Caminantes en un páramo teórico

Caminantes en un páramo teórico

Reflexiones desde una bibliotecología crítica (II)


 

A diferencia de sus colegas en otros campos de la actividad social, el bibliotecario se muestra extrañamente desinteresado por los aspectos teóricos de su profesión. Parece poseer una inmunidad única a esa curiosidad que en todos lados lleva al hombre moderno a intentar, de alguna forma, alinear su trabajo con la corriente principal de la vida humana. Aparentemente, el bibliotecario se queda solo en la simplicidad de su pragmatismo.

Pierce Butler. [1]

 

Como demuestra la cita de Butler (un texto publicado en 1933), la bibliotecología como disciplina parece llevar tiempo centrándose en las facetas prácticas del quehacer profesional —sobre todo en las más mecánicas— y dejando de lado sus múltiples aspectos teóricos.

Michael H. Harris volvió a señalar este hecho en 1986, en un artículo [2] que levantó muchas ampollas en la comunidad bibliotecaria internacional. En él señalaba que "la concepción de la bibliotecología como un oficio mecánico que se entiende mejor a través del precepto y la práctica ha mantenido su atractivo [desde 1853] hasta el día de hoy (...) En los años veinte, hubo voces a favor de la creación de una percepción teórica como la clave para desentrañar los misterios de la gestión bibliotecaria y —todo sea dicho— como un prerrequisito necesario para la mejora del status del bibliotecario. Esos críticos, siempre una minoría, condenaron la absurda atención que los bibliotecarios prestan a los detalles técnicos".

Las voces a las que se refería Harris siguen clamando aún hoy (un ejemplo es la de John Buschmann en 2006 [3]). Y siguen sin encontrar más respuesta que el eco que provocan sus reclamos en un enorme, inmenso vacío.

 


 

El campo de la bibliotecología puede representarse, grosso modo, como la suma de dos vertientes: la que se ocupa (o debería ocuparse) de la teoría, la investigación, los desarrollos, la metodología y la historia de la información y de su manejo, y la de la práctica a nivel de bibliotecas y centros de información/documentación. Ambas áreas están (o deberían estar) íntimamente relacionadas, y deben (o deberían) alimentarse mutuamente: los profesionales que se desempeñan en las unidades de información aportando su experiencia y utilizando conscientemente las herramientas y los saberes generados por quienes trabajan sistematizando esas experiencias y especulando sobre nuevas posibilidades [4]. Este esquema —que funciona a la perfección en muchísimas otras ciencias, artes y técnicas— permite (o permitiría) a la bibliotecología desarrollarse y prosperar como la ciencia social que siempre ha soñado ser.

Lamentablemente, la bibliotecología no funciona ni de lejos de esta manera.

Su campo de acción se está viendo progresivamente restringido a las labores que se llevan a cabo en una biblioteca o en un centro de documentación, lo cual es una simplificación brutal que anula ambas partes. Es como reducir la enología (como ciencia que estudia el universo del vino de manera integral) a la práctica diaria desempeñada por los sumilleres en restaurantes y otros ámbitos de cata y degustación de caldos: poco a poco se irían abandonando los estudios sobre botánica de la vid, o sobre los procesos bioquímicos de fermentación y añejamiento, o sobre la propia historia del cultivo y la producción de vinos. Tales campos serían ocupados por otros profesionales, como botánicos, químicos o historiadores (con la habitual excusa de que están mejor preparados), y la enología acabaría por volverse un equivalente a la sumillería y, por ende, desaparecería como la disciplina que un día fue.

Esta situación hipotética planteada para la enología se está convirtiendo en una realidad innegable y palpable en el caso de la bibliotecología. Quizás sea la razón por la cual la última continúa soñando con ser una verdadera ciencia social, posición que sigue sin poder alcanzar plenamente a pesar de las pretensiones de algunos de sus más "ilustres" representantes.

 


 

Un porcentaje considerable de profesionales han decidido ocuparse única y exclusivamente de resolver su día a día, apartando cualquier pensamiento referente a las cuestiones de fondo —teóricas, metodológicas o incluso ideológicas— de su oficio. Es una posición que ya no nos sorprende, pero que debería hacernos recapacitar, pues frente a la indiferencia de unos, otros se sienten libres para hacer y deshacer a su antojo. Basándose en esta tendencia (la cual, a su vez, viene en ocasiones determinada por instancias superiores, incluyendo no pocas entidades empresariales), muchas instituciones, escuelas, universidades y organizaciones bibliotecarias se han decantando por un análisis cortoplacista y autocomplaciente de la cotidianeidad de las unidades de información. Dicho análisis —y las propuestas, recomendaciones y normativas que de él se derivan— empaña y acota peligrosamente el alcance de la bibliotecología, empeñado en priorizar los aspectos más prácticos [5]: herramientas informáticas, marketing, economía, algunas cuestiones éticas... Lógicamente, en el proceso queda relegada la mayor parte de los asuntos teóricos [6], o bien se abordan como estudios (erróneamente etiquetados como "teóricos", en especial aquellos que se limitan a estructurar datos estadísticos) que benefician únicamente al status académico/científico de un colectivo reducido de investigadores/docentes y que carecen de repercusión directa en la realidad bibliotecaria.[7]

Visto desde fuera, da la sensación de que en la bibliotecología se huye de la teoría, se la condena solapadamente, se la excluye o se la evita abiertamente, aduciendo una serie de razones que sólo sirven como excusa y vienen a justificar el miedo, la pereza o el desinterés que subyacen tras ellas. Ocurre que la teoría es necesaria. Es más: es vital. Convertir la bibliotecología en un páramo conceptual (por desidia, negligencia, intereses creados, ausencia de espacios, falta de oportunidades o de capacitación) trae, como primera consecuencia, que cuando se precisan categorías, métodos o términos para su desarrollo se los busca en otros campos del saber y se los asimila como "préstamos" [8]. Esto es habitual en muchas disciplinas pero, a diferencia de la gran mayoría de ellas, la bibliotecología no suele tomarse la molestia de realizar un proceso completo de adaptación de dichas categorías, métodos y términos a sus necesidades.[9]

Y es a partir de este punto cuando comienzan las verdaderas complicaciones. Se entra en un círculo vicioso que, muy simplificado, podría plantearse así: (1) Debido a un cúmulo de razones diversas, probablemente vinculadas entre sí por motivos complejos e incluso retroalimentándose, no se produce teoría bibliotecológica stricto sensu, los insuficientes y fragmentarios textos que la abordan no siempre resultan relevantes, y no se prepara a los profesionales (presentes y futuros) para que sean capaces de generarla; (2) La parte de la bibliotecología que debería encarar la labor teórica, ante la ausencia de motivación y la carencia de profesionales que se dediquen a tales actividades, se contrae drásticamente hasta amenazar con desaparecer; (3) Como no se puede trabajar sin teoría, los profesionales de la información echan mano de elementos de otros campos del saber, plenamente desarrollados, de "mejor calidad" y más accesibles y comprensibles, a pesar de ser ajenos en todos los sentidos de la palabra. La bibliotecología se reduce así a su mínima expresión (el plano empírico) y acaba dependiendo directamente del desempeño de otras ramas del conocimiento (p.e. informática, matemáticas, historia, sociología, antropología, educación, literatura, filosofía o bellas artes); (4) El interés por la teoría bibliotecológica (si es que queda alguno) continúa cayendo en picado, y con él, la estructura misma de lo que reste en pie de disciplina.

La falta de desarrollo teórico, como bien señalaba Harris a mediados de los 80', no solo afecta al futuro de la bibliotecología como campo de estudio e investigación: también menoscaba la imagen del bibliotecario/bibliotecólogo como profesional autónomo e independiente.

 


 

La tendencia descrita en los párrafos anteriores ha contribuido a encoger las currículas de las escuelas, los programas de los congresos, las tablas de contenidos de las revistas, los objetivos de los centros de investigación y el horizonte de toda la comunidad bibliotecaria. En tales instancias se evidencia un énfasis demasiado fuerte en las buenas prácticas, en las experiencias y en el uso de las herramientas, pero apenas si se sistematiza alguna de ellas o se extraen principios, categorías o elementos que puedan aplicarse en otras situaciones, en otros ámbitos o con otros grupos sociales; tampoco se buscan conocimientos más profundos que unas breves (y generalmente superficiales) directrices de acción; no se evalúa la ética, la pertinencia, el marco ideológico... Todo se ciñe, en definitiva, a elementos muy concretos y particulares que, en todo caso, pueden ser imitados o tomados como referencia pero que no conforman una base sólida para el ejercicio de nuestro oficio.

En nada ayuda que no se logre hallar la manera correcta de divulgar las producciones teóricas entre la comunidad bibliotecaria; en ocasiones, porque los investigadores/autores prefieren mantenerlas dentro de sus círculos académicos, discutiéndolas únicamente con sus pares; en otras, porque la comunicación se realiza usando un vocabulario demasiado complejo y especializado, sin aclarar ni significados ni aplicaciones, ni proporcionar claves sobre cómo se deberían aprovechar tales conocimientos en situaciones concretas.

De continuar esta situación, en la que prima el estudio pragmático sobre la producción de nuevos conocimientos y la puesta en valor del patrimonio cultural de la bibliotecología, se corre el riesgo de convertirla en una cuenta de resultados.

Es preciso que nos detengamos a reflexionar sobre ello.

Tenemos que ser conscientes de la encrucijada en la que nos encontramos y preguntarnos hacia dónde nos lleva esta galopante des-teorización de la bibliotecología. Las respuestas no van a tardar en aflorar.

Si de verdad queremos hacernos cargo de nuestra disciplina no podemos continuar sirviéndosela en bandeja a terceros. Debemos ocuparnos de ella en toda su extensión, devolverle sus límites originales y restablecer el diálogo entre la práctica y la teoría [10]. Hay que ponerse a trabajar en ésta última y fomentar su enseñanza en nuestras escuelas. Hay que estimularla, promoverla, alentarla [11]. Hay que desempolvar los libros de historia. Y la imaginación. Porque, como bien expresó Miren Etxezarreta [12], "cambiar el mundo sin teoría [es] muy difícil". Quizás no sea necesario en absoluto crear una "Gran Teoría". Ni siquiera una "Teoría Unificada". Pero hacen falta unas cuantas perspectivas bien construidas, mejor sustentadas y entrelazadas por elementos comunes, que sirvan como urdimbre básica para comenzar a tejer sobre ellas un lienzo sólido y perdurable.

 

Notas

[1] Lee Pierce Butler. An Introduction to Library Science. Chicago: University Press, 1933.

[2] Michael H. Harris. "The Dialectic of Defeat: Antinomies in research in Library and Information Sciences". Library Trends, 34 (1986), pp. 515-531.

[3] John Buschmann. "The Integrity and Obstinacy of Intellectual Creations: Jürgen Habermas and Librarianship's Theoretical Literature". The Library Quarterly, 76 (3), pp. 270-299.

[4] Para la relación entre teoría y práctica bibliotecaria, vid. p.e. B. Crowley. Spanning the theory-practice divide in library and information science. Lanham, MD: Scarecrow Press, 2005; Thomas W. Shaughnessy. "Theory Building in Librarianship". The Journal of Library History, 11 (2) (1976), pp. 167-176.

[5] "[Existe] una inclinación hacia las cuestiones técnicas y una adhesión a la habilidad práctica demasiado entusiasta". Es preciso una "acción que tenga implicaciones sociales y éticas y que no se reduzca al desempeño técnico de las tareas". John M. Budd. "The Library Praxis and Symblic Power". Library Quarterly, 73 (1) (2003), pp. 19-32.

[6] "Se otorga demasiada importancia a los aspectos prácticos del quehacer bibliotecario en detrimento de los teóricos". John J. Doherty. "Towards Self-Reflection in Librarianship: What is Praxis?". Progressive Librarian, 26 (2005), pp. 11-17.

[7] "El trabajo teórico en bibliotecología es prácticamente inexistente y, cuando lo hay, resulta en su mayor parte irrelevante para la práctica bibliotecaria". Thomas Weissinger. "Information as a Value Concept: Reconciling Theory and Practice". Library Philosophy and Practice, 8 (1) (2005).

[8] Para una aproximación a los préstamos en bibliotecología, vid. p.e. Sydney J. Pierce. "Dead Germans and the theory of librarianship". American Libraries, 23 (8) (1992), pp. 641-643.

[9] "Aunque, en mayor o menor medida, todas las disciplinas toman prestada teoría de otras, en LIS tenemos que ser más conscientes y/o críticos sobre qué y cómo tomamos y adaptamos". Gloria J. Leckie, Liss M. Given, John E. Buschmann (eds.). Critical Theory for Library and Information Science: Exploring the Social from Across the Disciplines. Santa Bárbara (Ca): ABC-CLIO, 2010, p. xi. "En bibliotecología, la tecnificación del conocimiento comienza cuando se adoptan acríticamente conceptos de otras disciplinas con el fin de lograr mayor eficiencia y precisión, y sin relacionar ninguno de esos conceptos a contextos sociales o políticos". Ángel Castillo, Carlos Martínez. "Library Science in Mexico: a Discipline in Crisis". Progressive Librarian, 31 (2008), pp. 29-36.

[10] Un abordaje sobre la revitalización de la teoría bibliotecológica puede verse en B. Jones. "Revitalizing theory in library and information science: The contribution of process philosophy". Library Quarterly, 75 (2) (2005), pp. 101-121.

[11] Sobre el uso de la teoría bibliotecológica (en el lugar de trabajo, en las aulas, etc.), vid. p.e. S. Kim & D. Y. Jeong. "An analysis of the development and use of theory in library and information science research articles". Library & Information Science Research, 28 (4) (2006), pp. 548-562; V. Perrone. "Theory and practice in the library workplace". LIS News (2009); K. M. Thompson. "Remembering Elfreda Chatman: A champion of theory development in library and information science education". Journal of Education for Library and Information Science, 50 (2) (2009), pp. 119-126.

[12] "Entrevista de un conflicto: el 15 M. Diálogo con la economista crítica Miren Etxezarreta". Rebelión, febrero 2012 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144359).

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 07.04.2015.

Foto: "Road to nowhere" (enlace).

El texto corresponde a la segunda parte del artículo "Contra la 'virtud' de asentir está el 'vicio' de pensar: reflexiones desde una bibliotecología crítica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Academica y en Issuu. Las seis partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


Etiquetas: , , ,