Apuntes críticos

Las profesiones del futuro

Apunte crítico 10


 

Se me dice que las profesiones del futuro tienen que ver con la realidad virtual, el big data, el data mining y la robótica...

Sigo sin leer, entre muchas otras cosas, menciones a la agricultura o a cualquier otra forma de trabajo de la tierra para producir alimentos. Probablemente por esa "repugnancia" que ciertas sociedades modernas y urbanas sienten hacia todo lo que signifique "campesino", término asociado con "atraso", algo que ellas no quieren tener cerca.

Sigo, pues, sin leer menciones a la agricultura, la horticultura, la fruticultura, la producción de alimentos que puedan considerarse/llamarse "alimentos" (y no esas basuras vitaminadas y proteínicas inventadas por algún pobre diablo de Silicon Valley). Y no puedo evitar preguntarme qué van a comer las sociedades del futuro. Si es que, al paso que vamos, queda algo que aún podamos denominar "sociedad".

[A no ser, por supuesto, que esas "profesiones del futuro" estén destinadas solo para ciertos habitantes de este planeta: los que merecen trabajar en algo considerado "una profesión". Los demás seguirán en el mismo limbo en el que se encuentran hoy, cosiendo las ropas de "los elegidos", cosechando su comida, limpiando y reciclando su basura...]

Se me dice también que el futuro de los profesionales de la información (bibliotecarios, documentalistas, o como sea que se estén auto-denominando en estos tiempos que corren) consiste en formarse, formarse y formarse para no ser superados por un robot. Los que defienden eso son los que íntimamente piensan que, en el caso de que a la postre se cumpla la muy probable distopia y todos los trabajadores sean sustituidos por robots (más eficientes, menos falibles, más controlables), ellos conservarán sus puestos de trabajo.

Y luego me acuerdo de ese poema ya famoso (falsamente atribuido a Bertolt Brecht; en realidad, de Martin Niemöller) que termina así: "Ahora vienen por mi, pero ya es demasiado tarde".

Se me dice, pues, que el futuro es de las máquinas. Que ellas harán todo y que nosotros (¿todos nosotros? ¿las sociedades del mal llamado "tercer mundo" también?) podremos dedicarnos a lo que más nos gusta, despreocupándonos de todo lo demás. Y yo me pregunto qué tipo de vida "despreocupada" es esa que nos quieren vender, sustituidos por máquinas, interactuando con máquinas, y mirando la vida pasar a través de una pantalla, virtualmente.

Y cuando termino de perder el tiempo haciéndome todas estas preguntas, vuelvo al trabajo en la huerta. Los tomates no se van a cosechar solos (al menos, no por el momento).

 


Apuntes críticos

Cuestión de recursos

Apunte crítico 11


 

Cualquiera con dinero es capaz de diseñar, construir y llevar adelante una enorme biblioteca. Una con un diseño moderno, colecciones asombrosas, hiper-conexión, personal abundante y bien pagado, recursos tecnológicos...

El caso es que esa misma biblioteca, colocada en un país sin recursos, dejaría de funcionar. Automáticamente.

Entiendo que, en una sociedad con recursos, este tipo de bibliotecas (y, así como hablo de bibliotecas, podría estar refiriéndome a otras muchas instituciones) son útiles. Pero no creo que sean un modelo a exhibir, o que puedan proponerse como ejemplo, como "buena práctica".

Sencillamente porque son proyectos alimentados con dinero. Y el dinero solo puede usarse como combustible para este tipo de instituciones en un puñado de países del mundo. El resto no tiene tanta suerte.

Y, sin embargo, los congresos internacionales están plagados de este exhibicionismo, casi procaz. A veces parece que quisieran dar envidia, mostrándose como se muestran. O que estuvieran en una especie de competencia, una carrera insensata de gastos e inversiones.

Ocurre que, honestamente, lograr algo por el mero hecho de contar con los recursos necesarios para hacerlo no es motivo de orgullo. "Con buena tierra, agua y yunta, cualquier tonto es agricultor" reza el viejo (y certero) refrán castellano.

Permítanme una sugerencia. ¿Qué tal si diseñamos y elaboramos modelos de biblioteca (y de otras instituciones) cuyo éxito no dependa estrictamente (recalco el "estrictamente") de los presupuestos, de manera que sus principios puedan exportarse? ¿Qué tal si nos dedicamos a poner como ejemplo y como referencia únicamente aquellos modelos que sean realmente replicables, sostenibles en el tiempo, factibles...? ¿Qué tal si alentamos a nuestros estudiantes y a nuestros investigadores a trabajar en la construcción de tales modelos, con el desafío de hacer "más con menos"?

¿Y qué tal si, por una vez, dejamos de alimentarles el ego con nuestra admiración y nuestro aplauso a esa manada de pobres diablos con dinero que siguen dando vueltas por el mundo mostrando "su hermosa biblioteca"? ¿No les parece una buena idea?

 


 

Apuntes críticos

Motivos

Apunte crítico 12


 

Sabemos (más o menos) el "qué": qué hacemos los bibliotecarios. Aunque a veces lo que hacemos nos venga dictado por algún funcionario, o por alguna política superior.

Sabemos (bastante bien) el "cómo": cómo hacemos lo que sea que hagamos. Son esas técnicas, métodos y herramientas que hoy por hoy ocupan el 90% de las currículas de bibliotecología de medio mundo.

Suponemos el "quién". Y digo "suponemos" porque generalmente no tenemos demasiado tiempo para conocer como deberíamos a ese "quién" para/con el que trabajamos. O no nos preocupa conocerlo.

Pero tenemos poco claro (o ignoramos completamente) el "por qué" y el "para qué". Y no, no es lo que dice la política institucional, el manual de moda, cierto manifiesto de la IFLA, ciertas directrices de ALA o el "gurú iluminado" de turno.

No siempre tenemos claro por qué y para qué trabajamos. No siempre conocemos nuestras razones, nuestros motivos, nuestros objetivos finales: esos que nos deberían "mover", empujar a la acción, enamorarnos de nuestra profesión, hacer que nos levantemos cada mañana con una nueva idea. Esos que nos deberían hacer llorar y reír. Esos sin los cuales nos sentimos un poco vacíos, vacíos que intentamos llenar (generalmente sin éxito) en este congreso, en aquel seminario de actualización, leyendo esta revista, o aprendiendo aquella nueva tecnología.

Hay mucho que discutir, mucho que debatir. Mucho que descubrir, que aprender y desaprender. Mucho que corregir, y otro tanto que proponer. Y mucho que pensar. Porque, como escribió el uruguayo Eduardo Galeano en "Los hijos de los días" (2012), "libres son quienes piensan, no quienes obedecen".

¿A qué estamos esperando?

 


 

Acerca de las entradas

Textos: Edgardo Civallero.

Foto 01: Pinterest (enlace) | Foto 02: Amunasharenu (enlace) | Foto 03: The Perfect System (enlace).