Malenseñados, desprevenidos, desubicados...

Malenseñados, desprevenidos, desubicados...

Reflexiones desde una bibliotecología crítica (IV)


 

La educación consiste principalmente en lo que hemos desaprendido.

Mark Twain. "Cuaderno de notas".

 

La educación es una fábrica de ecos controlada por el Estado.

Norman Douglas.

 

En un artículo publicado en Progressive Librarian en 2008 [1], Ángel Castillo y Carlos Martínez señalan, refiriéndose al programa de la Escuela de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía de la UNAM de 2002: "Las materias no corresponden a un pensamiento reflexivo formativo, sino que están completamente dirigidas hacia cuestiones puramente técnicas y administrativas, así como a la mercadotecnia del servicio bibliotecario. Las autoridades académicas argumentan que las humanidades fueron dejadas como opciones para los estudiantes que estén interesados en estudiar archivos históricos o libros antiguos, como si las humanidades fueran una especie de herramienta para tratar libros viejos". Agregan que "la educación de los bibliotecarios es sobre todo doctrinaria y mecánica" y que, en consecuencia, los profesionales acaban teniendo una "visión instrumentalista de la realidad en la cual la tecnología no es solo el medio, sino el propio fin de la actividad bibliotecaria".

La situación descrita por los autores para México es extrapolable a muchos otros lugares [2], como puede comprobarse comparando programas de estudio: lo que se enseña en las escuelas de bibliotecología en general tiene poco que ver con lo que precisa una actividad social o una disciplina humanística y mucho con lo requerido por un trabajo tecnológico, mecánico y/o administrativo [3] (sobre todo cuando las agendas universitarias vienen marcadas por empresas, como es el caso en muchos países). De esta forma, los herederos de una actividad con siglos de historia no están adquiriendo los conocimientos básicos y mínimos necesarios para desempeñar su rol de gestores (en el sentido no-mercantilista de la palabra) integrales del conocimiento, sino el puñado de destrezas informáticas e informacionales que sus empleadores les van a exigir.

 


 

La amplitud y la profundidad de la educación bibliotecológica han ido decreciendo sensiblemente con el paso del tiempo. Se han dejado de lado materias relacionadas con la filosofía, la epistemología, la metodología, la didáctica, la pedagogía o la sociología (cuya presencia en un programa de estudio resulta bastante improbable en la actualidad), así como los asuntos teóricos (en franca recesión). Se están perdiendo la enseñanza de la historia en general y la del libro y la cultura en particular, incluyendo el estudio de la imprenta, la paleografía y otras facetas estrictamente bibliológicas. Se priorizan las lecturas eminentemente empíricas (manuales, sobre todo) en detrimento de la comprensión y el análisis de artículos académicos. Retroceden la escritura y la producción de contenidos (p.e. la redacción de ensayos). Y disminuye la capacitación para llevar a cabo las actividades que requieren mayor trabajo intelectual, como la construcción de tesauros, la elaboración de bibliografías (sobre todo las comentadas) y los resúmenes, algunas de ellas sustituidas por el aprendizaje del manejo de programas informáticos especializados que "ahorran tiempo" (y actividad neuronal). Se fomenta poco el trabajo en distintos idiomas, con categorías de otras disciplinas o en ámbitos ajenos a la biblioteca, cerrando así muchas "ventanas" que deberían abrirse cada vez en mayor número en un ámbito multidisciplinar. Y, finalmente, no existe una formación sólida en la redacción, preparación e implementación de proyectos de ningún tipo, excepto el llamado "planeamiento bibliotecario", que tiene más de administrativo que de bibliotecológico (basta revisar las categorías presentes en los marcos teóricos de esos planes).

Atrapados en los límites de las herramientas y los instrumentos de uso "prioritario", cada vez más docentes "olvidan" la enseñanza de materias o la transmisión de ideas que hacen a la razón de ser fundamental de la profesión, a su trayectoria, a la herencia que los grandes actores del pasado legaron, a sus estructuras y valores presentes o a sus posibilidades de futuro. "Olvidan", además, hablar de posicionamientos, compromisos y solidaridad; de descubrimientos y hallazgos; de dudas jamás resueltas, preguntas inconvenientes y respuestas poco atinadas... "Olvidan", en definitiva, lo realmente importante de la bibliotecología: su imperiosa necesidad de una teoría, de una historia, de unos métodos, de unas definiciones y conceptos, de un marco y unas categorías, de unos pilares y de un andamiaje...[4]

Aunque tal vez lo más preocupante es que los docentes no enseñan a sus alumnos a pensar. Como bien indica la cita de Norman Douglas, muchas escuelas (en este caso, las de bibliotecología) parecen haberse transformado en una fábrica de ecos en las que los estudiantes repiten mecánicamente unos contenidos ya masticados, digeridos y listos para usar: no hay ejercicio reflexivo ni crítico, no se alienta el pensamiento autónomo, no se impulsa la adquisición independiente de conocimientos y se impide, en consecuencia, toda posibilidad de duda razonada, de construcción de puntos de vista o de discusión confiada.

De seguir por ese camino, las instituciones educativas terminarán convirtiéndose en fábricas de producción de profesionales en cadena. Profesionales armados y montados para desenvolverse en puestos concretos, que ni saben, ni contestan, ni opinan, ni manifiestan. Es preciso que las currículas académicas incorporen —y no solo como meros cursos o seminarios adicionales— las facetas más humanísticas de la disciplina; que abran todas las puertas (o, al menos, las insinúen) al conocimiento y la cultura universal [5], a las distintas perspectivas ideológicas, a las corrientes de pensamiento históricas y actuales, a todos los modos de acción, a todas las posibilidades de la profesión...[6]

Hace falta asumir la actitud, tantas veces repetida pero pocas veces puesta en práctica, que resume el proverbio chino popularizado por Benjamin Franklin: "dime y lo olvidaré; muéstrame y quizás recuerde; involúcrame y comprenderé".

 

Notas

[1] Ángel Castillo, Carlos Martínez. "Library Science in Mexico: a Discipline in Crisis". Progressive Librarian, 31 (2008), pp. 30-37.

[2] Vid. algunos de los problemas más comunes y recurrentes de la educación bibliotecológica en D. J. Grogan. "Education for Librarianship: Some Persistent Issues". Education for Information, 25 (1) (2007), pp. 5-26. Existen informes concretos sobre educación bibliotecaria en países como Reino Unido, Zambia, China, Iran, Bangladesh, Vietnam o Canadá, que coinciden en muchos de los problemas identificados por Grogan.

[3] Vid. p.e. S. P. Singh. "Library and Information Sciences Education in India: Issues and Trends". Malaysian Journal of Library and Information Science, 8 (2) (2003), pp. 1-17, en donde se hace expreso hincapié en que es precisa la tecnificación de los profesionales.

[4] El informe final del Australian Learning & Teaching Council ("Re-conceptualising and Re-positioning Australian Library and Information Science Education for the 21st Century", 2011) señala: "Los graduados necesitan una mezcla de conocimientos y capacidades bibliotecológicas esenciales así como formación en solución de problemas y pensamiento crítico, para enfrentarse a las necesidades conocidas y emergentes" (p. 95).

[5] "Sé el que abre las puertas para aquellos que vengan tras de ti, y no trates de convertir el universo en un callejón sin salida". Ralph W. Emerson.

[6] Vid. p.e. Toni Samek. "Ethical reflection on 21st century information work: an address to teachers and librarians". Progressive Librarian, 25 (2005), pp. 43-61.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 21.04.2015.

Foto: "Chairs" (enlace).

El texto corresponde a la cuarta parte del artículo "Contra la 'virtud' de asentir está el 'vicio' de pensar: reflexiones desde una bibliotecología crítica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Academica y en Issuu. Las seis partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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