La construcción de un concepto

La construcción de un concepto

¿Qué es la bibliotecología progresista? (IV)


 

En sus inicios, la BP partió de una premisa básica [1]: la biblioteca no es ajena ni está aislada de la realidad que la atraviesa y de la que forma parte. Aunque a veces prefiera ignorarlo, la biblioteca tiene mucho de la sociedad en y para la que trabaja, dado que, en cierta medida, es un producto de la misma. No puede disociarse de las circunstancias que afectan a sus usuarios y trabajadores, no puede desconocer los problemas y las necesidades que existen en su pueblo, su ciudad o su país, como tampoco puede desentenderse del resto del mundo. La bibliotecología no puede permitirse el lujo de refugiarse en ninguna "torre de marfil", a menos que renuncie a su misión más importante, la de proveer un servicio, y deje de ser una biblioteca para convertirse en un mero depósito de información.

En un momento convulso de la historia de los Estados Unidos, los primeros bibliotecarios que se auto-denominaron "progresistas" se dieron cuenta de que no podían mantenerse al margen de su entorno. No podían no saber lo que ocurría a su alrededor, ni fingir que no existía, ni pretender que no iba con ellos. Es más: no debían; habrían traicionado su propia raison d'être, que era "servir" (en todas las acepciones del verbo). Y comprendieron que, al contrario de lo que proclamaba (y aún proclama) la bibliotecología "convencional", ellos no podían ser "neutrales" ni sostener esa falsa equidistancia que no deja de beneficiar a unos determinados intereses. No solo no podían ser neutrales sino que tenían que saber de qué lado estaban: debían involucrarse en las búsquedas de su sociedad, ser partícipes de sus debates y agentes de sus cambios. Pues si había censura, pobreza, persecuciones, saqueo, recortes o exclusión, la biblioteca no se quedaba fuera, por muy "neutral" que quisiera o pretendiera ser o por muy al margen que intentara permanecer: ella, como institución, y todos y cada uno de sus profesionales también eran censurados, empobrecidos, perseguidos, saqueados, recortados y excluidos. Y lo mismo ocurría con todos los usuarios a los que esa biblioteca servía. Ni la indiferencia ni la pasividad eran opciones válidas para enfrentar los constantes ataques y los continuos menoscabos a las condiciones que garantizaban tanto la subsistencia de la biblioteca como la educación, la salud, la participación política, la libertad de expresión y otros derechos sociales; tampoco lo eran para enfrentarse a la impunidad con la que dichas agresiones se llevaban a cabo. El enorme cúmulo de circunstancias socio-económicas adversas que coincidieron en los Estados Unidos a inicios del siglo XX empujaron a los primeros "bibliotecarios progresistas" a tomar partido, a posicionarse Y a comprometerse, no solo como personas y como ciudadanos, sino también como profesionales.

En ese posicionarse como profesionales frente a los conflictos y problemas, tanto de la institución como de las personas y la sociedad, esos bibliotecarios tomaron conciencia de que contaban con un instrumento clave: la información. Y a ese instrumento se le podía dar un uso contra-hegemónico. Por otro lado, estando en posesión de una herramienta tan potente (la cual era, a la vez, un bien público), los bibliotecarios asumieron la evidente obligación o responsabilidad ética de usarla en beneficio de todos. Así surge la noción en torno a la cual gira buena parte del planteamiento práctico de la BP: la información (como producto) y la biblioteca (como contenedor, organizador y distribuidor del mismo) deben ser puestas al completo servicio de la comunidad, y ser usadas, como ya se mencionó, a favor de la defensa de los derechos y libertades fundamentales y del desarrollo de valores como la solidaridad, la igualdad, la dignidad y la justicia social.

La bibliotecología "convencional" defendió su posición limitando la definición de la disciplina a un reducido puñado de procesos y técnicas; de esa forma, podía aducir que cualquier cosa que cayera fuera de las fronteras de dicha definición estandarizada "no era asunto de los bibliotecarios". La BP, sin embargo, comprendía la bibliotecología como algo mucho más extenso y complejo que una serie de mecanismos administrativos y un conjunto de instrumentos y canales de distribución de información; dado que la biblioteca era un organismo vivo, firmemente enraizado en la sociedad y en continua interacción con ella, su estudio (y la enseñanza y aprendizaje derivados de él) debía incluir todas y cada una de las facetas que la labor bibliotecaria podía abordar.

En el núcleo de su labor, los bibliotecarios progresistas colocaron el análisis crítico de valores, ideas, hechos y experiencias, empezando por la bibliotecología como práctica académica y profesional. El pensamiento crítico es el principio y el fin de todas las acciones de la BP. Y es especialmente necesario cuando se manejan y usan elementos con tantas aristas como la información y el conocimiento. Las preguntas que pueden surgir de un (somero) análisis crítico de la praxis bibliotecaria más básica son más que numerosas: ¿cómo se construye una colección, en base a qué políticas? ¿Cómo se organiza y clasifica dicho conocimiento? ¿Cuáles son los servicios posibles y reales que pueden generarse? ¿Cuáles son los principios éticos que deben seguir los bibliotecarios? ¿Qué usos puede darse al espacio bibliotecario?

Pregunta tras pregunta y respuesta tras respuesta, los bibliotecarios progresistas fueron abocetando un panorama global de su profesión que distaba mucho de los plácidos estereotipos con los que se identificaban a las bibliotecas. Entre sus propios colegas detectaron censuras y manipulaciones, intereses ocultos, paternalismo y nepotismo, prácticas corruptas, academias endogámicas, auto-complacencia y dejadez. Entre sus usuarios identificaron centenares de problemáticas cuya solución agradecería una buena dosis de información bien administrada (información que era manejada por la biblioteca, pero que no siempre llegaba a quien la requería). Y más allá de la práctica cotidiana, los bibliotecarios progresistas encontraron movimientos, agrupaciones, organizaciones y sindicatos con necesidades, denuncias, reivindicaciones, planteamientos y alternativas que recorrían la sociedad de lado a lado: protestas anti-belicistas, luchas por la democracia y la libre expresión, defensas de la libertad de información y del medio ambiente... Enfrentada a semejante panorama, la BP fue más allá de la reflexión y, en estrecha colaboración con sus usuarios y otros actores sociales (perspectiva de desarrollo de base o grassroot development) diseñó propuestas, actividades, servicios y proyectos con los que pasar a la acción directa: unas veces de manera conservadora, frenando el avance de medidas que perjudicaban, empobrecían, excluían y criminalizaban a amplios sectores de la sociedad, resistiendo los ataques de un sistema injusto y desigual, defendiendo los derechos y las libertades conquistadas hasta ese momento; y otras de forma revolucionaria, impulsando nuevas subjetividades y la construcción de ese otro mundo posible.

La acción y la reflexión (base del método conocido como investigación-acción o action-research) llevaron a los bibliotecarios progresistas a reconocer y asumir sus responsabilidades, sus posibilidades y sus límites reales, a identificar problemas, a analizarlos, y a asumir una posición al respecto. Y a buscar soluciones desde una posición contestataria, abriendo espacios de discusión, colocando en la agenda pública y política debates largo tiempo arrinconados y silenciados, poniendo en marcha iniciativas coherentes con objetivos de cambio realistas a medio y largo plazo, y, en fin, diseñando y llevando adelante actividades profesionales realmente transformadoras.

 

Notas

[1] Esta premisa continúa siendo debatida en la actualidad, en especial por un sector del colectivo bibliotecario que opina que la biblioteca como institución y los bibliotecarios como profesionales que la gestionan, no deben inmiscuirse en aquellos asuntos de su comunidad, ni en ningún otro que no sea "estrictamente bibliotecario". Desde ese punto de vista, la labor bibliotecaria termina exactamente en el mostrador, en el preciso momento en que se entrega al usuario la información o el material que ha requerido.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 02.06.2015.

Foto: Sin título (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "¿Qué es la bibliotecología progresista? Una aproximación básica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Y, en una versión adaptada (titulada "Aproximación a la bibliotecología progresista"), fue publicado en El Profesional de la Información (22 (2), abr.-may.2013, pp. 155-162). Las cinco partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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