Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Apuntes críticos

Con voz, sin voz

Apunte crítico 16


 

Llevo muchos años trabajando con tradición oral y con sonidos amenazados: lenguas y músicas.

Todo empezó una noche, en el noreste de Argentina, cuando me senté frente a un anciano del pueblo Qom, dispuesto a grabar un par de leyendas. El anciano me tuvo toda la noche en vela, contándome la mitología completa de su gente.

A la mañana siguiente supe que acababa de ser testigo de un espectáculo único, y que quería dedicar mi carrera y mis esfuerzos a evitar que memorias como las de aquel anciano se perdieran en el olvido.

Desde entonces llevo trabajando en un campo muy rico. Y, a la vez, en uno lleno de conflictos y sesgos.

Son muchos los que recogen las voces de los pueblos indígenas y de otros grupos "minoritarios": colectivos que han sido castigados y masacrados o, en el mejor de los casos, ignorados e invisibilizados. Y son muchos los que, al recoger las historias, las memorias, las quejar y las luchas de esos pueblos, aseguran estar "dándole voz a los sin voz".

La afirmación es de una arrogancia sin límites.

Asume que esos pueblos —todos esos hombres y mujeres— no tienen voz, cuando en realidad la tienen, y bien fuerte. Otra cosa es que no haya oídos interesados en escucharla.

O bien asume que la única "voz" que puede considerarse como tal es aquella que llega a la mayor cantidad de oídos: la voz de los medios, la dominante. Lo cual equivale a aceptar que no ha vida fuera de los medios, y a avalar un statu quo injusto y denigrante, que da y quita "la voz" de acuerdo a sus intereses, y que suele necesitar de intermediarios para que ciertas historias sean contadas.

Yo fui uno de los arrogantes que creyó dar voz a los que no la tenían.

Con los años terminé entendiendo que no hacía falta darles voz: hacía falta quitarles las mordazas.

Y a nosotros (especialmente a los que trabajamos como bibliotecarios, gestores de la memoria humana) nos hace falta quitarnos las anteojeras que nos mantienen en nuestra cómoda realidad y echar un vistazo a nuestro alrededor. Créanme: lo que van a encontrar les asombrará.

 


Apuntes críticos

Solo para académicos

Apunte crítico 17


 

Las instituciones de conservación de la memoria se ocupan de preservar fragmentos del patrimonio intangible de nuestra especie. Algunas de ellas se han especializado en fragmentos determinados: por ejemplo, en los sonidos amenazados (lenguas y músicas) de determinadas sociedades indígenas.

No son pocas las instituciones de este tipo que trabajan desde una posición "externa", es decir, sin la participación directa de los dueños de los saberes y las memorias que pretenden salvaguardar. Los (a veces auto-proclamados) "salvadores" no suelen tener otro contacto con los "salvados" (que a veces ni quieren ni necesitan ser salvados, por cierto) que el necesario para "extraerles" la información que alimenta sus proyectos.

Unos proyectos que suelen ser académicos, vinculados a universidades o instituciones similares y abiertos solo (o parcialmente) para académicos. Lo que delata los motivos y las intenciones de esas instituciones y de sus gestores.

¿Es posible que el hijo del hombre que aparece en el registro X de un archivo oral no pueda acceder a él porque no es un investigador académico? ¿Es posible que, para acceder a sus saberes, la familia del músico (ya fallecido) que aparece en el registro Y de una biblioteca musical tenga que pedir una autorización exponiendo sus motivos? ¿Cómo es posible que la memoria humana —parte de nuestro patrimonio como especie, y una parte supuestamente amenazada, que necesitaría, teóricamente, de una mayor visibilidad— sea propiedad (virtual o real) de unos pocos, y que esos pocos, en lugar de hacerla circular, se conviertan en sus rabiosos perros guardianes, limitando su acceso?

Suele argumentarse que los que proporcionaron esos testimonios y permitieron que esos registros se grabaran dieron su consentimiento para tales usos. Los que llevamos un tiempo trabajando en estos temas sabemos muy bien lo poco informados que suelen ser los "consentimientos informados", y lo mucho que puede esconderse tras la frase "esta grabación será utilizada con fines académicos".

Y los que llevamos igual de tiempo lidiando con la Academia también sabemos del interés de los tesistas y becarios por encontrar alguna cultura "rara" que les permita hacer un trabajo "interesante"; de las peleas por proyectos que puedan dar algún rédito (económico o del otro); de los muchos "recolectores" de oralidad y memoria que terminan convirtiéndose prácticamente en los "autores" de tal memoria (y creyendo tener derechos sobre ella) por el mero hecho de haber sido un eslabón más de la cadena y haberla recogido; y de cómo se perpetúa la jerarquía y el statu quo de la Academia, y sus valores exclusivistas y excluyentes...

Afortunadamente, las humanidades digitales están cambiando el panorama. Y llegará el día en el que todos esos registros, conservados bajo siete llaves para doctores y docentes universitarios en los almacenes de bibliotecas, museos y universidades, quedarán abierto para el uso de todos.

Pues eso es: un bien de todos.

 


Apuntes críticos

Hacer con lo que queda

Apunte crítico 18


 

Cuenta la historia que al violinista Itzhak Perlman, en uno de sus conciertos, se le partió una cuerda de su instrumento. Una rotura indisimulable. El director detuvo la orquesta que lo acompañaba y lo miró, esperando su decisión: seguir o parar. Perlman cerró los ojos un momento y luego le hizo un gesto para que continuara.

El concierto fue majestuoso. Sublime. El público aplaudió a rabiar al terminar. Tras los aplausos, Perlman dijo: "A veces la tarea del artista es encontrar cuánta música puede hacer con lo que le queda".

La anécdota —probablemente una leyenda urbana— es usada por muchos psicólogos actuales como parábola contra la envidia. Pero son muchos los bibliotecarios (especialmente en los países llamados "en desarrollo") para los cuales la frase no es una parábola sino una realidad cotidiana. Son muchos los que saben de esa tarea "artística" de descubrir cuánto se puede hacer con lo poco que uno tiene, con lo poco que le queda.

Cualquiera que haya visitado las bibliotecas escolares del sur de la provincia del Chaco o de las Sierras Grandes de la provincia de Córdoba, en Argentina (por no hablar de las del monte de Santiago del Estero, la puna de Salta o la estepa de Neuquén) sabe que esos maestros-bibliotecarios hacen verdaderos milagros con los pocos recursos que tienen a su disposición. Milagros cotidianos que requieren de mucho esfuerzo, mucho compromiso, mucho sacrificio... Un trabajo poco conocido y nada reconocido.

Un trabajo replicado por bibliotecas móviles y rurales y públicas y populares en toda América Latina. Una labor invisible, oculta a las grandes revistas y a los grandes congresos, as las cátedras y a las grandes bibliotecas, pero que componen la base sobre la que se asienta el sistema bibliotecario del continente.

Sería recomendable que esos bibliotecarios no se vieran forzados a trabajar en esas condiciones, luchando por hacer algo con nada. Sería aconsejable que las autoridades pertinentes se ocuparan de solventar esos problemas, y que las bibliotecas con más recursos mostraran su solidaridad.

Y, en todo caso, mientras esa ayuda llega —y cualquier que haya vivido en América Latina sabe de sobra que tardará mucho en llegar¬—, sería decente mostrar todo el respeto y toda la admiración para aquellos que hacen todo lo que hacen con lo muy poco que les queda.

 


 

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Textos: Edgardo Civallero.

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