Narraciones al son de la zanfona

Narraciones al son de la zanfona

Páginas enraizadas (III)


 

El Museo de la Gaita forma parte del Muséu del Pueblu d'Asturies (Museo del Pueblo de Asturias; Gijón, Asturias, norte de España), una institución situada a orillas del río Piles, muy cerca de la desembocadura de ese curso de agua en las costas del Mar Cantábrico.

Además de contar con una impresionante colección de gaitas de todo el mundo (incluyendo, evidentemente, a la gaita asturiana, la "reina" de la exposición), el museo dispone de una sección en la cual exhibe un completo muestrario de instrumentos musicales populares y tradicionales de Asturias. Y entre ellos se encuentra la zanfona, un cordófono de sonido muy particular que, desde tiempos medievales, estuvo sobre todo en las manos de trovadores y narradores ciegos de toda Europa.

Esta tradición tuvo numerosos cultores en toda la mitad norte de España, pero se concentró en Galicia y Asturias. Una foto, tomada por Baltasar Cue a principios del siglo XX y expuesta tras las vitrinas de esa sección del Museo de la Gaita, documenta la presencia de uno de los últimos ciegos trovadores asturianos. La imagen representa a un anciano que sostiene una enorme zanfona entre los brazos, un instrumento oscurecido por esa pátina tan especial que adquiere la madera tras años y años de ser acariciada por manos grasosas, de ser apoyada en cualquier sitio, de viajar de un lado a otro desprotegida... A su lado, un niño de unos diez años, a todas luces el lazarillo que solía guiar al ciego, acompañar sus canciones con una pandereta y recoger las monedas, parece ofrecer al público uno de los famosos "pliegos de cordel".

Es en ese momento cuando la atención pasa de la música y los instrumentos a las palabras.

En tierras europeas y latinoamericanas, la literatura popular se difundió sobre todo a través de las narraciones en verso de trovadores, payadores o cuenteros, a menudo musicadas... A partir de la aparición de la imprenta y de la popularización de sus productos, los relatos que recitaban esos "libros vivientes, andantes y sonantes" (sobre todo los ciegos cantores del norte de España, acompañados por la música quejumbrosa de la zanfona y el pandero de sus lazarillos) también podían comprarse impresos en pequeños pliegos de papel (Díaz, 1996).

Esos pliegos (llamados "de cordel" porque solían exponerse para la venta prendidos en cuerdas, como si de ropa tendida al sol se tratase) sirvieron como medios de transmisión de literatura histórica, religiosa o de otra índole entre la gran masa de campesinos y "gentes del pueblo" (Mendoza Díaz-Maroto, 1993). Los pliegos eran breves, manejables, baratos, ilustrados y descartables. A aquellos que no poseían las destrezas de la lectura les bastaba con oír la amena exposición del narrador invidente, que había memorizado de antemano los contenidos. Los que sabían leer podían, además, adquirir y llevarse a casa, por una moneda, el apasionante relato —versificado e impreso en letras de molde— de crímenes, valentías, bajas pasiones, arrebatos, milagros, apariciones, brujerías, guerras, rebeliones...

Hasta tiempos relativamente recientes, los pliegos de cordel fueron considerados por los estudiosos, académicos e historiadores de la literatura como poco menos que bazofia, prototipo del mal gusto que un populacho inculto se regodeaba en leer (o escuchar). Dice Lorenzo Velez (1982):

 

En los manuales al uso sobre la Historia de la Literatura, se presta escasa o nula atención a un género literario conocido con el nombre de "Literatura de Cordel". Las mentes clasistas, tan acostumbradas a regirse por una preceptiva del bien hacer, consideran este género como prototipo del "mal gusto". Sólo admiten una literatura aséptica encaminada a un lector preparado y culto, donde las pasiones entrarían en el campo de lo previsible por la sociedad. Frente a esta postura, la literatura de cordel ofrece una visión vitalista de la realidad donde entran en juego crímenes pasionales, venganzas horribles o arrepentimientos de empedernidos pecadores. Se la ha etiquetado como infraliteratura donde se parangona lo vulgar con el gusto popular y, aún más, como inductora de bajas pasiones y de promover la superstición en sus asiduos consumidores. A pesar de la parte de verdad que esto encierra, toda simplificación generalizadora, supone el desconocimiento profundo de la mecánica de lo popular y su proceso.

 

Denostados por esos pocos que, en términos de historia oficial, siempre tuvieron la última palabra, y adorados por el resto, aquellos siempre silenciados, siempre etiquetados como "campesinos", "populacho" o el anónimo y masificador "gente", los pliegos de cordel tienen un rincón en un museo que trata de impedir el olvido definitivo de tradiciones ya desaparecidas o en total recesión: la del relato oral, la de los romanceros, la de la zanfona... Precisamente esas pocas tradiciones que democratizaban la cultura y el saber.

El Muséu del Pueblu d'Asturies no solo es un refrescador de viejas memorias. También es un excelente desmitificador, que deshace, con sus exposiciones, leyendas históricas e imágenes preconcebidas. Como aquella que nos muestra a los pastores asturianos comiendo el queso de sus ovejas y la mantequilla de sus vacas y a los agricultores disfrutando cada tarde de un trozo de pan blanco, un rebosante plato de verduras variadas y, de postre, un sorbito de la mejor sidra...

Nada más lejos de la realidad. Pero esa historia quedará para otra ocasión. Porque merece un buen par de páginas...

 

Bibliografía citada

Díaz, Joaquín (1996). El ciego y sus coplas. Madrid: Fundación ONCE, Escuela Libre Editorial.

Lorenzo Velez, Antonio (1982). Una aproximación a la literatura de cordel. Revista de Folklore, 17.

Mendoza Díaz-Maroto, Francisco (1993). Literatura de cordel albacetense. Al-Basit – Revista de Estudios Albacetenses, 33, pp. 157-178.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 22.09.2015.

Foto: Zanfona (enlace).

El texto corresponde a la tercera parte de la colección de ensayos "Páginas enraizadas: Tradiciones, memorias y libros", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las seis partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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