que era un palo-carta aborigen ... Era redondo, no plano como la mayoría de las otras cartas, y era una invitación para un corroboree; y había marcas en él explicando qué tipo de correoboree sería, y diciendo que se celebraría en Duck Creek. Había aún algunas otras noticias marcadas allí...

 

Así describió la novelista australiana Jeannie Gunn (1870-1961) los message sticks en su libro The Little Black Princess (La princesita negra, 1909). Estos message sticks (palos mensajeros) o talking sticks (palos que hablan) eran instrumentos utilizados por algunos de los pueblos nativos de Australia, la enorme isla-continente, para comunicarse. Fueron una de las muchas formas que, a lo largo y ancho del mundo, desarrollaron los pueblos ágrafos para mantener contacto entre ellos y transmitir(se) información.

Generalmente se trataba de una pieza de madera sólida (aunque también podían emplearse lascas de piedra o láminas óseas), de unos 20-30 cm de largo, sobre la que se dibujaban series de puntos y líneas rectas y curvas; a veces se las grababa con piezas de hueso, piedra o concha, y otras se las quemaba o se las pintaba. En ocasiones el trabajo era hecho con un esmero exquisito, como se escribiría una misiva con cuidada caligrafía, mientras que otras veces se lo ejecutaba de forma rápida y descuidada, igual que se esbozaría una nota apresurada.

Esas marcas eran sencillas de descifrar sin necesidad alguna de traductores, intérpretes u otros intermediarios, pero otras no hablaban por sí solas. La mayoría de las veces oficiaban como meros ayuda-memorias para el individuo que transportaba aquellos palos, el cual, a partir de los diseños que tenía entre manos, recordaba y recitaba un texto que se le había explicado y hecho memorizar previamente.

El antropólogo, explorador y naturalista australiano Alfred Howitt (1830-1908) observó el proceso de confección de uno de estos mensajes por ancianos del pueblo Wurundjeri del área de Melbourne, y lo describió en un artículo publicado en 1889:

 

El hombre más anciano, habiendo confeccionado el message stick, lo alcanza al anciano más cercano, que lo inspecciona y, de ser necesario, añade más marcas y da las correspondientes instrucciones. Finalmente, habiendo pasado de uno a otro de los ancianos presentes, se le entrega al mensajero, que ya ha recibido el mensaje verbal asociado a la pieza de madera.

 

Los message sticks permitían la comunicación entre distintos clanes del mismo grupo lingüístico, e incluso la facilitaban entre poblaciones hablantes de distintos idiomas (y en Australia había hasta 250 diferentes, con unas 600 variaciones dialectales). Los contenidos oscilaban entre invitaciones para corroborees, juegos de pelota marngrook o peleas rituales y noticias importantes, y abarcaban pedidos, disputas, advertencias, arreglos matrimoniales, notificaciones de fallecimientos y negociaciones comerciales.

En un artículo de 1897, el antropólogo australiano Robert H. Mathews (1841-1918) indicó que probablemente debía de haber un patrón conocido por todos los pueblos que utilizaran el sistema, que permitiría inferir la temática del mensaje a partir de la forma de su soporte: un tipo de palo, por ejemplo, sería usado para invitaciones de corroboree en donde se reuniera mucha gente, y otro, más pequeño, podía aprovecharse para enviar recuerdos entre amigos. En estas ocasiones, y al igual que hacían muchos pueblos del norte de Europa, los australianos ataban en un extremo de la "carta" un mechón de pelo o un adorno personal.

Los portadores o "correos" de message sticks podían atravesar territorios de otras "naciones" aborígenes sin sufrir daño alguno: gracias a marcas decorativas especiales que acreditaban la autenticidad del mensaje y la identidad de la comunidad que lo enviaba, los mensajes servían como credenciales y salvoconductos, otorgando "inmunidad diplomática" incluso en tiempos de conflictos. Aquellos que encontraran a un "cartero" en su territorio tenían que conducirlo ante sus ancianos, que tras escuchar su mensaje debían garantizar el viaje seguro del "correo".

Los message sticks dejaron de usarse hace mucho; hoy son bienes de museo, marcas en piezas de madera cuyo significado desapareció junto con las personas que las crearon y manejaron. Sin embargo, el recuerdo de este sistema de intercambio de saberes y noticias no se esfumó del todo: el periódico estudiantil de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Sidney, fundado en 1953, se llama tharunka, el nombre que recibían estos palos mensajeros en la lengua aborigen local, el koori.

 

Bibliografía citada

Howitt, Alfred W. (1889). Notes on Australian Message Sticks and Messengers. The Journal of the Anthropological Institute of Great Britain and Ireland, 18, pp. 314-332.

Matthews, Robert H. (1897). Message sticks used by the Aborigines of Australia. American Anthropologist, 10 (9), September, pp. 288-298.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 29.09.2015.

Foto: Message sticks (enlace).

El texto corresponde a la cuarta parte de la colección de ensayos "Páginas enraizadas: Tradiciones, memorias y libros", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las seis partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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