Asurbanipal y su biblioteca

Asurbanipal y su biblioteca

De tablillas y papiros (V)


 

Yo, Asurbanipal, dentro [del palacio] cuidé de la sabiduría de Nebo, de la totalidad de las tabletas inscritas, de todas las tablillas de arcilla; [yo] resolví la totalidad de los misterios y dificultades.

Fragmento del Cilindro A de Asurbanipal (Columna I, líneas 31-33). En Smith (1871).

 

En su imponente ciudad capital, Nínive, ubicada en el banco oriental del río Tigris (cerca de la actual Kouyunjik, norte de Irak), el monarca asirio Aššur-bāni-apli (Asurbanipal, 668-627 a.C.) poseía una biblioteca impresionante, una de las más cuidadas y mejor provistas de la antigua Mesopotamia [1]. Ubicada en la Sala de la Caza del León del Palacio Real, la colección contenía alrededor de 30.000 tabletas clasificadas por género (fue la primera institución en la historia en organizar sus documentos de esa forma [2]), y fue desenterrada por Hormuzd Rassam (ayudante del célebre Austen Henry Layard) en 1852 [3].

Aššur-bāni-apli reverenciaba la escritura. No se trataba sólo del respeto que reyes y súbditos mesopotámicos por igual sentían por los signos y tablillas. Este monarca asirio era un individuo alfabetizado, un auténtico "dueño de los signos", alguien que no necesitaba de la mediación de un escriba para leer o escribir. Tales destrezas resultaban extremadamente raras entre los regentes, gobernantes y estadistas de la época; de hecho, y de acuerdo a la leyenda, fue el único rey asirio que llegó a dominarlas. Aššur-bāni-apli presumía de ser capaz de "leer tabletas escritas antes del Diluvio", es decir, muy antiguas, lo cual indica que, además de manejar su acadio natal, también conocía el sumerio, lengua muerta que los acadios privilegiaban como idioma culto y de prestigio.

Aššur-bāni-apli envió a agentes por todo el Cercano Oriente para que buscaran tabletas con las que ampliar su colección. Así le escribió a uno de ellos, de nombre Shadanu, a quién había destinado a Barsip (Borsippa), una localidad cercana a Babilonia (Ceram, 1986):

 

El día que recibas mi carta, toma a Shuma, a su hermano Bel-etit, a Apla, y a los escribas de Borsippa a quienes conozcas, y recoge las tablillas, tantas como haya en sus casas, y tantas como haya en el templo de Ezidu... Busca y tráeme las preciosas tabletas de las cuales no existan transcripciones en Asiria. Acabo de escribir al administrador del templo y al alcalde de Borsippa haciéndoles saber que tú, Shadanu, debes conservar las tabletas en tu almacén y que nadie puede rechazar entregarte las tabletas. Si te enteras de alguna tableta que sea valiosa para el palacio, búscala, asegúrala y envíala aquí.

 

A través de este y otros medios (que incluyeron amenazas directas y obtención de tablillas como botín de guerra), Aššur-bāni-apli creó una increíble biblioteca. Curiosamente, sus fondos contenían muchísimos textos de carácter ritual: astrología, encantamientos y augurios. El propio monarca, en su mensaje a Shadanu, establecía la distinción entre "tabletas" y "textos rituales", delatando la importancia que esos documentos poseían en la antigua Mesopotamia, en donde se utilizaban para comprender, aplacar o ejercer cierta coerción (hasta donde fuese posible) a los dioses.

La biblioteca también albergaba textos sobre matemáticas, medicina, astronomía y muchas otras materias, así como poesía épica, canciones, himnos y diccionarios bilingües sumerio-babilonios. En la actualidad, este repositorio (conservado principalmente en el Museo Británico) es la más rica fuente documental para comprender las culturas de Súmer, Babilonia y Asiria. Debido a un manejo descuidado de los materiales originales, buena parte de las tablillas están dañadas de forma irreparable. Sin embargo, algunos elementos han sobrevivido intactos, y el análisis de numerosos fragmentos ha permitido una reconstrucción parcial de los contenidos.

 

Palacio de Aššur-bāni-apli, rey de la totalidad, rey de Asiria, a quien [los dioses] Nabu y Tashmetum dieron gran sabiduría, quien adquirió visión aguda: lo mejor del arte de los escribas, trabajos como ninguno de los reyes que me precedieron han visto nunca, remedios de la punta de la cabeza a las uñas de los dedos de los pies, selecciones no canónicas, sabias enseñanzas, todo lo que tenga que ver con la maestría médica de [los dioses] Ninurta y Gula, lo escribí en tabletas, lo comprobé y cotejé, y lo deposité dentro de mi palacio para su estudio minucioso y su lectura (Hunger, 1968).

 

Antiguas tradiciones persas y armenias señalan que Alejandro el Grande (356-323 a.C.) se habría inspirado en la Biblioteca Real de Aššur-bāni-apli para construir la de Alejandría (una obra que sería realizada por su amigo y sucesor Ptolomeo). De ser así, uno de los guerreros más feroces y sanguinarios que conoció el mundo antiguo habría sido, a la vez, la inspiración para una de las mayores obras de conservación de la memoria y el conocimiento humanos.

 

Notas

[1] Al igual que Nínive, la mayoría de las grandes ciudades mesopotámicas (Hattuša, Nippur, Nuzi, Ebla, Ugarit, Mari) contaba con una institución cuyo perfil oscilaba entre los archivos y las bibliotecas actuales. Tales depósitos de información eran vitales para la administración de las distintas ciudades-estado de la región. A finales del segundo milenio a.C., estas instituciones estaban presentes en varias partes del mundo.

[2] Los Sumerios llamaban a los catalogadores/clasificadores de bibliotecas "los ordenadores del universo" (Thompson, 1940).

[3] A finales de 1849 se descubrió una biblioteca en el Palacio del rey Sîn-ahhī-erība (Senaquerib, 705-681 a.C.); tres años más tarde, Hormuzd Rassam (ayudante de A. H. Layard) encontró una biblioteca similar en el Palacio de Aššur-bāni-apli, en el lado opuesto de la colina de Kouyunjik. No se realizó registro del descubrimiento, y para cuando llegaron a Europa, todas las tablillas estaban mezcladas, y la mayor parte, destrozadas. Por lo general, el hallazgo de las bibliotecas se atribuye a Layard.

 

Bibliografía citada

Ceram, C.W. (1986). Gods, Graves and Scholars: The History of Archeology. Nueva York: Knopf.

Hunger, Hermann (1968). Babylonische und Assyrische Kolophone. Alter Orient und Altes Testament, vol 2. Kevelaer: Butzon & Bercker.

Smith, George (1871). History of Assurbanipal, Translated from the Cuneiform Inscriptions. Londres: Harrison and Sons.

Thompson, James Westfall (1940). Ancient Libraries. Berkeley: University of California Press.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 21.07.2015.

Foto: "Assyrian King Ashurbanipal", de Lybian Soup (enlace).

El texto corresponde a la quinta y última parte del artículo "De tablillas y papiros. Ensayos sobre la lectura y la escritura en la Antigüedad", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las cinco partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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