Gotas de animación a la lectura

¿Y si tú fueras...?

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Uno de los métodos más entretenidos para conocer la relación entre una persona –no importa su edad– y los libros (y todo lo que ellos representan) es elaborar un cuestionario a través del cual se saque la lectura de contexto y se la convierta en otra actividad, o se cambien los roles de lector/elemento leído.

Las siguientes son algunas de las preguntas (y las opciones de respuesta) contenidas en tal cuestionario.

1. Si la lectura fuera un deporte, tú...
a. Estarías siempre enfermo.
b. Lo practicarías los domingos.
c. Serías un buen amateur.
d. Serías un campeón en todas las categorías.

2. Si tú fueras un lugar en donde leer, serías...
a. Un baño caliente con espuma...
b. La sombra de un árbol.
c. Una cama enorme y acogedora.
d. Una playa al sol.

3. Si tú fueras un regalo de cumpleaños, serías...
a. Un libro falso hecho de chocolate.
b. Un libro y otra cosa para complementar.
c. Sólo libros. Y muchos.
d. Cualquier cosa menos un libro.

Hay muchas otras preguntas: "Si tú fueras una historia / si tú fueras una ocupación relacionada con el libro / si tú fueras un cómic / si tú fueras el último libro del mundo, ¿cuál serías?" Todas ellas pueden darnos algunas pistas sobre la relación de una persona con los libros, y permitirnos saber en dónde y de qué forma intervenir.

 


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¿Cómo escoger un buen libro?

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No hay recetas mágicas para escoger el libro perfecto para la persona –no importa su edad– que recién se acerca a la lectura. O para aquella que quiere renovar sus vínculos con el placer de leer. Sin embargo, sí que pueden hacerse unas sencillas y subjetivísimas recomendaciones que, a falta de otra cosa, sirvan como criterios básicos y elementales (siempre revisables y adaptables a las distintas situaciones particulares).

Generalmente los lectores (nuevos o viejos) tienden a escoger aquello que les resulta más familiar. La lectura no es la excepción: suelen preferir textos cuyas temáticas les resultan conocidas o reconocibles. A la hora de proporcionarles libros, pues, un buen indicador son sus gustos. Pero hay que colar, entre tales volúmenes, alguna sorpresa, alguna novedad, algo inesperado. Pues, de otra forma, el lector transitará siempre los mismos caminos (los cómodos senderos que conoce) y no saldrá nunca de ellos.

Asimismo, los lectores (nuevos o viejos) suelen tener pre-conceptos acerca del formato de libro que les gusta leer (¡aún cuando sea la primera vez que lean!) Los niños suelen temer los volúmenes sin imágenes, y los adultos miran con sospecha a las imágenes sin texto. Si bien es aconsejable respetar los gustos, también lo es enseñar a los lectores los encantos y las posibilidades de cada soporte y de cada formato, y cómo aprovecharlas (y para hacerlo, es preciso que las conozcamos nosotros primero). Las palabras pueden llenarnos la cabeza de imágenes, y las imágenes pueden hablar mejor que mil palabras.

Por otro lado, es aconsejable enseñar al lector los lugares en donde puede encontrar literatura. Que van más allá de la biblioteca, por supuesto: mercados, puestos de libros usados, librerías comerciales, círculos de amigos...

Finalmente, a la hora de recomendar un libro, hay tres preguntas que nunca fallan: ¿me ha dejado una marca dentro? ¿Volvería a leerlo, al menos parcialmente? Si es así, es un buen libro para recomendar.

 


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Leer a niños en voz alta

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Leer en voz alta, especialmente a niños, suele ser una tarea más compleja de lo que a primera vista parece. Sin embargo, una vez adquiridos ciertos hábitos, es una práctica sencilla. Y maravillosa. Los siguientes son algunos lineamientos para aquellos que se aproximan por primera vez al tema. Como la mayoría de ellos, estos lineamientos básicos son solo un trampolín; están hechos para romperlos y experimentar.

Paso 1: Elija una buena selección de historias. Pueden ser 4 o 5 de estilos diferentes y un mismo tema, o de estilo similar pero temas diferentes, o... Las posibilidades son infinitas, y dependen de los fondos disponibles, la audiencia esperada, el momento, el lugar...

Paso 2: Instale a los niños en semicírculo a su alrededor, e intente que estén lo más cómodos posible. Es preciso darles el espacio que cada uno necesite: algunos pueden "expandirse" más allá de sus fronteras, lo cual no está mal... siempre que no invadan las del vecino.

Paso 3: El lector debe instalarse cómodamente. Nunca a contra-luz, y siempre al mismo nivel que los niños: todos iguales ante el placer y la magia de la lectura.

Paso 4: El libro debe sostenerse al costado y a una altura adecuada para que el lector pueda leer y la audiencia pueda ver las imágenes.

Paso 5: Siempre que sea posible, debe elegirse un libro de gran formato, con imágenes claramente visibles desde lejos. En caso de tamaños demasiado grandes, puede girarse un poco el libro para que pueda verse desde todos los puntos del semicírculo. Evitar, siempre que sea posible, el pasar el libro de mano en mano para que todos puedan ver las imágenes: se pierde tiempo y se rompe el hilo de la lectura.

Paso 6: No "simplifique" las palabras difíciles. Léalas claramente, y luego explique su significado. O pregunte si alguien sabe qué significan...

Paso 7: Responda las preguntas, preferentemente al final. En caso de grupos pequeños, puede permitirlas durante la lectura, siempre que sean breves y que se respete un orden o unas ciertas reglas pre-aceptadas.

Paso 8: Una vez que la actividad de lectura se acabe, permita que los niños manipulen el libro. De eso se trata todo, al fin y al cabo: de acercar a los jóvenes lectores al objeto libro y a sus contenidos.

 


 

Acerca de las entradas

Textos: Edgardo Civallero.

Foto 01: il3 (enlace). | Foto 02: whytoread (enlace). | Foto 03: autostraddle (enlace).

 



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