Un poco de historia

Un poco de historia

¿Qué es la bibliotecología progresista? (II)


 

El término "bibliotecología progresista" [1], traducción directa del inglés progressive librarianship, tiene casi un siglo de historia. Surgida en Estados Unidos a finales de los años 30' del siglo pasado [2] como una aplicación directa de las ideas del progresismo norteamericano al campo de las ciencias de la información de la época, la bibliotecología progresista (BP) se configuró y desarrolló como una corriente de pensamiento y acción dentro del colectivo bibliotecario, heredera a su vez de otras corrientes, movimientos y escuelas que pueden rastrearse al menos hasta el siglo XVII.

Los adherentes a la BP analizaron críticamente dos realidades íntimamente relacionadas entre sí –la suya propia, como personas y profesionales, y la de su comunidad– tanto a un nivel macro (internacional y nacional) como a uno micro (regional, local, barrial). Ello les permitió detectar e identificar problemáticas sociales, económicas, políticas, culturales y éticas de todo tipo, y posibilitó que asumieran posiciones concretas con respecto a ellas, que se comprometieran con dichas posturas y que las defendieran. Además, poseedores de un fuerte espíritu activista, pasaron a la acción directa (en muchas ocasiones tildada de "radical" por el establishment) siempre que fue necesario.

En el marco de dicho activismo, se dedicaron a promover cambios socio-políticos (o a oponerse a los mismos) en su doble categoría de ciudadanos y profesionales de la información, sacándole el mayor partido posible a su espacio y a sus herramientas de trabajo particulares. La denuncia, la resistencia, la manifestación, el reclamo y la protesta no les fueron desconocidos; de hecho, buena parte de la literatura de la BP contiene detalladas descripciones de tales actividades. Al mismo tiempo, se ocuparon de diseminar información estratégica y de concienciar a sus conciudadanos acerca de temas como la lucha de clases, el socialismo, el antiimperialismo, el antimilitarismo, los derechos civiles, el anticapitalismo, etc. Por otra parte, incentivaron el pensamiento crítico (sobre todo dentro de la bibliotecología, pero también entre sus usuarios) y abordaron numerosas cuestiones relativas a la ética y la responsabilidad social de los profesionales del libro y la información.

La forma de pensar, de comprometerse y de actuar de la bibliotecología progresista no pasó desapercibida. En la práctica, se convirtió en una especie de "modelo antagónico" de una bibliotecología "convencional" caracterizada por un inmovilismo nocivo, por un posicionamiento supuestamente "neutral" [3] y por rechazar el abordaje de cualquier temática "externa al quehacer bibliotecológico" (actitud que sigue manteniendo a día de hoy). Su manera de cuestionar la realidad, de reflexionar y de obrar dentro del colectivo bibliotecario abrió una serie de opciones, alternativas y posibilidades para aquellos profesionales con conciencia social, críticos, rebeldes e inconformistas que habían puesto bajo sospecha sus propias convicciones y abierto una brecha en el consenso generalizado sobre los límites del quehacer bibliotecario.

Entre 1970 y 2000, el análisis de la bibliotecología desde una perspectiva social promovido por la BP se expandió geográficamente desde su núcleo original en los Estados Unidos, alcanzando América Latina, Europa, África y Oceanía (donde, con otros nombres o sin una denominación particular, también se había ido desarrollando una reflexión y una práctica bibliotecológica de similares características) e institucionalizándose en organizaciones regionales (p.e. BiS en Suecia en 1969, KRIBIBI en Austria en 1983, AKRIBIE en Alemania en 1988, LIWO en Sudáfrica en 1990, ISC en Reino Unido en 1994, CEBI en México en 2000, GESBI en Argentina en 2004 [4]). Durante ese mismo periodo, dicho enfoque también se hizo un lugar (o fue absorbido parcialmente, dependiendo de cómo se mire) dentro de grandes entidades bibliotecológicas del mainstream como la American Library Association (ALA) o la International Federation of Library Associations (IFLA).[5]

Entre 1980 y 1990, el compromiso con la emancipación y la justicia social que la BP (y sus simpatizantes) había defendido a lo largo de décadas en un campo prácticamente ocupado por tendencias bibliotecológicas orientadas a los procesos técnicos, la informática y la gestión/administración alimentaron una corriente más amplia, que fue bautizada como "bibliotecología social". En ella se integraron movimientos nuevos que hacían hincapié en cuestiones incipientes o que la BP apenas había desarrollado, y otros que no lo eran tanto y se reapropiaron y actualizaron algunos aspectos concretos de los que hasta aquel momento habían sido abordados únicamente por la BP. Aparecieron así la "bibliotecología socialmente responsable", la "bibliotecología activista", la "bibliotecología militante", la "bibliotecología radical", la "bibliotecología anarquista", la "bibliotecología feminista", la "ética de la información" y la "bibliotecología crítica", entre muchas otras. Algunos autores han simplificado semejante multiplicación y diversificación aduciendo que todas estas denominaciones son meros sinónimos de "bibliotecología progresista" o, por el contrario, que tienen poco o nada en común con ella. En realidad, en la mayoría de los casos esos movimientos se inspiraron en posiciones expresadas y sostenidas por autores, profesionales y activistas sociales de la BP al menos desde 1960; tomando tales elementos como base, elaboraron su propio proyecto. Al partir de un punto común, todas ellas pueden considerarse "variantes" de una misma "bibliotecología social" que aún está por definir, pero que no sería otra cosa que una visión renovada y enriquecida de la BP original. Por su parte, el Progressive Librarian Guild continuó con sus líneas de trabajo y acción habituales, a las que siguió denominando progressive librarianship.

Debido a la lógica evolución de las ciencias del libro y la información, la BP fue mejorando sus herramientas y ampliando su campo de influencia. Pasó así de un mundo físico y analógico a uno de documentos digitales y plataformas virtuales. También diversificó su base ideológica, al ir incorporando diferentes experiencias críticas y contestatarias a nivel internacional y al interactuar con los otros movimientos de la "bibliotecología social". Sufrió sucesivas transformaciones al adaptarse a las circunstancias políticas y económicas de cada momento, y modificó su espectro temático de acuerdo a los asuntos contemporáneos más candentes. Todos esos cambios se sumaron a la profundización del análisis de la compleja relación entre la sociedad y las bibliotecas; del rol que estas últimas pueden o deben jugar en los procesos democráticos; del poder de la información para impulsar mejoras en el seno de una comunidad determinada; o de la responsabilidad y la ética profesional en relación a los derechos humanos.

A finales de la década de 1990, con la difusión de las tecnologías de la información y la comunicación y el auge de Internet, la BP ensanchó sus márgenes y obtuvo una mayor visibilidad, al encontrar canales a través de los cuales articularse y relacionarse con otros actores de la sociedad, y medios que facilitaron la divulgación de sus propuestas y convocatorias. Estas herramientas posibilitaron la creación de otros escenarios en los cuales plantear sus reclamos, discutir sus métodos y exponer los resultados de sus acciones.

En la actualidad, la BP continúa acrecentando su ya larga trayectoria de pensamiento crítico y activismo socio-político dentro de las disciplinas del libro y la información, y sumando textos a una literatura realmente copiosa: ensayos, reflexiones, disquisiciones éticas, denuncias, descripciones de ideas, experiencias y actividades. Todos ellos difundidos a través de publicaciones como Progressive Librarian y sus paralelas en el campo de la "bibliotecología social": International Review of Information Ethics, Bibliotek i Samhälle, Library Juice e Information for Social Change.

Sin embargo, los intentos de convertir la BP en particular (o la "bibliotecología social" en general) en una sub-disciplina de las ciencias del libro y de la información modernas han fracasado hasta el momento, básicamente porque aún no cuenta con un corpus teórico lo suficientemente sólido. Este hecho se constata al comprobar que no ha sistematizado y analizado adecuadamente sus experiencias y logros, ni ha creado definiciones, categorías descriptivas, métodos o teorías propias (en los escasos casos en los que las necesitó, tomó prestados elementos genéricos de disciplinas como la filosofía, la sociología, la economía, la antropología o la política). Tampoco ha establecido unos cimientos fuertes sobre los que pueda descansar el conocimiento nuevo, así como la construcción de proyectos de investigación viables, modelos de comportamiento o hipótesis de trabajo válidas.

Ello se debe a que la BP ha sido menos proactiva que reactiva: su tremenda labor de dar respuesta a las necesidades más inmediatas y de analizar las circunstancias históricas, geográficas, sociales, culturales, económicas y políticas particulares a cada momento, no se ha visto acompañada por la elaboración de un entramado conceptual e ideológico desde el cual actuar planificadamente y elaborar una estrategia a largo plazo.

 

Notas

[1] En España, "biblioteconomía progresista". Si bien "bibliotecología" y "biblioteconomía" suelen ser términos tratados como sinónimos (el primero, de uso oficial en las universidades de América Latina, y el segundo, en la Península Ibérica), y ambos figuran como traducción correcta del inglés librarianship, sus significados, de acuerdo a la Real Academia Española de la Lengua, son asaz diferentes. En base a tales significados, en este artículo se ha preferido el uso de "bibliotecología" ("ciencia que estudia las bibliotecas en todos sus aspectos", RAE, 22º ed.).

[2] Se considera que la bibliotecología progresista nace con la aparición, en 1939, del Progressive Librarians' Council Bulletin, órgano del Progressive Librarians' Council (Consejo de Bibliotecarios Progresistas, luego Progressive Librarians' Guild o PLG, Gremio de Bibliotecarios Progresistas). El PLG continúa activo en la actualidad, y edita Progressive Librarian, la principal publicación sobre bibliotecología progresista a nivel internacional (enlace).

[3] Vid. Civallero, Edgardo (2012). Neutralidad bibliotecaria. [Pre-print]. Disponible en E-LIS

[4] La mayoría de esas agrupaciones sobreviven en la actualidad. Entre las más activas se cuentan BiS (Bibliotek i Samhälle, enlace) e ISC (Information for Social Change, enlace). LIWO desapareció en 1998.

[5] La Social Responsibilities Round Table (SRRT, "Mesa redonda sobre responsabilidades sociales") de la ALA fue fundada en 1969 (enlace), y el Social Responsibilities Discussion Group (SRDG, "Grupo de discusión sobre responsabilidades sociales0022) de la IFLA fue creado en 1997 (enlace). Tanto una como otro reflejan cierto interés por los temas "progresistas" por parte de ambas organizaciones. No obstante, ninguno de estos espacios está exento de críticas, las cuales van desde su carácter poco inclusivo hasta su papel cada vez menos relevante, pasando por su consideración como "semilleros de ideas" para el mainstream (cooptación directa).

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 19.05.2015.

Foto: "We Listen to Bach Transfixed Because This Is Listening to A Human Mind", de A Young Kim (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "¿Qué es la bibliotecología progresista? Una aproximación básica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Y, en una versión adaptada (titulada "Aproximación a la bibliotecología progresista"), fue publicado en El Profesional de la Información (22 (2), abr.-may.2013, pp. 155-162). Las cinco partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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