Libros y literaturas

Libros y literaturas

De tablillas y papiros (IV)


 

Enten hace que la oveja dé a luz al cordero,
que la cabra dé a luz al cabrito;
que vaca y carnero se multipliquen,
que se produzca mucha grasa y leche.
En la llanura hace alegrarse el corazón
de la cabra salvaje, de la oveja y del asno;
a los pájaros del cielo, sobre la amplia tierra,
les hace construir sus nidos...

Fragmento del texto sumerio titulado "Emesh y Enten" (o "Debate entre Invierno y Verano"). Tablilla 8310 de la Biblioteca de Nippur (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania).

 

La primera literatura de la que tenemos constancia se escribió en pequeñas tablillas de barro.

Puede decirse que en la antigua Mesopotamia se leía una literatura de arcilla [1]. Es preciso aclarar que ideas como "literatura" y "lectura como actividad recreativa" tenían, hace cinco milenios, significados y connotaciones bastante diferentes de los que se manejan actualmente. Establecer paralelismos directos podría conducir a interpretaciones erróneas. Con las reservas del caso, pues, puede hablarse de "libros de literatura mesopotámicos": conjuntos de varias tablillas (probablemente almacenadas en una cajita de madera, una canasta o en una bolsa de cuero siguiendo un orden determinado) en las que se recogían historias morales, mitos o aventuras épicas de reyes legendarios, los best-sellers de aquel momento.

Las tablillas que componían aquellos tempranos volúmenes (llamadas tuppum en acadio) solían ser pequeñas [2]; concretamente, del tamaño de la palma de la mano [3], de ahí que los signos cuneiformes que cubrían su superficie fuesen verdaderamente minúsculos. Las historias que se narraban en esos "tomos" ya habían sido, eran y continuarían siendo relatadas de manera oral por los nar (trovadores ambulantes) en calles, mercados y hogares de todas las ciudades-estado del antiguo Cercano Oriente, desde las costas del Mediterráneo hasta los montes Zagros; su consignación en signos escritos y su posterior lectura recreativa eran, en cierta forma, un lujo. Y los libros (y el hecho de tenerlos y de "escucharlos") debieron ser un símbolo de riqueza y ostentación reservado a determinadas clases sociales. Algunos historiadores han llegado a señalar que el acceso a la lecto-escritura podría haber constituido una característica distintiva de la aristocracia (o una que ayudara a definirla), y que habría recibido cierta emulación por parte de otros estratos (Michalowski, 1994).

El descubrimiento de algunos archivos y "bibliotecas" mesopotámicos en un estado de conservación relativamente bueno ha permitido saber qué se leía entonces. Los repositorios de Uruk III (3000 a.C., actual Irak) proporcionaron a los arqueólogos las primeras "lecturas" de Mesopotamia: listas de léxico sumerio (Green, 1981). En el Palacio Real de Ebla (2250 a.C., actual Tell Mardikh, NO de Siria) se desenterraron 17.000 tabletas que versaban principalmente, y como era de esperar, sobre finanzas y administración (impuestos, tributos, registros de caravanas, informes de viajes de negocios). Básicamente, se trataba de textos producidos por burócratas para burócratas: de hecho, más del 75% de las 150.000 inscripciones cuneiformes halladas hasta el momento son registros administrativos y contables (Coulmas, 1989). Sin embargo, y aunque en un porcentaje mucho menor, también se encontraron textos religiosos (himnos y otros cánticos a los dioses, oraciones, augurios y presagios, conjuros y hechizos, encantamientos, rituales durante los eclipses, exorcismos para combatir espíritus malignos, ceremonias de cambio de ciclo), reseñas sobre historia, medicina, cocina, astronomía, matemáticas, agricultura y ganadería (Walker, 1987), materiales lingüísticos (glosarios y diccionarios) y "literatura".

La mayoría de los textos escritos que, bajo parámetros actuales, se considerarían "literarios" no aparecieron en Mesopotamia hasta el periodo de dominio acadio (a partir del 2500 a.C.). Los escribas babilonios y asirios se ocuparon de codificar sus propias tradiciones orales [4] y, al mismo tiempo, de rescatar, copiar, adaptar y traducir las de los antiguos sumerios, sus predecesores en aquellas tierras entre el Tigris y el Éufrates [5]. Es por esa razón que el mayor corpus de literatura mesopotámica se ha hallado en la biblioteca babilónica de Nippur (segundo milenio a.C., actual Nuffar, Irak) y en la Biblioteca Real del rey asirio Aššur-bāni-apli (Asurbanipal, 668-627 a.C.) en Nínive (actual Kouyunjik, Irak). Oppenheim (1977) señala que dicho corpus literario se acerca a los 1500 textos, de los cuales la mitad son fragmentos.

La literatura sumeria que se conoce hasta el momento recoge mitos sobre los orígenes (de creación y organización), los "debates", los ciclos épicos de los legendarios reyes de Uruk, algunos mitos de temática variada, y el llamado "Lamento por Ur" (Wilson, 1901).

Los mitos sobre los orígenes incluyen textos como "Enki y el orden del mundo" (una cosmogonía sumeria); "Enlil y Ninlil" (sobre el nacimiento del dios luna); "Enki y Ninhursag" (donde se describen las bondades del paraíso sumerio); "Enki y Ninmah" (con el problema de la creación del hombre como argumento); "Enki y Sumer" (organización del mundo y su proceso culturizador); y el famoso "Diluvio sumerio". En este último, un relato que inspiró la célebre narración bíblica, el dios Enlil castiga a la humanidad (por motivos desconocidos) y es gracias a la intervención del dios Enki que hombres y animales escapan de la destrucción total. En esta versión, el rey Ziusudra (el equivalente del conocido Noé bíblico) se salva en su "arca" o gish ma-gur-gur ("enorme barca"):

 

Todas las tempestades y los vientos de desencadenaron;
(en un mismo instante) el diluvio invadió los centros de culto.
Después que el diluvio hubo barrido la tierra durante siete días y siete noches
y la enorme barca hubo sido bamboleada sobre las vastas aguas por las tempestades
Utu [el sol] salió, iluminando el cielo y la tierra.
Ziusudra abrió entonces una ventana de su enorme barca
y Utu hizo penetrar sus rayos dentro de la gigantesca barca.
El rey Ziusudra se prosternó (entonces) ante Utu;
el rey le inmoló gran número de bueyes y carneros.

[La versión sumeria del Diluvio aparece en una tablilla localizada en Nippur. Es el relato más temprano de este mito. Faltan las dos terceras partes del poema, y de la sección conocida, casi un centenar de líneas están dañadas. La traducción anterior ha sido tomada de Lara Peinado (1984)].

 

En la cosmogonía "Enki y el orden del mundo", la narración adquiere un tono más majestuoso:

 

Enki, el señor del Abzu, irresistible en su majestad, proclama con (gran) voz:
"Yo soy la semilla genuina, engendrada por el buey salvaje, yo soy el primogénito de An.
Yo soy la gran tormenta que sale del Inframundo, yo soy el gran señor del país.
Yo soy el gugal [juez de las aguas] de todos los señores, el padre de todas las tierras.
Yo soy el hermano mayor de los dioses, el que trae la abundancia".

[Uno de los textos más importantes de la literatura sumeria, reconstruido a partir de muchísimos fragmentos repartidos en varios museos. La traducción anterior ha sido tomada de Lara Peinado (1984)].

 

Los "debates" aparecen hacia finales del segundo milenio (2200-2000 a.C.). Son relatos o historias breves, disputas filosófico-poéticas de las cuales se conservan unos siete títulos: "El debate entre ave y pez", "El debate entre grano y ganado/oveja" (también llamado "Lahar y Ashnan"), "El debate entre la piedra de molino y la piedra gulgul", "El debate entre el hachapico y el arado", "El debate entre la plata y el cobre", "El debate entre invierno y verano" (también llamado "Emesh y Enten") y "El debate entre el árbol y la caña". En "Lahar y Ashnan" [6] se aprecian los términos iniciales del debate:

 

Lahar, en su aprisco,
es un pastor que incrementa los productos del aprisco.
Ashnan, en medio de las cosechas,
es una virgen amable y generosa.
La abundancia que viene del cielo,
Lahar y Ashnan la hacen aparecer sobre la tierra.
A la sociedad llevan la abundancia,
al país llevan el aliento de vida,
multiplican el contenido de los almacenes,
llenan hasta reventar los graneros.
En la casa del pobre, donde se amontona el polvo,
entrando en ella, le llevan la abundancia.
Ambos, allí donde estén,
llevan consigo a la casa enormes provechos.

[Tablilla 14005 de la Biblioteca de Nippur (Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania). La traducción anterior ha sido tomada de Lara Peinado (1984)].

 

Los ciclos épicos contienen narraciones de las hazañas de Shulgi y Sharru-ken (Sargón I de Akkad), así como de los heroicos reyes de Uruk Enmerkar ("Enmerkar y el señor de Aratta", "Enmerkar y Ensukushiranna"), Lugalbanda ("Lugalbanda y Enmerkar", "Lugalbanda y el monte Hurrum") y, sobre todo, de Gilgamesh. El ciclo de Gilgamesh es un conjunto de mitos sumerios entrelazados entre sí, conformado originalmente por al menos cinco historias, las cuales detallaban las aventuras del protagonista: "Gilgamesh y Agga de Kish", "Gilgamesh y el País de la Vida" (o "Gilgamesh y Humbaba"), "Gilgamesh y el Toro Celestial" (o "La muerte de Humbaba"), "Gilgamesh, Enkidu y los Infiernos" y "Muerte de Gilgamesh". El comienzo de "Gilgamesh, Enkidu y los Infiernos" presenta estructuras repetitivas características de la tradición oral:

 

En los días de antaño, en los lejanos días de antaño,
en las noches de antaño, en las lejanas noches de antaño,
en los días de antaño, en los lejanos días de antaño,
cuando en los días de antaño toda cosa perfecta había sido creada,
cuando en los días de antaño toda cosa perfecta había sido ordenada,
cuando el pan había sido probado en los templos del país,
cuando el pan había sido cocido en los hornos del país,
cuando el cielo se había separado de la tierra,
cuando la tierra se había separado del cielo,
cuando el nombre de la humanidad había sido fijado...

[Se tiene constancia de este poema a través de duplicados y fragmentos. Compone la última parte del tardío "Poema de Gilgamesh". La traducción anterior ha sido tomada de Lara Peinado (1984)].

 

Algo similar ocurre en "Muerte de Gilgamesh":

 

El que venció al mal se ha acostado, no despertará (más).
El que estableció justicia en la tierra se ha acostado, no despertará (más).
El señor de Kullab se ha acostado, no despertará (más).
El que tuvo sabiduría se ha acostado, no despertará (más).
En el lecho del Destino yace, no despertará (más).
En el multicolor lecho yace, no despertará (más).

[Se conoce únicamente la última parte de este mito gracias a tres tablillas de Nippur. No fue incluido en el "Poema de Gilgamesh". La traducción anterior ha sido tomada de Lara Peinado (1984)].

 

Las versiones más antiguas de estas narraciones de Gilgamesh han llegado a nosotros gracias a fragmentos hallados en Ur III, y confirman el interés de los reyes sumerios Ur-Nammu y Shulgi en conservar tales historias. Durante el periodo babilónico, esos cinco relatos se tradujeron y adaptaron. Hacia finales del segundo milenio a.C. (periodo de dominio casita), un escriba llamado Sin-leqi-unninn los adaptó y tradujo al acadio babilónico estándar, añadió un prólogo y un epílogo y convirtió la historia en una auto-biografía en tercera persona, algo muy común en la literatura acadia. Creó así el famoso "Poema de Gilgamesh". Lo que hasta entonces había sido una leyenda épica y heroica se transformó así en una narración más introspectiva sobre la mortalidad y la humanidad. El texto de Sin-leqi-unninn (la versión más difundida actualmente) ocupaba doce tabletas, once de ellas con los episodios de la vida de Gilgamesh y la duodécima con un pasaje en el que los amigos fallecidos del héroe volvían de la tumba para contar qué había sido de los muertos en el inframundo.

Los mitos de temática variada incluyen los de Inanna ("Inanna y Shukallituda", "Inanna y Enki", y el famoso "El Descenso de Inanna a los Infiernos"), el de "Los Siete Sabios", los de ultratumba ("Muerte de Dumuzi", "Pasión del dios Lil en la tumba"), y otros como "Matrimonio de Martu" o "Destrucción de Kur".

El relato del "Descenso de Inanna a los Infiernos", muy célebre, detalla así los preparativos de la diosa para viajar al inframundo:

 

La shugurra, "corona de la llanura", se puso en la cabeza.
Rizos de cabello se fijó en su frente.
Un collar de pequeñas piedras de lapislázuli ató a su cuello.
Una doble fila de piedras nunuz se puso sobre el pecho.
Un anillo de oro se puso en el dedo.
El pectoral se lo fijó en su busto.
Con el manto principesco se cubrió la espalda.
El afeite lo aplicó sobre sus ojos.

[El mito se recogió en trece tablillas halladas en Nippur. La traducción anterior ha sido tomada de Lara Peinado (1984)].

 

La literatura semítica en lengua acadia (babilonia y asiria) incluyó, por su parte, poemas de amor, proverbios, fábulas, épicas mitológicas y leyendas, crónicas y épicas históricas (como las "Historias de la destrucción de las ciudades"), y "poesía didáctica"; ésta última un género muy popular (con las reservas del término) en Babilonia.

Los anales y épicas históricas (Noegel, 2005) aparecieron por primera vez en Mari con la épica real de Zimri-lim (1710-1698 a.C.), continuaron en la Babilonia del periodo casita con las épicas de Adad-šuma-usur (1216-1187 a.C.) y Nabû-kudurrī-usur I (Nabucodonosor I, 1126-1103 a.C.), y alcanzaron su mayor expresión en Asiria con las de Adad-nārārī I (1295-1263 a.C.), Tukulti-ninurta I (1243-1207 a.C.) y Šulmānu-ašarēdu III (Salmanasar III, 859-824 a.C.). Por lo general, todos estos relatos estaban diseñados para ensalzar las hazañas militares de sus nobles protagonistas: la de Šulmānu-ašarēdu III, por ejemplo, describe y alaba la campaña contra Urartu, en la Anatolia oriental (832 a.C.), mientras que la de Tukulti-ninurta I es un verdadero panfleto propagandístico que relata los combates contra Kaštiliašu IV de Babilonia. Así se describe en esta última al monarca asirio:

 

Incendiaria es su embestida, quema a los desobedientes a derecha e izquierda. Su luminosidad es aterradora, abruma a todos sus enemigos, cada rey piadoso de las cuatro regiones del mundo lo teme. Cuando grita como un trueno, las montañas se tambalean, y cuando blande su arma como [el dios de la guerra] Ninurta, todas las regiones de la tierra entran en pánico.

 

Entre las crónicas destacan las "Crónicas Babilónicas", redactadas por los "caldeos" (astrónomos babilonios) y que repasan la historia de Babilonia entre los reinados de Nabû-nasir (Nabonasar, 747-734 a.C.) y Seleucus III Ceraunus (243-223 a.C., periodo parto). Se cuentan además las "Crónicas Dinásticas" (o "Crónica Real Babilonia"), un listado de reyes; las "Crónicas de los Reyes Tempranos"; la "Historia Sincronística" asiria; la "Crónica P" (narraciones del reinado del monarca casita Kurigalzu II); la "Crónica de los precios del mercado" (que rescata los precios de varios artículos –cebada, dátiles, sésamo y lana– desde comienzos del segundo milenio a.C. hasta mediados del primero); la "Crónica Ecléctica" (historia de la Babilonia post-casita); y la "Crónica Religiosa" (un compendio de portentos y hechos extraordinarios). Se cree que en esta última se registró un eclipse:

 

En el vigésimo sexto día del mes Sivan, en el año séptimo [del reinado de Simbar-šipak (1025-1008 a.C.)], el día se convirtió en noche y hubo un fuego en el cielo.

 

Hubo además abundante literatura humorística, que iba desde la sátira a lo burlesco, pasando por poemas y acertijos jocosos. En el renombrado "Diálogo del Pesimismo" (hacia el 1000 a.C.), un hombre (el "amo") no deja de lanzar frases estereotipadas, y su interlocutor (el "esclavo") les hace eco servilmente, aunque eso signifique contradecirse continuamente:

 

Esclavo, ¡escúchame! ¡Aquí estoy, amo, aquí estoy!
¡Quiero hacerle el amor a una mujer! ¡Haz el amor, amo, haz el amor!
¡El hombre que hace el amor olvida las penas y el miedo!
Oh, bien, esclavo, no quiero hacerle el amor a una mujer.
No hagas el amor, amo, no hagas el amor.
La mujer es una verdadera trampa, un agujero, una zanja.
La mujer es una afilada daga de hierro que degüella al hombre.

 

"El Hombre Pobre de Nippur" es una historia fechada hacia el 1500 a.C., que ha sobrevivido de manera fragmentaria. Considerado un relato muy subversivo para su época, presenta de forma cómica a un hombre pobre que es humillado por el alcalde de Nippur y que, a través de una serie de tretas, obtiene su venganza. Comienza así:

 

Había un hombre, un ciudadano de Nippur, indigente y pobre,
Gimil-ninurta era su nombre, un hombre triste.
En su ciudad, Nippur, vivía, trabajando duro, pero
no tenía la plata que correspondía a su clase,
no tenía el oro que correspondía a la gente de su estatus,
sus almacenes estaban vacíos de grano,
sus entrañas ardían, ansiosas de comida, y
su cara estaba triste, ansiosa de carne y cerveza de primera clase.

 

Otro texto humorístico bastante famoso entre los estudiosos es "La mordedura de perro de Ninurta-pāqidāt" (o "El cuento del doctor analfabeto de Nippur"). Es una historia de equívocos, que, de acuerdo al colofón, era usada como texto de práctica para los aprendices de escriba de Uruk. Publicado por primera vez en 1979, el relato adquirió cierta "fama" ya que en aquel momento los asiriólogos no fueron capaces de traducir con sentido (y, por ende, de entender) el chiste del relato.

Mención aparte merecen los de creación, como la "Teogonía babilónica de Dunnu", la "Cosmología de los sacerdotes Kalu", o la "Cosmogonía caldea". Aunque quizás el texto más conocido dentro de esta categoría sea el "Enuma Elish" o "Enûma Eliš", una cosmogonía que incluye el "Mito de la creación del mundo y de los dioses" y el de la "Creación del hombre". En 1849, A. H. Layard recuperó las 7 tablillas en las que estaba inscrito entre las ruinas de la Biblioteca Real del rey asirio Aššur-bāni-apli (Asurbanipal) en Nínive. Fue titulado "Enuma Elish", igual que empezaba: "Cuando en lo alto el cielo...".

 

Cuando en lo alto el cielo aún no había sido nombrado,
y abajo la tierra firme no había sido mencionada por su nombre,
del primordial Apsu, su progenitor,
y de la tumultuosa Tiamat, la madre de todos,
las aguas se confundieron en un solo conjunto.
(Aún) no habían sido fijados los juncales, ni las cañas de las marismas habían sido vistas.

[La traducción anterior ha sido tomada de Lara Peinado (1984)].

 

Dentro de los mitos se encuentran también los clasificados como de "lucha y victoria" ("Mito de Zu", y la "Victoria de Marduk sobre Tiamat" del "Enuma Elish"), y los de "destrucción y salvación". Entre estos últimos se cuentan el célebre "Mito de Atrahasis", el "Poema de Erra", y la versión acadia del "Diluvio Universal", incluida en el "Poema de Gilgamesh". El de Atrahasis explica, a través de los fragmentos que han podido recuperarse de sus 1250 versos, el motivo del Diluvio: el excesivo trabajo que tenían los dioses, y el enojo de Enlil con los seres humanos. El relato del Diluvio, por su parte, narra las aventuras del Noé babilonio, llamado Utnapishtim:

 

Al llegar el séptimo día
solté y envié una paloma.
La paloma emprendió el vuelo, pero regresó;
puesto que no había encontrado donde posarse, volvió.
Entonces solté y envié una golondrina.
La golondrina emprendió el vuelo, pero regresó;
puesto que no había encontrado donde posarse, volvió.
Después solté y envié un cuervo.
El cuervo emprendió el vuelo y, viendo que las aguas habían disminuido,
comió, chapoteó, graznó y no regresó.

[Esta narración aparece en la tablilla XI del "Poema de Gilgamesh". La traducción anterior ha sido tomada de Lara Peinado (1984)].

 

Los mitos de ultratumba tienen, como títulos más destacados, a "Nergal y Ereshkigal", el famoso "Descenso de Ishtar a los Infiernos", y una maravillosa narración titulada "Una visión del Mundo Inferior", una especie de delirio poético de un personaje principesco asirio llamado Kumma, inscrito en prosa en una enorme tablilla de mediados del siglo VII a.C. A estos se agregan los mitos de ascensión ("Mito de Adapa", "Mito de Etana"), los de exaltación ("Exaltación de Ishtar", "Himno de Marduk", "Nacimiento de Sargón de Akkad") y, finalmente, los de seres fantásticos ("Enlil y el dragón Labbu", "Los siete utukku malignos").

Los utukku o uduggu eran los demonios mesopotámicos, y son descritos de la siguiente forma:

 

¡Violentas tormentas, dioses malignos son ellos!
¡Espíritus sin piedad, que nacieron en la bóveda celeste son ellos!
¡Ellos son agentes de desgracia!
¡Son agentes del mal que, diariamente, no piensan más que en el mal y avanzan para cometer muertes!
De entre los siete, el primero es el desecador viento del sur.
El segundo es un dragón con sus fauces ampliamente abiertas.
El tercero es un leopardo, colérico como una fiera a la que se le ha raptado a sus pequeños.
El cuarto es una serpiente aterradora.
El quinto es un león lleno de rabia, a quién no se puede hacer recular.
El sexto es un morueco enhiesto que incluso acomete al dios y al rey.
El séptimo es una tormenta, un viento malvado que no perdona a nadie.

[La traducción anterior ha sido tomada de Lara Peinado (1984)].

 

La mayor parte de los relatos mesopotámicos se perdieron con el paso del tiempo, y de las culturas que se fueron sucediendo en el Próximo Oriente. Sin embargo, algunas temáticas y leitmotivs se conservaron en el libro del Génesis (primer libro del Antiguo Testamento bíblico y de la Torah judía) y en alguna sura del Corán.

 

Notas

[1] En Mesopotamia también se usaron la piedra y el metal como soportes de la escritura, pero únicamente para determinados tipos de inscripciones. Asimismo, en momentos concretos de la historia de Asiria se utilizaron tabletas de madera cubiertas de cera. En los periodos más tardíos de la historia mesopotámica se emplearon papiros y pergaminos, sobre todo para escribir en arameo.

[2] El tamaño más común de tablilla era de unos 50 x 30 mm. aproximadamente (aunque llegaban a alcanzar 46 x 30 cm.). En líneas generales, la talla de las tablillas venía dictada por la función que cumplían los textos. Si bien solían tener proporciones "manejables" (lo que sin duda facilitaría la gestión de los datos administrativos y comerciales registrados en ellas), las que contenían leyes y textos normativos adquirían tamaños mucho mayores. Los anuncios públicos y las propagandas políticas se inscribían tablillas de proporciones descomunales: en 1200 a.C. en Aššur del Tigris, el Código de Leyes del Imperio Medio Asirio fue escrito en enormes pilares de piedra. Se cree que esas gigantescas dimensiones dotaban al texto de una mayor autoridad, y que este sería más respetado (o temido) por su prominencia espacial que por su contenido, algo que pocos lograban averiguar por sí mismos debido al analfabetismo general (Diringer, 1953).

[3] Las formas de las tablillas fueron variando y diversificándose con el tiempo. Las más antiguas eran cuadrangulares, con las esquinas redondeadas y la superficie ligeramente curvada. Las circulares se empleaban para contratos, mapas, planos y textos escolares; las que tenían forma de huevo o de tetraedro se usaban como etiquetas de propiedad; las que tenían forma de oliva se utilizaban para amuletos; sumerios, babilonios y persas usaron muchas tablillas cilíndricas, aunque los asirios prefirieran prismas de diez lados, sobre todo para escribir sus libros de historia. La más popular, sin embargo, era la tablilla ligeramente oblonga, con forma de almohada (Avrin, 1991). La arcilla era amasada y, en el caso de tablillas grandes, se la cubría con un trapo húmedo mientras el escriba iba anotando. Las tablillas poligonales eran elaboradas en una especie de rueda que dejaba el interior hueco; se alisaban las caras exteriores y allí se escribía, con sumo cuidado. Generalmente se trazaban renglones casi imperceptibles, que permitieran escribir recto. Cuando una cara se acababa, se continuaba en la siguiente, e incluso en los bordes; probablemente se utilizara algún sistema de sostén, porque los signos de las caras "posteriores" no aparecen dañados o aplastados (Avrin, 1991).

[4] Si bien en un primer momento, el idioma empleado fue el sumerio (que posteriormente continuó siendo una lengua culta y de prestigio), desde Sharru-ken (Sargón I de Akkad, 2334 a.C.) en adelante se utilizó la lengua acadia (Cooper, 1996).

[5] La literatura sumeria se conoce sobre todo por las adaptaciones y copias babilonias y asirias. Un fenómeno similar ocurrió con los textos de la Grecia clásica, conocidos por sus adaptaciones latinas y sus copias medievales.

[6] La disputa entre Lahar, el dios del ganado, y su hermana Ashnan, la diosa de la agricultura, se zanja con la victoria de esta última, en una sociedad, la sumeria, que daba mucha más importancia a lo agrícola y sedentario que a lo ganadero, asociado a los pueblos nómadas.

 

Bibliografía citada

Avrin, Leila (1991). Scribes, scripts and books: the book arts from antiquity to the Renaissance. Chicago: American Library Association.

Cooper, Jerrold S. (1996). Sumerian and Akkadian. En Daniels, P. T. & Bright, W. (eds.). The World's Writing Systems. Oxford: Oxford University Press, pp. 37-57.

Coulmas, Florian (1989). The writing systems of the world. Oxford: Wiley.

Diringer, David (1953). The Hand Produced Book. Nueva York: Philosophical Library Inc.

Green, M. W. (1981). The construction and implementation of the cuneiform writing system. Visible Language, 15 (4), pp. 345-372.

Lara Peinado, Federico (1984). Mitos sumerios y acadios. Madrid: Editora Nacional.

Michalowski, Piotr (1994). Writing and literacy in early states: A Mesopotamian perspective. En Keller-Cohen, D. (ed.) Literacy: Interdisciplinary Conversations. Cresskill, NJ: Hampton Press, pp. 49-70.

Noegel, Scott B. (2005). Mesopotamian Epic. En Foley, J. M. (ed.). The Blackwell Companion to Ancient Epic. Londres: Blackweel, pp. 233-245.

Oppenheim, A. Leo (1977). Ancient Mesopotamia: Portrait of a Dead Civilization. Chicago: University Of Chicago Press, pp. 16–17

Walker, C. B. F. (1987). Cuneiform [Reading the Past]. Berkeley, Los Ángeles: University of California Press.

Wilson, Epiphanius (1901). Babylonian and Assyrian Literature: comprising the epic of Izdubar, hymns, tablets, and cuneiform inscriptions. Londres: The Colonial Press.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 14.07.2015.

Foto: "Objects from the British Museum: Assyrian Tablets", de W.A. Mansell & Co. (enlace).

El texto corresponde a la cuarta parte del artículo "De tablillas y papiros. Ensayos sobre la lectura y la escritura en la Antigüedad", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las cinco partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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