Tras la novedad y la eficiencia

Tras la novedad y la eficiencia

Reflexiones desde una bibliotecología crítica (V)


 

...la cara incusa de la novedad, su revés tenebroso, es la caducidad, el terror también permanente a la obsolescencia anidado en la psicología del consumidor. La obsolescencia está inscrita en la ley misma de la renovación acelerada de las mercancías, como su amenaza y su elipsis.

Santiago Alba Rico.[1]

 

Inmersa en la lógica de la renovación acelerada, en el paradigma post-industrial y capitalista de la "sociedad de la información", y en la ola de los grandes avances tecnológicos, la bibliotecología se ha lanzado hacia delante en una carrera por conseguir lo último en términos informáticos/digitales, relegando muchas de sus motivaciones y algunos de los contenidos fundamentales que venía estudiando desde que la disciplina se constituyó como tal, a finales del siglo XIX.[2]

Tan rápido ha querido ir, tan radical y decidido ha sido su compromiso para con el zeitgeist dominante y dominador, que en la actualidad la disciplina se muestra ferviente devota de lo que antaño eran simples herramientas. Herramientas que caducan continuamente —pues no es otra la intención del modelo consumista de renovación acelerada— deslumbrando con sus brillos de juguete nuevo, llamando toda la atención (y desviándola a la vez de problemas cruciales) y robando el interés que debería prestarse a los temas realmente esenciales de una disciplina igualmente esencial.

No se trata de lanzar gratuitamente un juicio negativo hacia las TICs (tecnologías de la información y la comunicación), las cuales nos permiten nuevas formas de interacción, de organización, de almacenamiento y procesamiento de datos, de entretenimiento o de creación. Se trata de evaluar la importancia desmedida que se le ha dado a su empleo, al convertírselas prácticamente en el mismísimo núcleo de la profesión.

Nuestra realidad ha cambiado, y con ella las prioridades. Pero eso no significa que determinados temas hayan dejado de ser relevantes, o no merezcan ser tenidos en cuenta, sobre todo por parte de personas —los "productores y divulgadores de información" del universo bibliotecológico— cuya función es, precisamente, dotar a todos los profesionales de las nociones indispensables para desempeñar su trabajo sin perder nada en el camino. O, siendo realistas, perdiendo lo menos posible. Sin embargo, los canales educativos/divulgativos bibliotecológicos han pasado a dedicarse casi en exclusiva a las nuevas tecnologías, en detrimento de asuntos tan primordiales como la animación a la lecto-escritura (no digital), el rol social de la biblioteca (no digital) en el seno de comunidades desfavorecidas (o no), la organización del conocimiento (digital o no), la gestión de una unidad de información (no necesariamente digital), la elaboración de bibliografías comentadas o tesauros especializados (sin confiar la tarea a un programa informático que lo haga por sí solo), o las estrategias de las bibliotecas para promocionar sus servicios (sin depender exclusivamente de las redes sociales o la web 2.0).

Nuestra realidad ha cambiado, en efecto, y al querer cambiar tan deprisa como ella hemos perdido el rumbo por completo: nos hemos dejado arrastrar voluntariamente por los vientos del desenfrenado progreso tecnológico sin preocuparnos por la dirección en que nos soplaban. Hipnotizados por las luces que las últimas tendencias ponen frente a nuestros ojos, "superamos" cosas valiosas de las que ni siquiera nos hemos molestado en despedirnos; en ocasiones, ni siquiera hemos evaluado —con cuidado, con paciencia— si era preciso dejarlas atrás. En la carrera estamos abandonando lo que nos hace únicos, lo que nos diferencia de otros profesionales, lo que da un valor agregado a nuestra labor: el duro trabajo intelectual, la responsabilidad, los valores éticos. En resumidas cuentas, nuestras mayores y mejores habilidades profesionales.

Una cosa es innegable: si las bibliotecas querían entrar de lleno en el mundo de las nuevas tecnologías de la información, lo están consiguiendo. Revistas profesionales, actas de conferencias y blogs dedican páginas y megabytes al tema, y los bibliotecarios parecen no preocuparse de otra cosa. Buena noticia para las multinacionales, que obtienen publicidad gratuita y usan las bibliotecas como escaparates estratégicos de sus productos de cara al gran público.

 


 

El alineamiento incondicional de la bibliotecología con el paradigma de la "sociedad de la información" responde, por un lado, a las nuevas necesidades reveladas por los usuarios y, por el otro, a una clara imposición de un modelo post-industrial capitalista basado en la mercantilización y el desaforado consumo de la información (imposición que puede hallarse también en el origen de esas nuevas necesidades antedichas).[3]

Las bibliotecas, como centros de almacenamiento y diseminación de conocimiento, se han convertido lógicamente en blanco prioritario para aquellas compañías que pretenden hacer de la información su mayor fuente de beneficios económicos. De ahí que la constante presencia de entidades comerciales en el universo bibliotecológico (en forma de editoriales y gestoras de bases de datos) se haya multiplicado en los últimos tiempos, incluyendo ahora el área de las redes digitales y las tecnologías de la comunicación. Y de ahí la imparable cadena de privatizaciones de bibliotecas en todo el mundo, transformando centros de saber públicos en negocios que brindan pingües dividendos.

Al erigirse (consciente o inconscientemente) en una rama más del mercado global de información, las bibliotecas han visto sus estructuras, personal y procedimientos afectados por una visión empresarial [4] que ha trasladado las razones, los motivos y los fines que hasta no hace tanto impulsaban el trabajo de un profesional de este área al plano contable. La financiación de la biblioteca (y, por ende, su supervivencia) queda supeditada al logro de una serie de objetivos cuantificables (una forma de trabajo regida por estadísticas que no es nueva, aunque sí lo sea la profundidad que ha alcanzado y las connotaciones que presenta). Y el vocabulario bibliotecológico ha ido incorporando la terminología corporativa (o de "gestión", término preferente en el tesauro bibliotecológico internacional contemporáneo) a través del hábito, de la moda o de una "educación" bibliotecológica que cada vez tiene menos de "bibliotecología" y más de "management".

La biblioteca y sus trabajadores son parte de una sociedad que sigue un esquema socio-económico determinado. Dado que éste guía todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas, es difícil sustraerse de él. Pero no es imposible. Y es necesario desmercantilizar urgentemente ciertos espacios y procesos bibliotecológicos, pues de otro modo se perderán los rasgos esenciales de la bibliotecología como disciplina y de las bibliotecas como ámbito natural de la cultura e instituciones garantes del derecho a la libertad de información y del acceso universal al conocimiento.

 


 

Estamos permitiendo que una actividad intelectual y documental, una de las más valoradas y respetadas a lo largo de los siglos, se vuelva por arte de birlibirloque una tarea de gestión administrativa o de manejo informático. El mercado y la tecnología —hoy dos caras de una misma moneda— se han adueñado de nuestro territorio y lo han despoblado de relatos críticos y acción colectiva. Es momento de recuperarlo y reapropiárnoslo en toda su maravillosa complejidad.

 

Notas

[1] Santiago Alba Rico. Capitalismo y nihilismo: dialéctica del hambre y la mirada. Madrid: Akal, 2007/2001, p. 177.

[2] Vid. un ejemplo de esta actitud en Laili bin Hashim, Wan Nor Haliza Wan Mokhtar. "Trends and issues in preparing new era librarians and information professionals". Knowledge Management Section, IFLA Newsletter, 2004.

[3] Vid. Michael H. Harris, Stan A. Hannah, Pamela C. Harris. Into the future: The foundations of library and information services in the Post-industrial era. Greenwich: Ablex, 1998; Mark Crispin Miller. "Reading in the Age of Global Media". Progressive Librarian, 18 (2001), pp. 18-28. Asimismo vid. p.e. un análisis de la imposición de ese paradigma en México en Carlos Eduardo Massé Narváez. "Autonomía estatal y universitaria, mercantilización del conocimiento y educación en el neoliberalismo". Educere, 12 (41) (2008).

[4] Vid. p.e. el abordaje empresarial de M. Madhusudhan. "Marketing of Library and Information Services and Products in University Libraries: A Case Study of Goa University Library". Library Philosophy and Practice, (2008).

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 28.04.2015.

Foto: Sin título (enlace).

El texto corresponde a la quinta parte del artículo "Contra la 'virtud' de asentir está el 'vicio' de pensar: reflexiones desde una bibliotecología crítica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Academica y en Issuu. Las seis partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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